lunes, 15 de diciembre de 2014

Middlesex (Jeffrey Eugenides)

Middlesex (Jeffrey Eugenides)
Anagrama. Colección compactos
680 páginas

Middlesex me ha gustado mucho. Para empezar cuenta las cosas desde el principio, cualquiera ha especulado alguna vez sobre de dónde viene, no en su vertiente más metafísica (que también) sino en la más genealógica. Si mi familia fuese un tronco, uno de sus gajos iría hacía una rama muy densa y el otro tendría bastantes más claros, como una Mendel con sus guisantes andaría formando filas de pelotitas verdes pero en este juego me perdería. Mirándome en el espejo, algo desalentada le preguntaría que a dónde quiero llegar, con toda probabilidad contestaría que el final lo tengo delante. Por eso me encanta Middlsex, esta historia se resume en Cal. 

"Si a veces me pongo homérico, lo siento. También es algo genético"

Cal Stephanides tiene que nacer y lo hace dos veces, en el primer capítulo nos aclara su llegada al mundo como una niña (Calliope) y su transformación en un chico (Cal). Hasta ahí era lo que esperaba encontrar en la novela y fue después cuando me sorprendió por su trayectoria. 

Se trata de la historia de Cal pero también de su abuelos, padres y de la actualidad con sus cuarenta y un años. Esto nos permite varias cosas: conocer aspectos históricos de los conflictos de Grecia Turquía, acompañar en un proceso migratorio hacía América, cabecear para salir adelante mientras se producen unas cuántas revueltas en el Medio Oeste americano y bucear entre parentescos y genes recesivos. 

Diría que Cal intenta explicar(se) pero también redimir decisiones, atenuar el impacto y darse la libertad de seguir viviendo y seamos románticos, pongamos que se encuentra a una chica con bicicleta y mientras cenan y se van de fin de semana cada vez tiene más certeza de que debe expresar quien es

Todos los personajes viven a través de la narración de Cal para situarnos no solo en su idiosincrasia, sino también en sus motivaciones, silencios, costumbres y cultura. Quizás por ese contexto algo convulso se puede enmarcar el origen y las consecuencias que generación tras generación terminan por tocar a nuestro protagonista. 

El estilo de Eugenides es ágil aunque a veces se exceda en meticuloso, leemos sin grandes detenciones. La omnisciencia en la narración debemos tomarla como muy literaria (no recuerdo el orden de mi primera inhalación de oxígeno, si primero hubo un cachete y luego me arroparon o viceversa) pero de eso también se ríe el autor porque otra característica es introducir cuñas de comedia. 

"Todo drama griego necesita un deux ex machina" 

Podemos concluir que Middlesex tiene como base fundamental la identidad, no solo sexual, sino social, cultural e incluso transnacional. La revisión de este proceso en manos de Eugenides adquiere un tinte épico, incluso mitológico y enraizado en los orígenes y al igual que los genes mutan, las costumbres se alteran. Con dualidades entre lugares (Turquía-Grecia, Grecia-América), conflictos raciales (blanco-negro) para finalmente llegar a la cuestión del sexo ¿hombre o mujer?. 

Es la última parte la más rica en emociones, la adolescencia, donde nos sentimos más próximos al narrador y a su situación, el primer amor/deseo o ese nombre tan ilustrativo que decide emplear hacía una pelirroja nos refleja el bullir hormonal pero también precipita el saber de sí.  

Pese a los paralelismos que se hacen con lecturas más sesudas no puedo evitar pensar en el patito feo porque hasta no darse cuenta de su procedencia Cal no puede echar a volar, algo tan simple pero tan complejo. 

