jueves, 28 de agosto de 2014

Reto Escritoras Únicas: DORIS LESSING

Tengo algunas autoras pendientes de presentaciçon de modo que les iré dando cabida para ponerme al día. En esta ocasión vengo a hablar de Doris Lessing una vida de convicción y una llamada a la escritura. 

Nace en Irán en 1919 (antigua Persia) donde pasó los primeros treinta años hasta regresar a Londres, lugar de origen familiar. Su padre, Alfred, fue capitán del ejército británico y participó en la primera guerra mundial perdiendo una pierna. Una de las enfermeras que lo atendió, Emily, terminaría siendo su esposa y madre de la escritora. Años después el matrimonio decide probar suerte trasladándose a África en un sueño colonialista. La estancia en el continente no fue idílica, las biografías hablan de frustración e incumplimiento de expectativas, sobre todo por parte de madre. 

Educada en la escuela pública y posteriormente en el instituto de Salisbury (hoy denominada Zimbaue) Doris abandona los estudios a los catorce años. Desde entonces fue autodidacta, leyendo novelas decimonónicas u obras de política y sociología. A los diecisiete abandona el hogar familiar por las malas relaciones con su madre. Un par de años después se casa con un funcionario, compañero en un empleo de telefonista con el que tiene dos hijos, más tarde y por conveniencia, contrae segundas nupcias con un exiliado alemán (Gotfried Lessing) con el que tuvo otro hijo, el único que le acompañaría a Londres, hablamos aún de 1944. Trabajaba por entonces de auxiliar de clínica. Agobiada por sus inquietudes intelectuales y literarias junto por el trabajo de esposa y madre se divorció manteniendo el apellido de su esposo. Tenía treinta y séis años.  

Poco después, en 1949, se traslada a Londres donde comienza a publicar. La primera de sus novelas fue Canta la hierba centrada en su amor al continente africano y reflejo de las políticas de segregación racial, algo que en la Inglaterra del momento podía resultar un tema no muy bien recibido. Durante esta década milita en el Partido Comunista e incluso viaja a la antigua URSS, a los pocos años se arrepiente y afirma haber cometido un error (tras la revelación de los crímenes del estalinismo). Abanderada por su critica constante a nivel ideológico y social se le llega a prohibir la entrada en África del Sur.

Su gran éxito le vendría tras publicar El cuaderno dorado en 1962, una novela con estructura innovadora. Su prortagonista, Anna Wulf, es una mujer decepcionada con los hombres, insegura en su compromiso político y que sufre un bloqueo de escritora. Es un relato de la experiencia colonialista, sus relaciones con otras mujeres, la vida intelectual del lugar, el desencanto revolucionario y en definitiva, la angustia ante la soledad. Un cariz feminista del que Doris no se sentía una abanderada aunque estuviera de acuerdo con muchos de sus principios.

Su salud se deterioró por padecer algunos derrames cerebrales y falleció en Londres el 17 de noviembre a de 2013, tenía 94 años.

Cada una de sus novelas parece reflejar algo autobiográfico aunque además publicó dos libros con sus memorias. En su producción también podemos encontrar cuentos y varias novelas de ciencia ficción. En el ámbito literario es una de las escasas autoras que ha obtenido todos los grandes premios literarios en Europa incluido el Premio Nobel en 2007. Me alegra pensar que disfrutó de reconocimiento, como hemos ido comprobando para muchas de nuestras autoras esto no pudo ser o se fueron demasiado pronto.


AVISO: Aprovecho para  recordar a los participantes en el reto que deben dejar el enlace de su reseña aquí para poder incluirla en el listado. Muchas gracias.


martes, 26 de agosto de 2014

Un árbol crece en Brooklyn (Betty Smith)

Un árbol crece en Brooklyn (Betty Smith)
Editorial DeBolsillo
505 páginas

Un árbol crece en Brooklyn es una novela que deseaba leer, flechazo a primera reseña y larga espera hasta hospedarse en casa. Un guiño desde un estante donde no esperaba encontrarla  fue ya el remate del asunto. Lo bonito de la historia es que tuvo final feliz y no me refiero a la novela en sí, sino a las buenas sensaciones con las que cerré sus desgastadas tapas. 

Su autora, Betty Smith, fue hija de emigrantes y residente en Brooklyn en las primeras décadas del siglo XX, padres alemanes en su caso, especifico porque la historia que nos ofrece es la suya pero con otro nombre, Francie Nolan de padres irlandeses. 

