lunes, 20 de octubre de 2014

El insólito peregrinaje de Harold Fry (Rachel Joyce)

El insólito peregrinaje de Harold Fry (Rachel Joyce)
Editorial Salamandra
331 páginas


Echarse al camino con un objetivo no siempre es cuestión de metas sino de fe, en la gente, en la vida, en levantarse después de caer, pura intuición y virtuosa persistencia. Andar y andar. Leer para saber.

Harold Fry no sé en qué pensaba, en la enumeración de parajes no creo. Estaba en blanco, el color que se instala cuando andamos sin rumbo.En tal estado recibe una carta de Queeney Henessy, enferma. Escribe respuesta y sale de casa, al buzón más cercano, pensándolo mejor, a otro más allá y así impelido por distintas señales Harold emprende una insólita marcha. La deuda es grande y el camino largo. Atravesará el país andando, claro que... habrá que hacer al menos una llamada. A Maureen, su mujer, de la cual se despidió sin dar portazo alguno. Las grandes hazañas se fermentan en pequeños gestos. Allá vamos.

Un protagonismo repartido entre el matrimonio. Harold se deja llevar por historias, creencias, ensueños, hay fe en cada zancada pero también pérdida, entusiasmo, nebulosa y dolor, calamidades físicas y mucha culpa, la piedra más pesada. Este hombre de más de sesenta se busca y ella lo encuentra. Una esposa, Maureen, a la que no terminamos de ver hasta pasadas unas cuántas estaciones. En el andurrial de estos caminos, la luna se les hizo de hiel. De encuentros lejanos, de eso nos habla esta novela.

Rachel Joyce se vale de capítulos de mediana extensión y soterradas colisiones, esas que adoptan forma de charlas con los otros. Además fragua una intriga respecto al futuro y pasado de sus personajes, por eso seguimos leyendo. Del estilo de la autora destaca su dominio y documentación sobre la naturaleza, las descripciones breves pero presentes, el entretejido de la historia y sobre todo sus protagonistas, con alguna escena memorable (por ejemplo cuando Maureen empareja ropas en el armario, otras algo menos agradables). 

Pero todo camino tiene sus sombras, pretender sentirse bien al leer una novela no está recogido en ningún código penal, ahora bien, que la moraleja tropiece con moralina chirría y algún destello hay. Con buena sensación y momentos que me llegaron lo recomiendo como lectura agradable y reconfortante pero sobre todo porque perderse es volver a encontrarse. 

"Hasta entonces creía que todo había comenzado cuando tomó la decisión de ir caminando hasta Berwick, pero ahora sabía que eso había sido una ingenuidad. Las cosas pueden empezar más de una vez, o de modos distintos. Uno podía creer que estaba comenzando algo nuevo cuando en realidad no hacía más que repetir lo que venía haciendo hasta entonces. Se había enfrentado a sus flaquezas y las había superado, así que el verdadero viaje se iniciaba ahora"
Rachel Joyce (El insólito peregrinaje de Harold Fry)

viernes, 17 de octubre de 2014

#37 Cajón desastre... respeto...


 


Primero pensé en llamar al primo de Zumosol pero me daba fatiga. Es un anuncio añejo y objeto de más de un chiste de cuando la administradora de este blog usaba coletas. Además no patrocino otras marcas aunque la Coca Cola parezca absorber el monopolio de mi presencia en más de uno de sus sketch y sin comerlo, ni mucho menos beberlo les haya soltado un par de dardos subliminales y saliven como canes de Paulov a la hora del aperitivo. Ni  uno más ¡palabrita!

En lata rellena de líquido carbonatado, burbujeante, color marrón de ojos homónimos late, como salsa de tomate, un espíritu comercial. No descubro la pólvora y mucho menos la fórmula, eso sí, entre nosotros, acérquense que les susurro si el aire me deja ¡¡¡¡sienten cochina envidia!!! -al fin-  suspiro. 

¿que por qué? Pues porque saben que mi aparición estelar es directamente proporcional a la adquisición del que está enfrente, todo hay que explicarlo, oiga. Mucho marketing pero en el fondo ¡soy yo! La chispa de la vida. No les engañen

Ahora bien, si hay que buscar el origen primigenio de mi existencia pregunten a mi madre, sabrá indicarles o al menos les hará un poquito más dichosos. En los tiempos que descorren no estamos para escatimar en felicidades. Ella se curva y con un poquito de suerte o de simio, yo nazco. Así, sin más. 