Y este párrafo:

Me gustaría tener a mi disposición emociones híbridas, complejas, construcciones germánicas encadenadas, como "la felicidad presente en la desgracia". O esta otra: "la decepción de acostarse con las propias fantasías". Me gustaría mostrar la relación entre "el presentimiento de la muerte suscitado por los ancianos de la familia" y "el odio por los espejos que se inicia en la madurez" [...] Nunca he encontrado palabras adecuadas para describir mi propia vida, y ahora que ya he entrado en mi historia es cuando más las necesito. Ya no me puedo quedar sentado a ver lo que pasa.
Jeffrey Eugenides (Middlesex)

miércoles, 10 de diciembre de 2014

El legado (Kirsty Wark)

El legado (Kirsty Wark)
Editorial Alevosía
360 páginas

El legado como título es poco sorprendente. Solo de memoria recuerdo al menos tres novelas con igual encabezamiento. Decir que es una historia a dos tiempos no descubre la pólvora. Tampoco puedo hacer alusión a una portada muy sugerente, acepto mi téfilia confesa o mi gusto por emborronar hojas pero no es motivo. En resumidas cuentas no ambicionaba leer esta novela pero hubo factores que me llevaron a ella, una ambientación (pueblecito de Escocia) al parecer muy bien retratado y un sello, Alevosía, con el que he tenido buenas experiencias. Sin pedir más, ni menos posé mis dedos en esta taza. 

Empezar hablando de motivos no obedece al azar sino a la historia misma. La pregunta es ¿qué empuja a Elizabeth Pringle a dejar su casa a Anna Morrison?. El lector abre una carta en la que se conectan estas dos señoras. Elizabeth comunica su expreso deseo motivado por el interés de compra de Anna hace treinta años. Lo sorprendente es que no tuvieran trato más allá de ese antiguo interés. Elizabeth la veía pasar por su ventana empujando el cochecito de su hijas, si eso es un motivo que venga alguien y me lo explique. Ahí vamos. 

Lo lógico sería que se comunicaran ambas pero si fuese tan fácil no habría novela, Elizabeth ha fallecido y es su abogado quien la representa. Para Anna los años tampoco han pasado en balde y se encuentra en un proceso de demencia. Será otra mujer la que tome la carta del asunto, en este caso Martha, la hija mayor de Anna

Elizabeth y Martha son las dos protagonistas. Un diario permite a la autora desplegar la parte más emocional, deambulando por felicidades y miserias que toda vida contiene, la de Elizabeth. En cuanto a Martha es retratada en tercera persona, se amplia la visión al lector y muestra el enclave actual, la hermosa casa y los secundarios. 

La prosa de Kirsty Wark es serena y descriptiva, no en exceso pero sí en detalles. Muy vinculada a la isla escocesa de Arran se permite el lujo de hacernos viajar. También debe tener cierta predilección por la jardinería ya que inserta flora por doquier. El ritmo en el diario es pausado y recreativo, juega a que en el punto álgido, como no podía ser de otra, nos deje para alternar, esto sobre todo en el último tramo es tortura china. 

Respecto a los personajes, mi predilección está reservada por Elizabeth en su parte recitan a Frost, van al cine, viven y sueñan pero también hubo una guerra. En cuanto a Martha no termino de encajar, me parece artificiosa y predecible, demasiado encorsetada. En su lado de la balanza los secundarios son algo típicos (hermana pequeña e insoportable, candidato a novio -ideal-, el oportuno, otros tantos que se queden flotando en la atmósfera). Esta sensación respecto a esa línea temporal empieza a producirse a mitad de libro y es mi pega principal. 

El legado es una historia bien construida y aunque no pierde la intriga, en mi opinión una de su líneas temporales resulta demasiado familiar. Pero ¡alto! no os vayáis con mal sabor de boca, mi Elizabeth resuelve muy bien y sorprende, cosa que la historia agradece y deja a Martha&Co. boquiabiertos ¡toma ya!. Este punto de giro es, en mi opinión, lo mejor del libro. Por supuesto, se trata de una novela entretenida con cierta dosis familiar, emociones y lugares para la lista de futuros destinos. Buen viaje. 
"De modo que mi escrito será, como dice Saul, una manera de allanar el camino que se abre ante mí, y será más que suficiente con eso" El legado (Kirsty Wark)

lunes, 8 de diciembre de 2014

Mi vida (Isadora Duncan)

