martes, 18 de noviembre de 2014

El cerebro de Andrew (E.L. Doctorow)

El cerebro de Andrew (E.L. Doctorow)
Roca editorial
176 páginas

Me fascina el cerebro, a todos los niveles, desde sus núcleos, hasta sus derrames hormonales, laminado en portaobjetos, aberturas en la duramadre, aquí está el lenguaje, aún no se ha descubierto qué controla qué, por causa de ello tiene delirios alucinatorios, se ha descubierto que la estimulación perinatal favorece las conexiones sinápticas en un tanto por ciento que… una máquina fascinante, un motor del que no tenemos todo el dominio informativo, ni consciente, enigma tras enigma, ad finitum. Por eso decidí leer El cerebro de Andrew. Abrir en canal mis meninges y dejarme narrar.

Andrew parece divagar entre distintas imágenes sobre humano y divino, en el caso de que existiera (él se rige por las teorías de lo refutable) y empieza por lo más cercano, ex, hija y fallecida esposa. Se presenta en la puerta de Martha (ex) con el bebé en brazos pidiendo ayuda, no puede con la situación, no sabe cómo hacerse cargo y Briony, madre de la criatura, partió sin retorno del mundo de los vivos. El actual marido corpulento de Martha arrincona a Andrew con la palabra Simulador, así como le señala como responsable de algunas desgracias. 
Martha era ser, Briony devenir
Facilita la tarea el minimalismo en la narración y lo embrolla una retahíla de pensamientos que rozan la anécdota delirante, voces insonoras, existencialistas, pragmáticos, Mark Twain y alguna canción americana de antaño. Captamos la historia, una de amor, bonita, y desmantelamos la culpa para hablar de conciencia y de alma como dos entes donde la filosofía se hace novela pero gobierna el científico cognitivo. Una personalidad voluble abocada al escepticismo y dirigida a la pregunta de si esto tiene algo que ver con el alma. 

¿Cómo puedo pensar sobre mi cerebro cuando es mi cerebro el que está pensando?

En definitiva escarbamos en las profundidades del ser que dicho así suena a rollazo del bueno. Pese a la dosis de agua oxigenada que parece destilar la historia, también hay sentimientos retrepados en las circunvoluciones de lo que venimos conociendo como: buscar responsables.

En realidad el protagonista de esta novela ya lo dice el título es el cerebro de Andrew que busca darse una explicación desde los cimientos y para ello recorre lugares y recuerdos que hacen al lector cuestionarse la verosimilitud de tales espacios. No hay modo de conocer los hechos objetivamente porque el cerebro, como ya decía, siempre es un enigma. 

Esta voz cerebral se diserta e interrumpe por un supuesto interlocutor, analista, psicólogo, psiquiatra ¿o él mismo? Doctorow ofrece el margen de esta primera duda para después ir apisonando con todo el equipo y proyectar otro tanto de cuestiones. Con un ocurrente final donde hasta la política encuentra cabida y un párrafo que se queda grabado a fuego en mi cabeza. Novela que no acaba cuando cierras el libro. No se me ocurre mejor razón para leerla que esta.

Y por lo tanto no tenéis nada a qué agarraros, nada a lo que adherir el pensamiento, ninguna imagen, ningún sonido, ningún olor, ninguna sensación física de ninguna índole. No estáis en un lugar, sois el lugar. No estáis aquí, estáis en todas partes. No estáis en relación con nada más. No hay nada más. No hay nada en lo que podáis pensar salvo en vosotros mismo pensando. Estáis en la profundidad abisal de vuestra propia alma.  
La felicidad consiste en vivir en la cotidianidad de la vida y no saber lo feliz que uno es. 

viernes, 14 de noviembre de 2014

Las esposas de los álamos (TaraShea Nesbit)

Las esposas de los álamos (TaraShea Nesbit)
Colección: el cuarto de las maravillas
Editorial Turner 
296 páginas