Según la tradición de los Ainos, que haberlos haylos o los hubieron allá por el norte del Japón, grupo primitivo de los orígenes de la humanidad con sus niños esquimales Netsilik Inuit que no me pregunten qué significa, solo me remito a eminentes estudios antropológicos recogidos y mascados para el uso de la navegación web, a lo que venía, pues, (los niños estos) celebraban juegos en los que imitaban a los hechiceros de la comunidad, empleando fórmulas para alejar a los malos espíritus, lo cual me desataba incontrolada, ante la gracieta infantil. ¿No les parce cómico? Imitamos y somos como monos, valga ir asumiéndolo y lo intentaré de nuevo: van dos y se cae el de en medio. Pues eso mismo pienso yo, que poca gracia le veo y he aquí el quid de la cuestión.

Si en el Unikita Central Hospital veintiséis pacientes con dermatitis alérgica a los ácaros del polvo -qué repelús pensar en la microscopia de los seres- como decía... ¡esos alérgicos llorosos con la vela del moco líquido disminuyen su reacción alérgica viendo Tiempos modernos! Si ellos pueden desde el lejano oriente, Namasté más indio o más modernillo ¡que rule, que rule!

Debo decirle señores que no vengo sola, estimulen su procesamiento de las emociones, ejerciten el sistema límbico, potencien la respuesta motora, ventilen y fonen con otro aire, les robaré el aliento pero les quitará las penas. Los niños me ejercitan unas trescientas veces al día, los adultos no llegan a ochenta. ¿qué estamos haciendo mal? les pregunto.  

Ese balbuceo fisológico, lúdico, instintivo, estereotipado que forma asociaciones en el subconsciente y reaviva al consciente. Es decir, yo, pido, exclamo, solicito, imploro, ruego, requiero y REVINDICO, respeto.

¡PRIMOOOOOOOO! 

Fdo. La risa

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La relación entre la risa y los sucesos del mundo está modulada por la cultura y la sociedad que viendo el panorama más indigna que carcajea pero ya lo advertían Platón y Aristóteles con su visión oscura de la risa -comprensible en quienes encontraban divertidas las ejecuciones públicas, algo que actualmente es políticamente incorrecto o eso dicen- y por todos es sabido que no es lo mismo reírse con alguien, que reírse de alguien, de nosotros, quizá. 

Me puse seria para pedir respeto porque la risa no es para tomársela a guasa. 
Fdo. Marilú 




miércoles, 15 de octubre de 2014

Ubik (Philip K. Dick)

Ubik (Philip K. Dick)
La factoria de las ideas
Colección Solaris
314 páginas

Ubik es un aerosol, miento, puedes encontrarlo en diversos formatos, según el momento en que lo pidas, la farmacia a la que vayas o la cantidad que decidas aplicar. Contiene adelfa homegeneizada, salitre, esencia de menta, N-acetilo-p-aminofenol, óxido de zinc, carbón vegetal, cloruro de cobalto, cafeína, extracto de dedalera, asteroides (indicios), citrato sódico, ácido ascórbico y colorantes y aromatizantes artificiales. Una por papá, otra por mamá y estamos listos para el viaje.

¿Qué será Ubik?

La historia es la de Joe Chip, un hombre sin blanca pero muy bueno en su trabajo, experto en medir las capacidades parapsicológicas de quien se le ponga por delante, por detrás o en la burbuja más cercana. Su vida cambia ligeramente cuando Glen Runcinter, su jefe, le pide que colabore en una misión en la luna, tras la cual nada volverá a ser lo mismo. 
Yo tampoco suelo leer ciencia ficción
Aclarado lo principal, Ubik es una novela con un lenguaje y mundo particular. Philip K. Dick se apoya en los aspectos tangibles de la realidad para desvariar un poco y volver loco al lector buscando respuestas. La inestabilidad en el espacio-tiempo de la novela nos desorienta, como no puede ser de otro modo y el humor satírico nos mantiene contentos y leyendo. 

Con implicaciones más allá de la vida, uno de los pilares que toma el autor es la posibilidad de un estado intermedio antes de morir. Invención de importantes repercusiones para vivos y semivivos, ahora bien, Philip K Dick parece indicarnos que el estado es secundario y los problemas siempre los mismos. Tintes futuristas, transposiciones al pasado, crítica velada al sistema de vida capitalista o en las creencias en el más allá. 