Mi vida (Isadora Duncan)
Editorial Salvat
Colección grandes mujeres
373 páginas

En la génesis de todo lector debe existir una respuesta a la pregunta del porqué lee. Mi aportación a la respuesta es recurrente: porque me busco y leer me explica. Las lecturas proporcionan sensaciones, una risa perdida, un dolor que no expresas, un extravío de lo cotidiano o una llana admiración. De alguna manera leer, para mi es explorar. ¿Aprendes? también y podría continuar con la cita a los verbos pero seré franca y egoísta, por placer y conexión interna.  Saber que dice de mi, carencias que faltan, orden de todas las cosas, desde las más triviales a las profundas, no sabría hablar de un libro si no llegara a tocarme en nada. 

En esta línea y por el mismo canal hay géneros que lo hacen más o menos asequible. Las biografías o mejor dicho autobiografías como la que hoy traigo pueden ser de personas alejadas en lo académico, el tiempo, la moral o vete a saber qué en este vasto mundo de las diferencias sin embargo excavar en la vida de alguien, de alguna manera es querer encontrarse con el otro. Isadora Duncan era bailarina  y según recoge la colección una gran mujer.
Quiero escribir la verdad, pero la verdad huye y se me oculta a mí misma ¿Dónde encontrar la verdad? Si yo fuera una literata y hubiera escrito veinte novelas durante mi vida, me hallaría cerca de la verdad. Y entonces, después de haber compuesto esas novelas, podría escribirse las historia de la artista, una historia que sería completamente diferente a las demás.
Uno de los pocos atisbos de inseguridad que emana hablando de sus habilidades porque si algo tuvo claro es lo que denomina de forma incesante: mi arte. Revolucionaria en la concepción, incluso en las creencias del origen de semejante talento, Isadora Duncan retrata su vida con una franqueza y pasión maravillosas.

Atravesamos sus primeros recuerdos y empeño: abrirse camino en la danza. Para ello recorre multitud de escenarios y lugares emblemáticos. Nacida en Estados Unidos parte a Europa (Londres, París, Grecia) en busca del reconocimiento pero sobre todo de la expresión. Los párrafos se salpican de explicaciones a la energía que siente a través del cuerpo fruto del amor y la naturaleza. Su defensa es la libertad del baile y los pies exentos de zapatillas.

Hasta el autopronosticado éxito la lucha es de hambre y entre las anécdotas una férrea actitud. Ilustra como ejemplo el que un empresario le ofreciera trabajar en un music hall. La proposición es desestimada y la réplica una garantía. Ella merecía presentar su arte en otro espacio y no en un espectáculo de tal calaña. Afirmar algo así cuando no tienes para comer es un valor admirable. Funcionó, pese a las cada vez más elevadas ofertas para el hall Isadora no cede, confía en su talento, termina actuando donde pretendía.

Orientada en su camino también nos desvela su otra pasión, los amores. Con un humor delicioso y cierta ironía nos habla de hombres como Romeo (seudónimo que utiliza para un actor con el que se relaciona) o Miguel Ángel (por un joven que emerge de las aguas). Un elenco de amantes y encuentros que le insuflan vida. Hablamos de una mujer nacida en 1877 (fallece en 1927) que se denomina a sí misma revolucionaria o liberada.

Actitudes que conllevaron algún disgusto pero que siempre defendió: nada de matrimonio (aunque terminara casándose posteriormente a esta autobiografía), los hijos pueden tenerse cuando se quiera (se refería fuera del matrimonio), la comprensión de la homosexualidad por sus lecturas de Platón, la emancipación femenina  o el divorcio, el sentido religioso o el coqueteo con la muerte.