La familia Nolan vive en Williamsburg y atraviesa estrecheces económicas con las consecuencias sociales que conlleva y añadidos como el alcoholismo. Pese a ello, la novela no ahonda en la desgracia, es un retrato de la vida diaria de este núcleo familiar. El inicio es pausado y nos infunde la imagen de una niña que lee, la misma que a lo largo de sus páginas irá creciendo y evolucionando. Hay que darle un margen de confianza a la autora para que nos den ganas de abrazar al árbol que crece allí. 

Destaca por sus personajes tiernos, carismáticos y cercanos. El avance mantiene prendida la esperanza, Francie Nolan anhela ser escritora pero en un contexto limitado como el suyo, siendo mujer, etc. las situaciones no le vienen dadas aunque cuenta con la suerte de estar rodeada de mujeres luchadoras. Una niña que se va construyendo y dejando a un lado aquellos valores que no le convencen. Todo relatado con suma delicadeza salpicando al lector en un afecto natural. 

De gran éxito tras su publicación e incluso con adaptación cinematográfica se trata de una novela bonita. dicho así podría sonar a recomendación con la boca pequeña, sin embargo reconozco en esta historia una cualidad que me hace guardarla con cariño, la honestidad. Betty Smith ficciona sobre su vida con distancia, equilibrando sin caer en la ñoñería, ni el drama total. Es verdadera, se palpa en la historia, se agradece en la lectura y se graba como un bonito recuerdo. 

“La gente siempre cree que la felicidad es algo que se pierde en la distancia -pensó Francie-, una cosa complicada y difícil de conseguir. Sin embargo, ¡qué pequeñas son las cosas que contribuyen a ella! Un lugar para refugiarse cuando llueve, una taza de café fuerte cuando una está abatida, un cigarrillo que alegre a los hombres, un libro para leer cuando una se encuentra sola, estar con alguien a quien se ama. Esas con las cosas que hacen la felicidad"
Betty Smith (Un árbol crece en Brooklyn)
Reseña para el reto Serendipia recomienda 2014 (bases aquí) recomendada por Colette de Vegan ProPoints



domingo, 24 de agosto de 2014

#35 Cajón desastre... juguetes...

Ellos, soldadito de plomo, Guillermo Tell, la ratita presumida, el patito feo, la princesa sin guisante, ni Hansel, ni Gretel, solo la casita, un ratón de Hammelin (probablemente con acúfenos) y la gallina que no sé donde ponía los dichosos huevos y ella, Pulgarcita, pertenecían a un ilustre coleccionable. Los cuentos clásicos y la reproducción nada tóxica para el disfrute, juego y caída desde el estante venían a casa. Tuve todos pero perdí uno, en la orilla y así comienza la historia. La memoria estira el chicle cual tiempo Bang Bang o viceversa.

Un verano con día infinito de sol, allí mismo, lamiendo los pies del churumbel, agua que venía, retorno y espuma , atrezzo de cine, estrella de mar, cubo, pala, rastrillo, molde de cangrejo, muñeca y niña, esa soy yo, la otra es Pulgarcita. Ahí. 

Pues iba yo con mi muñeca. Hoy por hoy pregunto el motivo, no de su existencia sino la razón última, el instante infame en que decidí llevarla creando un vacío frente a la casita de Chabel, otra tarambana que en su versión Cenicienta se perdió en un recreo escolar.

Pues eso, sentada en la orilla hablando con el molde de cangrejo, que podía ser Sebastián cantando Bajo del mar estaba Pulgarcita. En un ejercicio de prestidigitador la muy enana desapareció. Ni el hoyo más profundo, ni las patadas al agua de mis cortas piernas fueron suficientes para dar con ella. Pulgarcita se había largado, el llanto hizo acto de presencia y nunca más se supo. 

Entonces y solo entonces, unos veranos más tarde, misma escena, distinta niña, Dora la exploradora se echa a la mar y ni Bob Esponja, ni Calamardo saben dar respuesta. Ahora que me tachan de adulta y me toca hacer de testigo de la desgracia formulo unas propuestas.