Me gustas cuando pruebas porque es diferente.

Tomando de partida semejantes ingredientes -y no me refiero a la adlefa homogeneizada, el salitre.... ni todos los clorururos cafeinados con doble de azúcar y uno de malta- sino aquellos que impresionan en el lector para quedarse al pasar de las hojas, que diría el barquero, ahora os digo:

Un primer momento exige situarte en el tipo de historia, lenguaje, etc. Acoplados a quién es quién, cómo y de qué hablan, juegan contigo al cabreillo y sigues la pelota, mientras la tuya rebota, todo amenizado con publicidad poco subliminal pero de lo más hilarante. Puestos a tragar anuncios mejor que vengan con gracia.

Si no pierdes la onda un chasquido de piezas encajando resonará y en tu nave espacial o un coche de pocos caballos te detendrás en la historia con desenlace de los que desconciertan, casi como un reflejo, en parte de eso se trataba, de plantearte cosas a la vez que leías.
De originalidad sorprendente, no admita imitaciones, 
Mensaje. Si lo captas, es tuya. 

Nos hemos propuesto ofrecerle un afeitado distinto a todo lo que usted haya conocido. (…). Con la hoja continua autoenrrollable Ubik de cromo suizo se acabaron los cortes, los rasguños y las irritaciones. Pruebe Ubik… y déjese querer. Atención: usar siempre según las instrucciones. Y con precaución.
Philip K. Dick (Ubik)

domingo, 12 de octubre de 2014

El domingo con la señora Dalloway


Los domingos, porque los lunes son de especulación difícil, caben pocas negociaciones para empezar la semana, algo podríamos rebatir sobre tal día en otro equivalente, hoy mismo, ahora. Con el tiempo, una vez deshilada su madeja de segundos y minutos, quizás cuestión de años más que de unidades de menor dimensión, en el caso que nos ocupa, que es el mío, allá voy, he aprendido a disfrutarlos.

"¿Meditando entre las hortalizas?". Había sido eso o, más bien "prefiero las personas a las coliflores"?

Domingo en los que me dirijo a libros con el espíritu de la brevedad pero hay semanas y semanas, algunas con la perfidia de la duda, tomé varios ejemplares y verídico, como es, un número con resultado La señora Dalloway

Del uno al seís, el cuatro. 

Pensé:
¿de izquierda a derecha?. 
Empezando por la izquierda
De nuevo, el cuatro. 
La señora Dalloway 
¿otra vez? 
¿voy a leer La señora Dalloway? 


Sir William dijo que él nunca hablaba de "locura"; lo llamaba ausencia del sentido de proporción. 
Introducción bien larga para concluir que temía a Woolf. Dos cosas me preocupan en esto de las lecturas. No amilanan las páginas sino planear sobre ellas. Tener la sensación de que no entendí nada, no me dieron el recado, estaba comunicando. Diría que es el favor intelectual, ese que hace tu cerebro en beneficio del entendimiento. La otra es la emoción. Captar, sorprender al talento, decirte: ¡cómo lo sabes Virginia! bum, bum, bum. En esta partida Woolf gana, sin empates, ni medias tintas. Por este motivo, me veo en la deuda literaria de salir a la luz.  Dong, dong.

La argumentación es de apariencia sencilla. Clarissa Dalloway organiza una fiesta que dará esa misma noche. Atravesamos el día acompasando las campanadas del reloj, vamos hacia adelante con este evento y los personajes. El tiempo apremia y nos lleva al pasado, al presente y a un futuro para encontrarnos con algunas dicotomías. La vida y la muerte, la salud y la enfermedad mental, el campo y la ciudad, Clarissa y Septimus. Múltiples asuntos se exponen como los tratamientos psicológicos o la orientación sexual, cada matiz va sumando al conjunto de la obra
Y Clarissa Dalloway no solo hace sino que piensa, siente y tú lo lees. A su vez quienes la secundan, detestan, apoyan, aman, siguen el mismo proceso y nos hacen participes. ¿Quienes? Una vieja amiga, un pretendiente del pasado, el doctor, un ministro, el marido, aquel que por allí pasaba, un elenco variado. Llegados a este punto se advierte, toda pompa festiva contiene claroscuros y entre cruces del destino no es hasta casi el final que nos damos cuenta donde reside la vida y su intento. 