Por no contaros la vida aunque sea lo que proceda os diré que está plagada de infortunios, la oscuridad se ceba pero ella continúa sus pasos sin perder el brillo de la luz propia. Volcó el resto en causas como la creación de escuelas de baile para niños, tuvo siempre una cercanía con la gente menos favorecida. El desenlace de su existencia parece una broma macabra.

Como testimonio de su paso por la tierra y pieza de vida ha supuesto una experiencia disfrutada. Extravagante, instruida, vívida y tremendamente pasional, tiene un punto de diva irritante, no quiero imaginar la de envidias que desatara. Cerrar el libro es cerrar una etapa, un ensueño, del que aún queda por recorrer, conocer a alguien es pactar un silencio.
Se ha dicho muy bien que la primera condición para escribir sobre algo es que el escritor no hay vivido el asunto. Si se quiere transcribir con palabras un asunto que se ha vivido efectivamente, las palabras huyen. Yo he tenido muchos sueños que hoy me parecen el recuerdo de hechos efectivos. La vida es un sueño, y tanto mejor que así sea, porque ¿quién podrá sobrevivir a algunas de sus experiencias, al hundimiento del Lusitania, por ejemplo?



Leído por la recomendación de Taty (Blog: Taty y punto) en el estupendo reto de Serendipìa,  agradezco a las dos el disfrutado hallazgo.


domingo, 30 de noviembre de 2014

Resumen de noviembre

La aventura del verano se hace otoño, es decir, breve e intenso. He cumplido años, sueño y obligaciones. En la letra menuda del impreso Pide un deseo llamada a las anotaciones que  siguen: 

*El interesado, llegada la hora, se compromete a sonreír pese a las inconveniencias aparejadas, flotará en una nube de contento y obrará en consecuencia.  

** El interesado puede experimentar transformaciones físicas y mentales. Asumirlas como buenamente pueda.

*** El interesado no dejará de pedir deseos sino que se concienciará del lema: Ten cuidado con lo que sueñas, podría hacerse realidad. 

Vista la causa, un sueño (laboral) cumplido, por la presente se hace constar el agradecimiento por las muestras recibidas y los intereses despiertos. Un amigo no solo está en los malos momentos sino en los pequeños triunfos, gracias a todos los que han hecho honor al sustantivo. 

De igual forma, consciente de la limitación de los tramos horarios de veinticuatro que componen un día he declarado un acto de ausencia, sujeta a demorar mi regreso cuando pueda corresponder las visitas de los congregados. Espero sepan disculpar los espacios. Oficiado el momento, hablemos de lecturas: Muchas. Ficción: poca.



Empecé el mes leyendo Cartas de amor de Dylan Thomas y declaro que me encantaron, sobre todo por su impulsividad. En honor a la verdad el autor se muestra como lo que denomino: un intenso, apasionante literariamente hablando, en la vida real no podría con afectos tan desmedidos pero terminé enamorada. 

Después anduve por tierras escocesas intentando desentrañar las causas de El legado que dejan a su protagonista. Una historia a dos tiempos muy fluida con algún golpe sorpresa, un viaje literario con buen sabor de boca para, a continuación, tomar otro destino. 

Canadá de Richard Ford. Arrebatadora por su historia inversa, revelando en el principio sosteniendo hasta el final. Una de esas lecturas cuyos entresijos calan, sin dejar un resquicio al descubierto, me faltan palabras, me llueven ideas. Absolutamente recomendable. 

Al final una no deja de aprender, quizá por eso decidiera tomar La lección de anatomía de Marta Sanz, valeeeee, hubo un factor precipitante: el prologo es de Rafael Chirbes que leí en pie. Manifiesto que no soy una persona fanática, ni similares pero si bebiera los vientos por conocer a alguien del panorama nacional, ahora mismo sería él: Chirbes..... [...]

¿Por donde iba? ¡Ah, sí! ¡Disculpa, Sanz! Este es un desnudo en toda la extensión de su significado, una vez leído puedo llamarla de Marta y decir que divide la novela en recuerdos infantiles, preadolescentes, adolescentes, joven y edad adulta.  Llegada a ese estado, con tal perspectiva y con esas dotes narrativas concluyo que deseo seguir leyéndola, este libro me entusiasmó. 