ANTECEDENTES
En el año 1992, 28.800 patos, castores rojos,  ranas verdes y tortugas azules cayeron de un barco.Un hecho fortuito que permitió grandes avances en el estudio de las corrientes marinas, estampas divertidas, capítulo de Touch y felices hallazgos en puntos distantes del planeta. Claro, ellos flotaban. 

PROPUESTAS
Entre vertidos similares, objetos perdidos y llantos infantiles creo firmemente que hay material suficiente para: 

-Equipo de salvamento de los PATOS DE GOMA S.L.
-Nueva Toy Story versión en la playa
-Novela de espías de pico y pata
-La construcción de un museo sumergido de juguetes reunidos
-La guardería de Nemo
-Un CSI especialista en poliuretano
-La última entrega de ¿Dónde está Wally cuando se le necesita?. 

(Se aceptan sugerencias)

Si alguna vez perdiste un juguete en la playa, no está solo. Con toda probabilidad Úrsula, Nepuno, los piratas del Caribe y el cocodrilo de Peter Pan anden buscando nuevos reclutas, si hay un Mercenarios 3 porque no formar una legión allende los mares.

Dicho esto:

Dora, déjate de exploraciones y Pulgarcita, si me escuchas, vuelve a casa.

jueves, 19 de junio de 2014

Vacaciones


Montones de asuntos aguardan, escapadas, baños, visitas intempestivas, noches que se alargan. Habrá que refrescarse por cielo, mar o aire, además de lo que venga en gana, eso es lo principal, clic y a disfrutar. 

Echo la persiana en Cuentalibros, tengo alguna escapada que hacer y otras misiones esperan, además de la consabida remojada estival, se trata de un hasta luego. Una temporada en la que la vida virtual se reduce pero no se extingue, asomaré de vez en cuando por vuestras casas, salas de reunión, conversaciones privadas, puede que en algún momento deje algo por red social o aquí mismo. De cualquier forma, cuando el regreso sea definitivo, lo haré saber. Otras prioridades ocupan este periodo y algunos proyectos espero dejen de ser una volátil propuesta. Descanso y otras tareas. Aprovecho para desearos un feliz verano :)


lunes, 16 de junio de 2014

Tenemos que hablar de Kevin (Lionel Shriver)

Tenemos que hablar de Kevin
Editorial Anagrama
616 páginas

El título es admonitorio, obliga, apela, hace parte, envía un mensaje. Tenemos que... Hablar. 

Una recopilación de cartas, las que envía Eva a su marido Franklin. Un barrido preciso de sus vidas, el encuentro con alguien enlaza con recuerdos del pasado y catapulta al presente, sobrevive, por encima del bien y del mal. No hay artificios, esta es su historia.

El secreto es que realmente no hay ningún secreto. Eso es lo realmente deseamos ocultar a nuestros hijos, y esa ocultación es la verdadera conspiración de los adultos, el pacto que mantenemos, el Talmud que tratamos de proteger

De Kevin.
Cualquier lector puede esperar a un chico malo, incluso muy malo, mentiría si dijera lo contrario, no ofrece nada que no sepas, el soniquete noticiario, explotados shows, dramas a disección, viejas historias teñidas en sangre de manos nuevas, un horror que se torna inconcebible. La maldad no puede estar bien vista pero el carácter irremediable de hablar de niños, menos.

De Eva.
Por su nombre y razones bíblicas, causa primera de pecado, el estigma parece incluir a nuestra protagonista, hablando de responsabilidades, una mujer, madre, último eslabón en la cadena de responsabilidades. Su personalidad gélida nos hace dudar, ella misma sentencia: "No caen bien las madres que no muestran afectos por sus hijos. Bien es verdad que a mi tampoco me caen bien esas madres" ¿Qué resolución tomamos al respecto de la escribiente? el veredicto se alarga en sus seiscientas páginas de tensar la cuerda.

De necesidades.
Eva nos cuenta cómo decidieron tener un hijo, cuando vino al mundo, qué fue antes, después, quién tiró el bote de tinta roja en su oficina. Sumas y te retraes expectante. Tras las primeras doscientas páginas tuve dos certezas, la primera era que me intimidaba continuar, la segunda es que una vez asomada no había retroceso posible.  