Como recursos conscientes se emplean recuerdos y sueños, al igual que utiliza distintos puntos de vista. Woolf nos introduce en la mente de distintos personajes, conjeturas que también suceden fuera. Por ejemplo, la especulación de quién va dentro de un coche o el significado de las nubes de humo tras la estela de cabriolas de un aeroplano. Saltamos de lo interior a lo exterior sin dificultad alguna y aunque todo parezca un devenir se acomoda magníficamente a la historia. 

En resumidas cuentas, pues se hace tarde para la fiesta, es una novela que me ha fascinado y aunque parezca enrevesado no hay nada como dejarse llevar, sin prisa alguna, en el vericueto siguiente. Dong, el azar se pone de mi parte, aniquilo la cortedad para recomendarla y el temor por leerla. Bajo el aparente argumento sencillo, anochece. Los domingos también se acaban. 
"Así, en un día de verano, las olas se reúnen, pierden el equilibrio y caen, se reúnen y caen; y el mundo entero parece estar diciendo "eso es todo" cada vez con más fuerza, hasta que incluso el corazón del cuerpo que está tumbado al sol en la playa dice también "eso es todo". 
 “…Lo que a ella le gustaba era, sencillamente, la vida”.
 “A él no, no le gustaban las coles, dijo Peter”
Virginia Woolf (La señora Dalloway)

miércoles, 8 de octubre de 2014

Piedras en el vientre (Jon Bauer)

Piedras en el vientre (Jon Bauer)
Editorial Minúscula
358 páginas

Antes le contaba a la gente que era un niño de acogida. De pequeño se lo decía a todo el mundo, hasta que se empezó a grabar en la mente como si fuera verdad. Una verdad que sigue ahí y que me impide tomar parte en mi vida.
Antes le contaba a la gente que era un niño en acogida, aunque en realidad era el único en casa al que no habían acogido. Y ahora que se supone que soy adulto, todo sobre mí es de acogida: mi país, y también la historia que le cuento a la gente. 
A ver si me explico. Esta es la historia de un niño desgraciado pero cuando digo desgraciado no me refiero a sus circunstancias, que sí, que sus padres acogen a otros niños en casa. Niños cuyas familias por algún motivo fallan y no tienen lugar y entonces padres, como los de este niño que menciono, se los llevan a casa durante un tiempo ofreciendo calor de hogar. Padres, por tanto, sensibles con la infancia, dispuestos a echar una mano y que como no puede ser de otra, dividen su atención entre el hijo biológico y el menor acogido. 

No cabría esperar de progenitores así una falta -aunque las tengan, como todo hijo de vecino-  al final se hace lo mejor que se puede, los hijos no vienen con manual de instrucciones. Y el protagonista es desgraciado ¿por qué? porque no existe peor desgracia que la incapacidad para ser feliz. Qué difícil se lo pone o se lo ponen o vete tú a saber. Los juicios de valor planean depurando responsabilidades. 

No hay buenas y malas personas, solo personas que hacen cosas buenas y personas que hacen cosas malas. Todos podemos pasar de un grupo a otro así, como si nada. 

Tengo cierta debilidad por las lecturas sobre niños que rompen el molde y esta es una novela sobre celos infantiles en el sustrato. Vamos a conocer al protagonista en capítulos alternos, a la edad de ocho y veintiocho años. 

El adulto vuelve a casa para cuidar a su madre que está enferma, no solo a nivel físico, sino que afecta a su lucidez. Los papeles se invierten y es la oportunidad de arreglar rencillas pasadas. Por el contrario, más que una reconciliación, volver a casa es un viaje al pasado y al recuerdo de Robert, el último chico con el que tuvo que convivir.  Además se dedica a meterse en líos y hacer un rato el imbécil claramente (es que a veces lo hubiera estampado). La culpa pesa en su conciencia pero también el rencor y cierta inocencia, a fin de cuentas no era más que un niño.

¡Y qué niño! Una arrolladora narración de la mente infantil. Pasando de los esquemas mentales del juego y cariño a miedos infantiles como el de la muerte de los padres, todo aderezado por unas serpientes que reptan por el bajo abdomen cuando la atención no la tiene consigo. Este niño es cruel pero también el primer damnificado por sus sentimientos y redimido por sus ternuras. El peso de estos capítulos termina por ser lo más inquietante de la novela. No quedas impasible y se torna muy real, los he conocido. 