Las redes sociales revelan que las tres de siempre estuvimos en una presentación de Félix G. Modroño y con suerte vimos a alguien más (aquí la crónica). Pues bien, no demoré mucho en devorar también en viajes (de metro) esta novela, Secretos del arenal. Me ha sorprendido por dos cosas, la posición de una de sus protagonistas y la multitud de conocidas referencias que he creído atisbar. He leído esta novela con un espíritu de absoluto cotilleo, lo confieso y percibo en el autor un avance en su buen hacer. Félix sigue cosechando lectores. 

En este punto interrumpí las lecturas. No teniendo tiempo, ni energía en las últimas semanas pero de chiripa he llegado y retomado el hábito con La sonrisa de la Gioconda de Aldous Huxley. Regalo tan sorpresa que ni conocía el libro, motivo principal para leerlo rauda y veloz. Es una historia de intriga, sólida, breve y recomendable. Con el incentivo de unas notas de vida firmadas por José Ángel Juanes, autor de la biografía de Huxley, cuyas frases finales lo dicen todo. 

Como añadido literario, referencia al Día de las librerías cuya propuesta no puede ser más bonita. 




Retomo la oratoria para cumplimentar esta entrada con una firma florida. A la postal parisina, libros, compañeros, gafas, ocio relajante, pijamas calentitos, escrituras flojas, blogueros risueños, tapas que caen, Marisa, guiño, guiño, número para la lotería, caracoles, bebés que vienen, amigas que van, velas, tarta, cargadores perdidos, triunviratos, barterapia, whatsapp, frío que al fin llega, lluvias y paz. En resumen: Gracias. 
Diciembre... 

viernes, 28 de noviembre de 2014

Reto Escritoras Únicas: Marguerite Duras

         Cuando empiezas a tirar del hilo de vida de Marguerite Duras parece que la cosa no acaba, detrás de un hecho relevante viene otro y para aumentar la madeja salpican su biografía de límites difusos entre realidad, ficción y citas. 

Escribir es aullar sin ruido o escribir es tratar de saber lo que uno escribiría si uno escribiera, el sentido común impulsa a empezar por el principio, tomar por ejemplo Un dique contra el Pacífico para hablar de las experiencias de infancia y adolescencia en un lugar como  Gia Dihn (Vietnam) desde que nace el 4 de abril de 1914. Lugar donde vive en un desamor maternal que le marcaría por vida y obras pero hablemos del padre...

Henri Donnaieu fallece cuando la escritora tenía apenas cuatro años y volvamos la madre, quedaron en precarias condiciones económicas. Marie Legrand cuidará tierras y permitirá que, al menos una vez, su hija Marguerite se prostituya. La escritora en ciernes abandonaría su apellido para tomar el del pueblo francés donde su padre había comprado una casa para que su familia pasase los veranos. Insertemos cita: "No se trata de alcanzar alguna cosa, se trata de escaparase de lo que existe"

El amante cuenta como una chica de catorce años cumple una especie de transacción comercial a cambio de dinero. Escribir es aullar sin ruido, decía... A los 18 años envejecí. No sé si a todo el mundo le ocurre lo mismo...ese envejecimiento fue brutal y coincidió con su traslado a Francia donde se dedicaría a estudiar Ciencias Políticas y Derecho en la Universidad de la Sorbona, graduándose en 1935, año en el que comenzó a trabajar como secretaria en el Ministerio de Colonias.