Tenemos que hablar de esta novela. Certezas que requieren un intercambio. Hablamos para aflojar el nudo en el lector. Una tensión que amonesta, señala conductas equivocadas pero sobre todo se mantiene. Aquí lo espléndido. Permanecer sin fisuras, ocupando tu mente cuando ya no estás en ella, alimentando la necesidad impúdica de saber qué sucedió pese a que hablamos de correspondencia al detalle, la meticulosidad hecha párrafos... delineando ideas, planteando asuntos varios en torno a crianza, televisión, ley en menores, maldad y buenos motivos. Correr no va con ella pero carcomer le va como anillo al dedo a esta lectura, pese a que no suelo establecer muchos rankings de lo mejor puedo declarar y así declaro que me fascinó por la inquietud manifiesta entre sus cartas y el vacío instalado para sentarme a compartir impresiones. Seré yo quien hable de Kevin y serás tú quién necesite hablarlo una vez lo conozcas. 

"Solo es posible castigar a quienes tienen esperanzas que se puedan frustrar o vínculos afectivos que se puedan cortar, a personas que se preocupan por la opinión que tengan de ellas los demás. Sólo se puede castigar a quienes aún conservan algún resto de bondad"
Lional Shriver (Tenemos que hablar de Kevin)

martes, 10 de junio de 2014

Reunión en el restaurante Nostalgia (Anne Tyler)

Reunión en el restaurante nostalgia (Anne Tyler)
Editorial Lumen
400 páginas

Dicen que toda celebración se realiza en torno a una mesa, las reuniones también hacen uso del cuadrúpedo objeto, anuncios de una noticia, los brindis, las copas ¡benditos bares!... uno de los últimos eslóganes publicitarios de la chispa de la vida, ¿la fórmula de la felicidad?¿la simple sonrisa que nos arranca el contexto?. 

Sea como fuere, llevar a cabo una reunión de estas características también nos obliga, sí, a a vernos las caras, ser corteses, pasar el pan, bribonear la fuente de en medio, disimular la cara de disgusto ante tal o cuál alimento en definitiva nuestra actitud en la mesa nos dice mucho de quienes somos y evitar sentarse a ella quizás incluso más. Esta parece la piedra de toque de la novela, conseguir reunión y dar protagonismo al organismo vivo al que llamamos familia.  

Pearl es la madre. Abre la novela con un capítulo que nos sitúa en uno de los grandes silencios de la historia. Relata con desenvoltura y un tono ambivalente el cómo fue abandonada por su marido (Beck) y su decisión de no comunicárselo a sus hijos, dos chicos (Cody y Ezra) y una chica (Jenny), asumiendo la pérdida y encabezando el clan familiar sin desfallecer. Me pareció un magnífico comienzo. Una perla, no solo por su nombre sino por su matices.

El banquete prometía y el resto coloca el destino familiar. Cody, como hijo mayor, muleta de madre y eterno insatisfecho. Un personaje que perfila mezquino pero que termina redimiendo. Como antagonista, Ezra, el mediano, que se enarbola como el bueno y triunfador, un ser pacífico que termina diluyéndose en su idiosincrasia y montando el restaurante que da título a la novela, por último, parece que de chiripa, Jenny, la única chica, afectada por los vaivenes de semejante elenco tropieza también con sus propios errores. Un plato fuerte el no caer en maniqueísmos en los personajes. 

El mantel que nos coloca Anne Tyler es hilado por una tercera persona que cambia, tomando como actor principal a algún personaje. Esta alternancia en los capítulos hace la lectura más ágil y complementa la pluralidad en la percepción de las rencillas familiares. Además, nos aporta lo mejor en sus cierres y empuja a seguir construyendo. Una trama que no destaca por su originalidad tanto como por esa carta elaborada a la hora de narrar. 

Reunión en el restaurante Nostalgia es una fuente de viandas colorista y agradable al gusto pero sin explosiones en las papilas gustativas, ni en el sistema emocional. Coloca muchos cubiertos útiles, los detalles cotidianos en la vida de esta familia, el crecimiento o el paso hacía la vejez, el tono medido para no caer en sentimentalismos ni azúcares añadidos, incluso el punto de comedia de enredo bajo un drama en toda regla, el postre lo ponen venganzas, enquistes de lo no expresado y el final un adorno que paladeo sobrado. 

La pata coja de la mesa es el regusto agradable de la historia que permanece pero que tuvo una falta de chispa para conectar, esa que hace importante a sus personajes. En este caso me ha faltado entrar hasta la cocina aunque como entremés estuvo bien. No deja de ser esta mi sensación personal, como paladares hay múltiples no puedo dejar de recomendarla sin ser honesta en mi advertencia, ni corta en sus virtudes. Ahora me despido, me llaman para cenar. 