Tengo dos puntualizaciones que hacer que no eximen su lectura. La primera y frecuente es sentirme más interesada por uno de los hilos temporales que utiliza Bauer. En la vida adulta creo que sobran cosas, lo principal es en quién se ha convertido y a veces la borrachera nos alarga un poco la historia. Además, creo que se pasa de rosca, no sé, supongo que en el fondo no quiero creer que se convierte en una persona como esta. La otra es el desenlace, ya sé, llegados a este punto parece que siempre pongo pegas pero es que pierde fuerza. Toda la energía contenida previamente parece irse por el sumidero. No digo que tenga un mal final sino que después de todo esperaba algo más deslumbrante. 

Escrita con agudeza emocional, trazas de humor bastante lúgubre pero sobre todo construida a base de imágenes y gestos entre sus personajes. Piedras en el vientre es un folio que se desliza produciendo un corte en la yema, tajo despiadado pero hasta cómico. El estilo de Jon Bauer me ha arrastrado casi a la hipnosis, más si cabe al pensar en una primera novela y me da pena que el final no haya estado a la altura o que en el balance global piense en cierta descompensación porque ha merecido la pena. Cierras el libro sin tener muy claro tus sentimientos hacia el protagonista, ni hacía su madre, esta zozobra siempre me hace estancarme y dar vueltas a la noria. Como decía, la editorial minúscula se hace mayúscula para darme un dolor de barriga. 
"No sé por qué estamos aquí. Los seres humanos. Y eso me pone realmente triste. Siempre se lo pregunto a mamá y a papá, se encogen de hombros y me dan respuestas escuetas como "Porque estamos aquí y punto", o "Vete a ordenar tu cuarto". 
Pero no saberlo me desquicia un poco. Tiene que haber un motivo pero no lo encuentro por ninguna parte, incluso se lo pregunté a Papá Noel cuando me senté en su rodilla, aunque sé que en realidad es un tipo cualquiera." 
Jon Bauer (Piedras en el vientre)

lunes, 6 de octubre de 2014

La verdad y otras mentiras (Sascha Arango)

La verdad y otras mentiras (Sascha Arango)
Editorial Seix Barral
312 páginas

Uno debe estar preparado para todo, siempre atento para distinguir el indicio decisivo entre la masa amorfa de la cotidianidad

1. El juego

Me toca contar La verdad, esa que debería ser dicha con letras mayúsculas, a fin de cuentas a nadie le gusta saberse engañado, es una cuestión de respeto pero hacer la vista gorda por ciertos objetivos nos hace callar, por eso prefiero lo esotérico. ¿Es tan necesario llegar al fondo de las cosas? Yo creo que no. La vida ya pone suficientes obstáculos como para ser tan puristas. Haz el bien y no mires a quien. Honor Eisendraht en lo que pueda ayudarles. Esta es la verdadera historia. 

Pasé más de veinte años sentada en aquella oficina como para que vengan con camelos ¡a mí!. Quien lo sabe o intuye y cree en el poder de las señales invisibles. Ante las dudas consulto las cartas, las únicas que nunca mienten, ya me lo dijo la torre, arcano mayor XVI del tarot, se avecinaban cambios, destrucción y nuevo comienzo. 

Aquel aroma mugriento-muguete de Betty apestaba, el día que se llevó toda la gloria le habría arañado la cara. De modo que tuve que tomar cartas en el asunto y hacer mis propias averiguaciones, no siempre lícitas pero afortunadas. Los misterios se resuelven abriendo cajones pero también en la coincidencias casuales, los observaba. 

Supe que algo tenían Betty -con esa paliducha cara a la salida del hotel- y Henry Haiden, un señor absolutamente fabuloso, de aspecto atlético, disciplinado y franco autocontrol. Su mujer Martha había pescado un artista, no todas corremos la misma suerte, escritor nada menos. Típico lío con su editora. 

Rabia me produjeron las náuseas del embarazo de Betty que ni en estado disminuía su costumbre de tratarme como la criada. Sinceramente, me bastó saberlo. Por aquel entonces solo quedaba creer en las mentiras a medias y ocuparme de mis propios asuntos. Para conocer los de otros pregunten a los interesados. Sin ir más lejos a Henry, él sabría explicarles, siempre tuvo el don de la palabra. 