Volviendo a su vida personal se casa en 1939 con Robert Antelme, escritor, con el que tendría un hijo que falleció en 1942. La historia cuenta que la pareja formaban parte de la resistencia francesa y que fueron objeto de una emboscada. François Miterrand miembro de las filas de la resistencia ayudaría a escapar a Duras pero Altelme no correría la misma suerte, ingresando en un campo de concentración el 1 de junio de 1944. Al salir en 1945 y pese al deseo de divorciarse de Marguerite, ella permanece a su lado para cuidarlo (estaba enfermo de tifus), esta situación alimenta El dolor. Cuánto de veraz hay en este escrito, ella misma diría que se trata de su verdad extraída del taller de la memoria. Finalmente se divorcia.

No se puede perder de vista que algunos años antes (1942 de nuevo) conocería a Dionys Mascolo otro camarada de la resistencia que sería su amante y con el que tendría un segundo hijo. Tal vez por eso escribiera Los impudents (1942) como primera obra, lo curioso es que la siguiente fuese La vida tranquila (1944) cuando cualquier otro calificativo sería más pertinente. 

Sus primeros textos reflejan querencia por autores como Hemingway o Woolf y durante la ocupación nazi abrazó los ideales del existencialismo de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, de igual modo militaría en el partido comunista. Pero en los cincuenta abandonaría ideales políticos desencantada y disconforme con algunas tendencias ideológicas. En esta misma década también empieza a trabajar en el cine como guionista (en películas como Hiroshima mon amour) y como directora (La música, 1967) caracteriza su labor una constante experimentación y vanguardismo.

A partir de los ochenta cae en la espiral del alcoholismo. Yann Andrea, fue su último amante, cocinero, chófer y con el que se llevaba una diferencia de cuarenta años. Además y según se dice era homosexual. 

Realmente es difícil definir su personalidad. Era encantadora, ingeniosa, valiente, divertida, brillante, fascinante y, aunque dicen que le gustaban los excesos, no necesitaba tomar nada para colocarse. Marguerite estaba siempre colocada de forma natural y era imposible aburrirse con ella, seguramente es la persona más libre que he conocido nunca (cineasta español, Adolfo Arrieta). Transgresora y polémica cortaba por lo sano afirmando:  Yo soy una escritora, no vale la pena decir nada más y lo cierto es que no se pueden disociar obra y biografía. Héroes y heroínas buscan escapar del aislamiento, sus mundos son lejanos pero íntimos. 

Marguerite Duras hizo de sus vivencias materia literaria. Con un total de diecinueve películas, más de cincuenta textos entre novelas, relatos, obras de teatro y guiones de cine, sin contar con los numerosos artículos escritos en prensa, vive, escribe y muere, el 7 de marzo de 1996, tenía 81 años. 

Fuentes: 
Las mujeres que escriben también son peligrosas

Escritoras Únicas mes de octubre:
Cazando estrellas: Mary Shelley 
Lo que leo, lo cuento: 


martes, 18 de noviembre de 2014

El cerebro de Andrew (E.L. Doctorow)

El cerebro de Andrew (E.L. Doctorow)
Roca editorial
176 páginas

Me fascina el cerebro, a todos los niveles, desde sus núcleos, hasta sus derrames hormonales, laminado en portaobjetos, aberturas en la duramadre, aquí está el lenguaje, aún no se ha descubierto qué controla qué, por causa de ello tiene delirios alucinatorios, se ha descubierto que la estimulación perinatal favorece las conexiones sinápticas en un tanto por ciento que… una máquina fascinante, un motor del que no tenemos todo el dominio informativo, ni consciente, enigma tras enigma, ad finitum. Por eso decidí leer El cerebro de Andrew. Abrir en canal mis meninges y dejarme narrar.