Nada como información sospechosa para olvidar el raciocinio, lo siguiente es la psicosis del peligro, tan despiadada que puede obnubilar hasta las mentes más brillantes. Así fue el caso, los científicos nucleares Leó Szilárd, Edward Teller y Eugene Wigner persuaden a Albert Einstein para que advierta al presidente Roosevelt ¿la sospecha? que los alemanes estaban trabajando con fisión nuclear. Chispa que prende y a la carrera (atómica). Inicio del proyecto pero no de esta novela que abre como sigue: 
En el mar Negro, el Mediterráneo, el Pacífico, el Ártico, el Atlántico; en alcantarillas, en trincheras, en alta mar, en el cielo, se libraba una guerra. A veces daba la impresión de que la guerra quedaba lejos, de que casi ni la había, pero entonces una madre o una esposa colocaba una estrella dorada en la ventana del salón (su hermano, su marido, su hijo, nuestro vecino) y la guerra se convertía en algo personal. 
TarShea Nesbit nace en Dayton, Ohio, una de las sedes menos conocida del proyecto Manhattan (cuya finalidad era el desarrollo de la bomba atómica). Interesada por la temática observa que entre los nombres científicos de la misión también aparecen mujeres. Su versión de los hechos o la posición ideológica que adoptan le sorprende y bajo esa clave femenina descubre, por ejemplo, que la esposa de Enrico Fermi (creador de la primera pila atómica en la Universidad de Chicago) le detestaba. El germen de su novela estuvo ahí. Un nuevo chispazo.

Entre la documentación llega a entrevistarse con algunas esposas a las que dará voz pero con el handicap de que los errores, secretos o juicios morales pesan, de modo que la historia  y la ficción las hace prosa para contarnos.  

“Nuestros padres dieron puñetazos en la mesa y gritaron ¿Os creéis que somos espías nazis? ¡Contádnoslo! Nuestras madres añadieron Tened cuidado, o Escribidme en cuanto podáis. Y a nuestros hijos les entró miedo y exclamaron ¡Decídselo!, pero no se lo contamos, ni a ellos ni a nuestros hijos. Después, cuando nuestros padres se tranquilizaron, cuando nos dijeron, mientras nos acariciaban el brazo, Soy tu padre, me lo puedes contar todo, no les contamos adónde íbamos, porque todavía no lo sabíamos.”

1943, 1944 y 1945 son los años que dividen esta novela y una primera persona del plural: nosotras el narrador escogido. Nesbit decide que esta es la fórmula y construye la novela por medio de breves capítulos con la línea del tiempo dictando el hilo. Las familias abandonan sus hogares para irse a unos campamentos. 

Y ellas fueron porque era su deber de buenas esposas pero claro, surgen dudas de tipo práctico: el colegio de los niños, la ropa que llevar, etc. luego otras, como las condiciones en las que viven, las pérdidas que les aquejan. No saben el motivo del desplazamiento pero se aferran a que será  temporal y mientras tanto, competiciones porque no es de justicia que una tenga más que otra cuando todas necesitan, también resignación e incluso, algunas llegan al descaro haciendo cosas que, en fin, no eran las esperadas para unas señoras como aquellas. 

Son tres años donde la etapa vital avanza con niños que vienen, hermanos que van, madres a las que echan en falta. También de mujeres que las ayudan aunque no sean como ellas. Un conglomerado de insignificancias y crisis domésticas aderezados con la duda que las mantienen alerta. El secretismo, es lo principal, no saben qué pasa (ni qué hacen sus maridos) y la observación lo única baza a su favor. Ellas miran. 

No presenta un personaje de referencia al que vislumbrar. Contemplamos los espacios, nos figuramos los corrillos de mujeres y sentimos a la par. Nesbit tiene habilidad para usar el lenguaje y recrear sensaciones con un matiz poético. No tener un personaje no es obstáculo para percibir una evolución, la de estas mujeres, cómo eran al llegar, cómo son cuando todo acaba. 

Hablamos como grupo, sentimos como comunidad y miramos al otro de igual forma. Están ellos (los maridos) y nosotras, ellas (las científicas) y nosotras, otras ellas (las de ayuda doméstica) y nosotras pero entre nosotras, también surgen fricciones y así es. 

Creo firmemente que el inconsciente/consciente colectivo es base explicativa de nuestra historia. Trasladar esto a una novela me ha maravillado, ahora bien, el uso continuo del narrador nosotras al inicio cala pero el tono durante tantas páginas termina igualando, haciendo que pese e incluso suene a redundancia. 