PD: El título prometía

"Pensó en como hacerlo: los reuniría alrededor de ella en el sofá, a la luz de la lámpara, después de cenar. "Hijos míos -empezaría decir-. Hay algo que debéis saber." Pero no podría continuar, era capaz de echarse a llorar. Y era impensable llorar delante de los hijos. Ni delante de nadie. ¡Ella tenía su orgullo! No era una mujer serena; a menudo perdía los estribos y cruzaba la mejilla que más a mano tenía, o decía cosas de las que luego se arrepentía; pero, gracias a Dios, no era propensa al llanto. No se lo permitía. Ella era Pearl Cody Tull, que había salido de Raleigh triunfal del brazo de su nuevo marido y nunca había mirado atrás. Ni si quiera en ese momento, contemplando el reflejo de su cara tensa y avejentada en la ventana de la cocina, lloró." 
Anne Tyler (Reunión en el restaurante Nostalgia)

jueves, 5 de junio de 2014

#34 Cajón desastre... café...


Acabo de sentar y me inunda el trabajo. Un pelo, señores, un pelo, prendido de la lámpara, esta que es de mimbre, colgada para crear un ambiente intimista, se suspende a mitad de la mesa, el cabello se balancea, embobada lo contemplo. 

Buenas ¿lo de siempre?
Sí para  no variar.

¡Cati! Sombra doble.

Es largo, melena, color castaño ¿será tintado? Probablemente, brilla demasiado, pensándolo bien… quizás sea de una muchacha, de joven el pelo brilla. No. Va a ser la luz, la que viene de la puerta, hoy no se está mal, tendría que haberme sentado en la terraza. Si lo hubiera hecho no tendría la prueba incriminatoria. Esa que dice, Juana estuvo aquí. Los análisis despejarían toda la gracia. He decidido que mejor sea Mariana. Allá voy.

En servilleta. 

Mariana es una mujer de mediana edad, con tres hijos y un marido holgazán. Se levanta temprano entre semana para preparar a los niños, los gemelos y el primero. Está rodeada de varones, ella siempre quiso una nena pero ahora no quiere nada. Ligadura de trompas. Con las que coge su marido ya tiene bastante. Los arregla en un pispás, lo bueno de que sean chicos es que se ahorra los peinados, ni trenzas, ni colas, ni coco, ni moño; agüita y andando. Anoche el buen señor se quedó hasta las tantas, no despertará del sopor etílico hasta medio día. Coged las mochilas les dice, marchan. Unos minutos de camino, aula matinal y sobra el tiempo justo antes de ir a limpiar portales. Entra en el bar, pide café doble, no tiene hambre, desde pequeña le da ansía comer tan temprano. Fantasea con otro tipo de vida, le gustaría ser cantante. El hilo musical le trae a Sabina. Ahoga sus sueños en el culo del vaso, se ha esfumado el café  y toca irse, con prisa se levanta, un pelo queda prendido en la lámpara de mimbre, no le dio tiempo de hacerse la cola, ella sí tiene que peinarse, lo hará mirando su reflejo en algún ascensor.

Aquí lo tienes, cafelito.
Gracias Joaquín.

Podría ser Mariana pero no. En la actualidad se borra toda la fantasía de mis hallazgos. Tomo pelos con pinzas, los introduzco en bolsas asépticas, me los llevo al laboratorio, pasarán por el portaobjetos, los observaré al microscopio. Las pruebas de ADN arrasarán mi imaginación, sabré entonces que ese pelo pertenece a la vecina del quinto izquierda, una auténtica maruja. No puedo asomar a tender la ropa que ya está haciendo preguntas, peor que el inspector cuando salga debo comprar azúcar, ayer vino y me dejó sin existencias, quería hacer un bizcocho para los niños, esa jauría de pequeños glotones. No entiendo cómo le restan fuerzas para entrometerse en la vida del bloque, como si en casa no tuviera bastante. El pelo me la recuerda, tiene todas las papeletas.

—Cóbrame Joaquín, llego tarde.

Y eso que estoy al lado de la comisaría. Parece que han puesto las calles y también parece que Mariana no es la única que ahoga sueños en el café del desayuno.