Andrew parece divagar entre distintas imágenes sobre humano y divino, en el caso de que existiera (él se rige por las teorías de lo refutable) y empieza por lo más cercano, ex, hija y fallecida esposa. Se presenta en la puerta de Martha (ex) con el bebé en brazos pidiendo ayuda, no puede con la situación, no sabe cómo hacerse cargo y Briony, madre de la criatura, partió sin retorno del mundo de los vivos. El actual marido corpulento de Martha arrincona a Andrew con la palabra Simulador, así como le señala como responsable de algunas desgracias. 
Martha era ser, Briony devenir
Facilita la tarea el minimalismo en la narración y lo embrolla una retahíla de pensamientos que rozan la anécdota delirante, voces insonoras, existencialistas, pragmáticos, Mark Twain y alguna canción americana de antaño. Captamos la historia, una de amor, bonita, y desmantelamos la culpa para hablar de conciencia y de alma como dos entes donde la filosofía se hace novela pero gobierna el científico cognitivo. Una personalidad voluble abocada al escepticismo y dirigida a la pregunta de si esto tiene algo que ver con el alma. 

¿Cómo puedo pensar sobre mi cerebro cuando es mi cerebro el que está pensando?

En definitiva escarbamos en las profundidades del ser que dicho así suena a rollazo del bueno. Pese a la dosis de agua oxigenada que parece destilar la historia, también hay sentimientos retrepados en las circunvoluciones de lo que venimos conociendo como: buscar responsables.

En realidad el protagonista de esta novela ya lo dice el título es el cerebro de Andrew que busca darse una explicación desde los cimientos y para ello recorre lugares y recuerdos que hacen al lector cuestionarse la verosimilitud de tales espacios. No hay modo de conocer los hechos objetivamente porque el cerebro, como ya decía, siempre es un enigma. 

Esta voz cerebral se diserta e interrumpe por un supuesto interlocutor, analista, psicólogo, psiquiatra ¿o él mismo? Doctorow ofrece el margen de esta primera duda para después ir apisonando con todo el equipo y proyectar otro tanto de cuestiones. Con un ocurrente final donde hasta la política encuentra cabida y un párrafo que se queda grabado a fuego en mi cabeza. Novela que no acaba cuando cierras el libro. No se me ocurre mejor razón para leerla que esta.

Y por lo tanto no tenéis nada a qué agarraros, nada a lo que adherir el pensamiento, ninguna imagen, ningún sonido, ningún olor, ninguna sensación física de ninguna índole. No estáis en un lugar, sois el lugar. No estáis aquí, estáis en todas partes. No estáis en relación con nada más. No hay nada más. No hay nada en lo que podáis pensar salvo en vosotros mismo pensando. Estáis en la profundidad abisal de vuestra propia alma.  
La felicidad consiste en vivir en la cotidianidad de la vida y no saber lo feliz que uno es. 

viernes, 14 de noviembre de 2014

Las esposas de los álamos (TaraShea Nesbit)

Las esposas de los álamos (TaraShea Nesbit)
Colección: el cuarto de las maravillas
Editorial Turner 
296 páginas

Nada como información sospechosa para olvidar el raciocinio, lo siguiente es la psicosis del peligro, tan despiadada que puede obnubilar hasta las mentes más brillantes. Así fue el caso, los científicos nucleares Leó Szilárd, Edward Teller y Eugene Wigner persuaden a Albert Einstein para que advierta al presidente Roosevelt ¿la sospecha? que los alemanes estaban trabajando con fisión nuclear. Chispa que prende y a la carrera (atómica). Inicio del proyecto pero no de esta novela que abre como sigue: 
En el mar Negro, el Mediterráneo, el Pacífico, el Ártico, el Atlántico; en alcantarillas, en trincheras, en alta mar, en el cielo, se libraba una guerra. A veces daba la impresión de que la guerra quedaba lejos, de que casi ni la había, pero entonces una madre o una esposa colocaba una estrella dorada en la ventana del salón (su hermano, su marido, su hijo, nuestro vecino) y la guerra se convertía en algo personal. 
TarShea Nesbit nace en Dayton, Ohio, una de las sedes menos conocida del proyecto Manhattan (cuya finalidad era el desarrollo de la bomba atómica). Interesada por la temática observa que entre los nombres científicos de la misión también aparecen mujeres. Su versión de los hechos o la posición ideológica que adoptan le sorprende y bajo esa clave femenina descubre, por ejemplo, que la esposa de Enrico Fermi (creador de la primera pila atómica en la Universidad de Chicago) le detestaba. El germen de su novela estuvo ahí. Un nuevo chispazo.