En contraposición, la carga dramática del lanzamiento de las bombas consigue retomar el pulso para cerrar esta historia rumiando. Con esa advertencia concluyo que por su originalidad, como retrato social y hecho histórico me parece una lectura a tener en cuenta.
Y cuando acababa nuestro turno Clara venía y nos preguntaba qué habíamos hecho durante todo el día, y nosotras nos encogíamos de hombros, conscientes de que detestábamos que nuestros maridos se encogieran de hombros, de que estábamos haciendo precisamente lo que más nos irritaba, pero Susie era educada, sabía que no podíamos contarlo y no nos preguntaba. Por la noche estábamos agotadas y les decíamos nuestros maridos Lo que yo necesito es una buena esposa.  
TaraShea Nesbit (Las esposas de los álamos)

martes, 11 de noviembre de 2014

A sangre fría (Truman Capote)

A sangre fría (Truman Capote)
Editorial Anagrama (compactos)
440 Páginas

A sangre fría es como uno debe acercarse a esta novela, sabedores del final o del principio. Un asesinato múltiple perpetrado en el pueblecito de Holcomb (Kansas). Una localidad tranquila en la que nunca parece suceder nada, aferrados a la seguridad donde nos  gusta vivir en el mundo, esa cúpula indestructible donde las cosas le suceden a otros. Las noticias de sucesos asaltan, lejanas, muy lejanas. Así Capote encontró su historia, leyendo el periódico.

En noviembre de 1959 dos hombres irrumpen en el hogar de la familia Clutter, la incursión termina con el homicidio de quienes allí había (Hurbert, Bonnie, Nancy y Kenyon) el matrimonio y dos de sus hijos. La lectura nos presenta el día en cuestión y la huida por carretera de Perry Smith y Dick Hickocock, así como su detención y condena. No hay misterio pero gobierna el suspense. 

Truman Capote se consideró creador de la novela periodística o no ficción, mezcla de realidad con la sutil inventiva. Una investigación de una vitalidad meticulosa. Casi diría que el lector protagoniza un papel en este libro, ser testigo, tomar la mano omnisciente que comanda. 

A fin de cuentas Truman Capote no conoció a los Clutter pero les hace gesticular, expresarse y mostrar la pasta de la que estaban hechos y más allá, percibir la ausencia que en su comunidad establecieron. De igual modo refleja la vida de los malos del libro, asesinos confesos y condenables por toda ley. Incluye en el proceso la sombra de la duda el qué hacer con ellos. La vida difícil que no justifica pero explica. ¿Quienes eran? ¿qué les llevó a? y ¿qué se merecen a cambio?. 

Matar es muy fácil, mucho más fácil que pasar un cheque falso. Recuerda una cosa: yo conocí a los Clutter durante una hora quizá. Si de veras los hubiera conocido, imagino que mis sentimientos serían diferentes. que me sentiría asqueado de mi mismo. Pero tal y como fue la cosa, era como disparar en un tiro al blanco de feria. 

Una familia encantadora, querida y admirable pero acomodada; en la contra, gente desfavorecida que crece en ambientes hostiles, buscando su lugar en el mundo por los vericuetos de la delincuencia. El debate se sirve, la prisión establece, las condiciones y el destino final de los acusados se suspende en la conciencia del lector. A sangre fría no es un titulo al azar, el concepto de victima debería ser un asunto para rumiar tras la lectura.Como historia paralela no puedo irme sin aludir el cómo vivió la investigación el autor, un aspecto que le da otra dimensión a la lectura. El resguardo de la ficción nos abandona por un escalofrío de realidad. Así son las cosas, así se las contó Capote. 

Yo creo en la horca. Mientras no sea a mi a quien cuelguen. 
Truman Capote (A sangre fría) 

domingo, 9 de noviembre de 2014

Me gusta Bunker, algunas penalidades y reconcomillas

Edward Bunker fue escritor, guionista y actor ocasional, previa vida criminal de lo más ajetreada. Sus expedientes recogen fechorías relacionadas con atracos, tráfico de drogas y extorsión. En su periplo por distintas prisiones americanas fue donde se produjo el encuentro con la lectura. Siguiendo la creencia popular un lector voraz nutre la estadística del futuro escritor y así fue su caso. Testigo de excepción, la delincuencia y los bajos fondos son caldo de cultivo y motor principal de sus historias. 

Puntualizando, solo he podido disfrutar de Little boy blue y Huida del corredor de la muerte. El primero es una novela, la más autobiográfica de todas, en ella seguimos la vida de Alex Hammond, un niño de apenas once años del que sus padres no pueden hacerse cargo y termina en el entramado del sistema de protección del estado. La pregunta omnipresente es si logrará salir del atolladero cuando parece fallar una y otra vez. Cerrando la lectura el sabor es amargo, la sensación solitaria y la rabia contenida.

Por otro lado, como digo, también he leído un conjunto de relatos bajo el título de Huida del corredor la muerte, en esta ocasión son un total de seis. No todos al mismo nivel en mi opinión. El estilo del autor es violento, certero y sobrio. Acusa más a la justicia en este caso, proyecta la discriminación racial y sube el nivel de crudeza. Al igual que la obra antes mencionada me resultó inevitable cerrar el libro sin cierta amargura.

Los personajes de Bunker parecen envueltos en una conspiración inexorable, abocados a tomar decisiones que quizás no eran las que deseaban. De entrada parecen tipos normales y en algún punto de la historia las penalidades aumentan y la certeza de que no hay salida se hace patente. Resulta desalentador.

Te despides y empiezas a pensar en el tipo de historias, ves cualquier informativo y te sorprendes intentando darle un giro a eso que te cuentan. En definitiva, justificas, razonas, buscas responsables y te dices condescendiente: el mundo no puede ser malvado.

Determinados hacía la insensibilidad, si padecemos por todas las calamidades que nos rodean deberíamos despedirnos del concepto de felicidad. Mal que pese, estamos obligados a ser un poco ombligos del universo, portadores del bien. De acuerdo con esta premisa o no (se aceptan divergentes) caes en la cuenta de que ese libro que tienes en tus manos tiene poco de exclusividad.

Quizás a no sé cuántos kilómetros algún preso lea a Bunker y lo analice como tú e incluso piense: joder, ni un poco de esperanza, o como diría una amiga, puede que la vicepresidenta del gobierno de un remoto lugar (por no poner la española, esto es un suponer, mejor algo exótico) lea el mismo libro que tú, le produzca las mismas impresiones y se tire a por el helado de chocolate con galletas para restablecer el equilibro perdido. ¿Es posible que tenga algo en común con Soraya?
Puestos así, hablamos de un ex convicto rehabilitado que tuvo la oportunidad de asistir, leer y escribir, cambiar su vida. Alguien con quien uno, de entrada, no se imagina tomando un café. No pretendo discriminar, es un botón mental instalado a cuenta del no hables con extraños o no cojas caramelos del abuelo con sonrisa permanente anclado en la esquina del colegio. Estereotipos, prejuicios o postjucios. ¿Quién sabe? Lo cierto es que a mi me gusta Bunker, pese a la distancia vital que nos separa, a la visión agridulce que ofrece y a que en el congelador se hallan agotado las existencias de helado de la temporada.

martes, 4 de noviembre de 2014

Ávidas pretensiones (Fernando Aramburu)

Ávidas pretensiones (Fernando Aramburu)
Editorial Seix Barral 
411 páginas

Al llegar a la página veintitrés me encontraba en la sala de espera de un hospital, de tal forma que el discurso inaugural de Lope -organizador de las Jornadas Poéticas que ocupan el argumento central de esta novela- me produjo tal gracia que obligada estuve a cerrar libro a la espera de mejor ubicación. 

Moraleja: La comedia en casa. 

"Ruego a todos los presentes, por este orden, silencio, contención y más silencio, pero sobre todo calma. ¿Recordáis que el primer año las Jornadas empezaron con un ligero retraso? si mi memoria no falla, catorce minutos tarde. No quiero exagerar: trece. La última, media hora, nos perdimos el café matinal, reconfortante. Hoy nos hemos superado en punto a impuntualidad. Tal vez el año que viene lleguemos para la cena y otros un día después."