Entre la documentación llega a entrevistarse con algunas esposas a las que dará voz pero con el handicap de que los errores, secretos o juicios morales pesan, de modo que la historia  y la ficción las hace prosa para contarnos.  

“Nuestros padres dieron puñetazos en la mesa y gritaron ¿Os creéis que somos espías nazis? ¡Contádnoslo! Nuestras madres añadieron Tened cuidado, o Escribidme en cuanto podáis. Y a nuestros hijos les entró miedo y exclamaron ¡Decídselo!, pero no se lo contamos, ni a ellos ni a nuestros hijos. Después, cuando nuestros padres se tranquilizaron, cuando nos dijeron, mientras nos acariciaban el brazo, Soy tu padre, me lo puedes contar todo, no les contamos adónde íbamos, porque todavía no lo sabíamos.”

1943, 1944 y 1945 son los años que dividen esta novela y una primera persona del plural: nosotras el narrador escogido. Nesbit decide que esta es la fórmula y construye la novela por medio de breves capítulos con la línea del tiempo dictando el hilo. Las familias abandonan sus hogares para irse a unos campamentos. 

Y ellas fueron porque era su deber de buenas esposas pero claro, surgen dudas de tipo práctico: el colegio de los niños, la ropa que llevar, etc. luego otras, como las condiciones en las que viven, las pérdidas que les aquejan. No saben el motivo del desplazamiento pero se aferran a que será  temporal y mientras tanto, competiciones porque no es de justicia que una tenga más que otra cuando todas necesitan, también resignación e incluso, algunas llegan al descaro haciendo cosas que, en fin, no eran las esperadas para unas señoras como aquellas. 

Son tres años donde la etapa vital avanza con niños que vienen, hermanos que van, madres a las que echan en falta. También de mujeres que las ayudan aunque no sean como ellas. Un conglomerado de insignificancias y crisis domésticas aderezados con la duda que las mantienen alerta. El secretismo, es lo principal, no saben qué pasa (ni qué hacen sus maridos) y la observación lo única baza a su favor. Ellas miran. 

No presenta un personaje de referencia al que vislumbrar. Contemplamos los espacios, nos figuramos los corrillos de mujeres y sentimos a la par. Nesbit tiene habilidad para usar el lenguaje y recrear sensaciones con un matiz poético. No tener un personaje no es obstáculo para percibir una evolución, la de estas mujeres, cómo eran al llegar, cómo son cuando todo acaba. 

Hablamos como grupo, sentimos como comunidad y miramos al otro de igual forma. Están ellos (los maridos) y nosotras, ellas (las científicas) y nosotras, otras ellas (las de ayuda doméstica) y nosotras pero entre nosotras, también surgen fricciones y así es. 

Creo firmemente que el inconsciente/consciente colectivo es base explicativa de nuestra historia. Trasladar esto a una novela me ha maravillado, ahora bien, el uso continuo del narrador nosotras al inicio cala pero el tono durante tantas páginas termina igualando, haciendo que pese e incluso suene a redundancia. 

En contraposición, la carga dramática del lanzamiento de las bombas consigue retomar el pulso para cerrar esta historia rumiando. Con esa advertencia concluyo que por su originalidad, como retrato social y hecho histórico me parece una lectura a tener en cuenta.
Y cuando acababa nuestro turno Clara venía y nos preguntaba qué habíamos hecho durante todo el día, y nosotras nos encogíamos de hombros, conscientes de que detestábamos que nuestros maridos se encogieran de hombros, de que estábamos haciendo precisamente lo que más nos irritaba, pero Susie era educada, sabía que no podíamos contarlo y no nos preguntaba. Por la noche estábamos agotadas y les decíamos nuestros maridos Lo que yo necesito es una buena esposa.  
TaraShea Nesbit (Las esposas de los álamos)