El humor de Aramburu pivota en dos ejes. El retrato de una casta esperpéntica de personajes. Poetas cuyo ego les impide ver el bosque pero no hacer la zancadilla al lírico más cercano. Son veintinueve en total con deserción incluida que mengua  filas y nos eleva el corazón en el horizonte, tras la estela polvorienta de Morilla del Pinar. El enclave es el Convento de las Espinosas donde las hermanas con hábito darán cabida a este variopinto clan. La mayor dificultad estriba en ir almacenando nombres para saber quién es quién, superada la barrera termina perfilando algunos menos y el lector conociendo a cada cual.

Entre los personajes encontramos seres de todo tipo pero sobre todo motivaciones de entrepierna y delirios de grandeza. No aventuro si el conjunto de los poetas posee tales hechuras, sin embargo, no me parecen en absoluto marcianos. Diferentes historias y despejando el grueso del verso: sexo, escatología, enredo y conspiraciones. Redimidos ellos en momentos de cierta intensidad, afectos insatisfechos y momentos dramáticos. Tan solo una destreza elevada permite la cohabitación de elementos manteniendo la barbilla alta. Aramburu lo consigue.

Gamberro en sus anécdotas y también algo resabaido,  es un oriundo español de la risa. Comentaba a una amiga: Una vulgaridad detrás de otra, te gustará, sentencié. Silencio en la línea. Pregunta no formulada y mi justificación: chica, soy vulgar, a continuación muchas risas. Lo cierto es que resulta grosero en algún punto pero me he divertido muchísimo. La trama pierde peso para dejarse arrastrar por la torrentera de su sensacional narración y el mayor aliciente para su lectura. 

Un dominio del lenguaje absoluto, brillante, variaciones terminológicas, cultismos y todo tipo de retóricas, no sobran, ni presentan carencia alguna, es un estilo digno de admiración. Chabacano y exquisito se amanceban en la genialidad jugando con las formas y recurriendo a los patrones más clásicos, empezando por el hecho de dividir en Planteamiento, Nudo y Desenlace. Algunos apuntan que retoma la picaresca y el celebérrimo Lazarillo con esta obra, ni asiento, ni disiento, solo informo. 

Moraleja: Aramburu gana admiradora.

Va un poco de información antes de emprender tareas. Aunque seamos poetas venimos a trabajar [...] Seríamos muchedumbre si dejáramos venir a todo el que lo pretende, pues ha corrido la voz que estamos de vacaciones bebiendo y comiendo gratis, lo cual no es del todo cierto si bien en parte es verdad. [...] Distingo un poeta auténtico a cien metros de distancia con solo verle los ojos, los andares y la ropa, y se me acaban las dudas si además se pone a hablar.  
Fernando Aramburu (Ávidas pretensiones)

viernes, 31 de octubre de 2014

Resumen de octubre




Prosigan los años, caigan los que caigan siempre me quedará octubre 2014 y un Por fin cumplido.

Sueños... he venido a hablar de mis libros...

Esta vez un orden cronológico de la lectura (¿qué haría sin ti, goodreads?):

LIBROS SALVADOS

Formas de volver a casa de Alejandro Zambra retrotrae a sus infantiles días cuando un terremoto sacude la ciudad donde vive en Chile y con ello nos traduce su mirada, después la de sus padres y la del autor adulto. Una alianza ambigua de autobiografía-ficción y sutilidad para hablar de dictadura sin mentarla. Lo cierto es que empatizo con Zambra. Hará unos meses leí Bonsaï, no son libros comunes, tampoco brillantes es conexión con sus formas. Por otra parte, a Zambra le encanta Perec, le pedían una lista de diez recomendaciones y las diez eran Perec, si a él le gusta , a mi también así pasé por un breve relato: El viaje de invierno. Tengo que leer a Perec. 

Y si hablamos de recomendaciones esto fueron deberes. Ávidas pretensiones de Fernando Aramburu, un pañuelo porque me da... risa. Qué estilo, qué frescos y qué poetas. Los humos bajados a todos ellos y no me extiendo porque habrá reseña, una comedia muy divertida. 

Lista de pendientes, pito, pito, gorgorito y Middlesex de Jeffrey Eugenides. ¡Lo rescaté!. Cal nos cuenta su historia y la de su familia, lo hará ocupando lugares y quemando etapas. Desde las primeras líneas sabemos que nace dos veces, su identidad sexual será el eje para sacar a relucir lo demás. Me extiendo en la distancia de la reseña. Me ha gustado mucho. 

LIBROS CON SESERA


Las manos en la masa, encefálica: El cerebro de Andrew de E.L. Doctorow un libro que tildan de experimental. Me ha costado encontrar el camino a la exposición pero lo he reseñado, así que no alargo, no se duerman. Fascinante. 

Hace cuarenta años
no lo sé, esta es una novela breve, muy breve de Maria Van Rysselbergue, anotada con pulcritud de un par de reseñas de las que me fío. La exquisitez se hace prosa y nos habla de un amor intenso, como pocos. Con eso ya hago un resumen argumental. Pausa. Dejo que las palabras me lleven... evocación, elegancia, delicadeza pero hay relaciones que me dejan fría o  a la defensiva, no pude comprender a este par y me dio rabia, libro y lectora miran al horizonte y no se encuentran en casa alguna.


Me voy a un sanatorio a recuperarme y doy con El hospital de la transfiguración de Stanislaw Lem. Pretendo no avanzar más de la cuenta, de esta novela me quedo con la palabra sorpresa, andaba buscando una cosa y encontré otra. Prefiero hacerle justicia dedicándole una reseña.

LIBROS CON PREGUNTAS
¿Y después?

Antojo, flechazo, lo vi, nos miramos y supe que tenías que venir conmigo. Las esposas de los álamos de Tarashea Nesbit. Editorial nueva y primera novela, lo mejor, una narrador original: nosotras. Hablan las mujeres como una colmena, esas que acompañaron a sus científicos maridos a campamentos ¿para qué? ideaban la bomba atómica, ellas no lo sabían pero fisgar, fisgaban. Con sinceridad, ponía Einstein en la sinopsis y yo aquí destapo un punto débil ¿aparece en la novela?  ni de refilón, dicen que anduvo por ahí... lo cierto es que el estilo, la suma informativa y eso tres años del proyecto Mahattan para mi adquieren otra dimensión. Merece una reseña.

¿La melodía que escuchas por primera vez pero que conoces de antes?
¿déjà vu?

Así suena Canciones a quemarropa de Nickolas Butler. Perfil de los treinta, generacional, reconozco que me veo expuesta en puntos de esta novela y amigos, perdón, AMIGOS. Ese canto. Ya sé, ya, no es nuevo, no cuenta nada que no sepa pero me gustan el bucle de mi tema preferido. Playa, cumpleaños, despedida, fiestón y rupturas... da igual, mi canción suena bien y así me gusta que sea, siga rayando (y escribe reseñas Marilú de mi vida).

¿Por último? 

¡¡¡NO menos importante!!! La muerte del padre  de Karl Ove Knausgård ya lo dice todo, una lucha por novelas que empieza por esta y termina a saber cuando. Asumo un trance del que quiero más. Daré más señas cuando encuentre el reposo a la lectura, este ha sido mi último acompañante. Causas de fuerza mayor me han obligado a extender sus lecturas más de lo esperado y pese a ello, siempre apetecía volver y deseo que pase el siguiente. 


Algunos libros están sin terminar....

CALABAZA con CAMBIOS



¡2014! no siendo el mejor, entre mis propósitos estaba conocer blogosfera y hubo encuentro. Meg, Marina, Margaramon, Marisa G. y Fesaro (ya sé, no es M pero nos gusta el abecedario entero) Lugar: Sevilla. ¿Crónicas? alguna expuesta ¿lo del tren? :) Terminará saliendo. A las fotos me remito de un soleado Facebook.

Confieso enfado con el presente -bobo, pésimo, engañoso, maleducado y no usaré improperios- año de mi vida. Dispuesta a quemar el calendario en curso ¡arriba esas manos! llegó Octubre. ¿Qué detuvo el abrasador acto? Sencillo, todas las cosas buenas no acontecen en noviembre.

En calidad de ser humano, por el recién bautizado veroño/temporada2014 debo reconocer y por la presente reconozco que Me asomo a la ventana, eres la chica de ayer.  Octubre tenía un as en la última quincena y al revés me puso. 

Por lo tanto, si midiera mi estado energético/nervioso/activo por lecturas ratificaría como sigue: He pasado los últimos doce días con una sola novelaacto inaudito en esta lectora y a lo hecho, pecho. No tenía tiempo ni para descalzarme, experimentando muchos cambios, adaptación, me ausento, sarna con gusto no pica y si lo hace, te rascas. Pretendo volver al redil, en breve y a ser posible.

Entre tú y yo siempre hubo feeling. 


NOVIEMBRE: 

SUEÑO

Pasad un terrorífico día :)

miércoles, 29 de octubre de 2014

Reto Escritoras Únicas: Sigrid Undset

En la actualidad hablar de conciliación familiar está a la orden del día pero a Sigrid Undset le pilló de primeras y esto es un tema que siempre me da que pensar, por otro lado, según vamos ahondando en su biografía e independientemente de sus convicciones, me parece una persona de un valor y fortaleza admirable. Veamos:

Sigrid Undset nace en Dinamarca (Kalunborg) el 20 de mayo de 1882 pero a los dos años su familia se traslada a Noruega. Un hecho determinante en su vida fue la muerte de su padre en 1989, un reputado arqueólogo, por esta causa abandonó los estudios y no pudo acceder a la universidad. Por el contrario hizo un curso de secretariado y en cuanto tuvo edad legal colaboró económicamente en casa trabajando como secretaria en una empresa de ingeniería. Hablamos de alrededor de  los dieciséis años, a una edad como esta, en un tiempo como aquel se puede entender como representante del tipo de mujeres emancipadas (en aquel momento) por percibir un salario. Este empleo lo mantuvo hasta 1905.


A partir de este año comienza a volcarse más en esa labor literaria pero también a interesarse por el mundo de la pintura y con este propósito viajó a Roma, ciudad donde conocería a Anders Castus Savartad, un pintor, no podía ser de otra forma. Este señor tenía dos hijos y como cabe esperar terminaron casándose en 1912. Las mieles dejaron de ser tan dulces con su primer embarazo, por el que se sintió obligada a renunciar a seguir pintando. Dependía de su marido y su condición de esposa implicaba ciertas renuncias personales y profesionales. Para colmo de desdichas en 1919 su marido la abandona embarazada de su tercer hijo y dejándola con los dos anteriores (hijos de otra mujer) total, cinco. 

En lugar de amilanarse se traslada a una finca campestre en Lillenhammer (de vuelta a Noruega) y se dedica a sus labores durante el día y por la noche y fines de semana ¡a escribir!. 

Afectada por la situación de la mujer moderna comenzó a participar en movimientos de debate político sobre la mujer. En 1924 (con 43 años) se convierte al catolicismo, lo cual le supuso fuertes críticas en su país (protestante y antipapista). Fue en esta época donde mayor fue su producción literaria, al igual que su implicación con el derecho de la mujer y la libertad religiosa. Tres años después (con 46) recibe el Premio Nobel de Literatura (1928), sobre todo por la fuerza moral de sus obras históricas. Poco después presidiría la Sociedad Noruega de autores. 

En 1940, con la muerte de dos de sus hijos y con la segunda guerra mundial de fondo se marcha a Nueva York, implicándose activamente en contra del nazismo. No será hasta el cese del conflicto bélico que regrese a Noruega, cuatro años después fallece en Lillenhamer el 10 de junio de 1949, tenía 67 años. 

A grandes rasgos debo decir que su primera novela data de 1907 (La señora Marta Oulie) donde se introducía en el espinoso tema de la infidelidad femenina. Las siguientes se centraron en la mujer trabajadora (Jenny; Las mujeres sabias), sin embargo se consideran su obra cumbre una trilogía histórica ambientada en la Edad Media, donde nos cuenta la vida de Kristin Lavransdatter (La corona, 1920; La señora, 1921 y La cruz, 1922).  Después de convertirse al cristianismo escribe El señor de Hestviken. Las últimas obras que publicó fueron Ida Elisabeth (1932); La esposa fiel (1936); Madame Dorothea (1939), Los años más largos -una autobiografía- (1934) y una biografía de Catalina de Siena, publicada póstumamente. 


La paciencia es una virtud calumniada, quizá porque es la más difícil de poner en práctica (Sigrid Undset)
Escritoras Únicas mes de octubre:
Cazando estrellas: Gertrude Stein
Lo que leo, lo cuento: Djuna Barnes