La verdad está sobrevalorada, al final tú eres la secretaria y yo el escritor. Casi mejor os pasáis por aquí y os cuento como ha sido todo.
Y tú un innombrable sin escrúpulos pero el tiempo pone a cada cuál en su sitio, encontraré el que me corresponda, a fin de cuentas ¿qué es una verdad sino la negación de tus mentiras, Escritor?. 
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2. La novela

Sascha Arango es un guionista televisivo alemán, La verdad y otras mentiras su debut y Henry Haiden un personaje ficticio o así lo esperamos. El argumento nos plantea un trío amoroso, la esposa Martha, la amante Betty y el embarazo indeseado a partir del cual arranca el disparatado periplo de su protagonista, saltándose a la torera todo lo dicho sobre que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, porque de eso también tenemos, accidentes, embustes, disfraces de la verdad y comadrejas que muerden.

La propuesta esta vez se dirige a pasar un rato divertido, mezcolanza de ingenio, literatura, crímenes y humor, con un señor bastante indeseable al que terminas por coger cierta estima. Una autopsia al aroma de una cuatro estaciones.


Los mentirosos saben que, para que resulte convincente, cada mentira debe contener una dosis de verdad. A menudo basta con unas gotitas, pero es algo tan imprescindible como la aceituna en el Martini. 

(Sascha Arango, La verdad y otras mentiras) 

PD: Me encanta la portada. Me pasó totalmente desapercibida. Verla en la librería y ni darme cuenta. Menos mal que nadie me habló de esta novela, en caso contrario habría sido capaz de elegir e incluso leerla en un trasnoche, sabiendo que era así ¿o no? Mientras leo, pierdo el norte ;-) Gracias por los ratos. 

miércoles, 1 de octubre de 2014

Resumen septiembre 2014

Fue así. Hice una lista:



De los imperdibles o eternamente pendientes: 


Empecé bien o muy bien leyendo a la par que reseñando Johnny cogió su fusil y Las uvas de la ira. En el lado oscuro de la no publicación A sangre fría que imagino verá la luz en algún momento.


De los antojos:


Dejaría de ser una misma si escaseara mi interés por otros títulos en las visitas al estante y esos fueron: De ratones y hombres, Los bienes de este mundo y La señora Dalloway. Incluidos en los de ya era hora. Antojos, sí, pero dentro del marco de los imperdibles, ojo, que no me había desorientado del todo (aunque no estaban en la lista)

La señora en cuestión ha recibido algunas palabras, Némirovsky ya fue comentada y respecto a Steinbeck aún no me he sentado a hablar sobre esta obra, no por falta de méritos, es un libro breve, contundente y directo a la rumiación. 


De las novedades:

Pocas para todos los recién llegados, de ahí mi desazón, dejaran de ser novedad de aquí a que yo abarque pero lamentos los justos y caprichos... Galveston, La verdad y otras mentiras y La vida muerta. De este último lo que más me ha gustado es la portada, una serie de tramas muy interesantes para no llevarme más que en una dirección, enfadar como hacía tiempo, ocupa este mes el patinazo lector con méritos, no digo que la prosa de Martín Sotelo no sea un reclamo pero no lo suficiente. De Sascha Arango y su primera novela os hablaré en breve, una grata sorpresa. 

De los rescatados:



En digestión ando con Piedras en el vientre (Jon Bauer) de la editorial minúscula que se hace mayúscula para darme un dolor de barriga. Un hijo celoso de la atención que su familia profesa a otros chicos acogidos en su casa. El tema lo rehuyo como la peste pero las primeras página me sentaron en la silla y no hubo forma humana de abandonar aquella historia. Hay autores que solo necesitan descorrer la cortina, de esos. 

En la despedida de septiembre uno de mis grandes deseados/pospuestos: La parte inventada de Rodrigo Fresán acompañante sempiterno en la última quincena. 
Un libro (im)personal y autorreferente y con tantos guiños para connoisseurs y momentos maravillosos detenidos en el tiempo que empiece y acabe pareciéndose a un rostro golpeado por un maremoto de tics, ahogado por un tsunami de tic-tacs: como la voz secreta de alguien desesperado por decirnos algo pero que no puede pronunciar palabra, porque su lengua está trabada, porque su lengua de pronto habla en la más extraña de las lenguas. 
Un libro que hable otro idioma, el suyo, pero también te diga: "OK, de acuerdo, no me entiendes ahora pero vas a aprender, porque yo te voy a enseñar a entenderme. A ver: empecemos por el final...".
Sirva de muestra. Inclasificable este viaje a la mente del escritor brillantemente escrito y repleto de asuntos, digresiones, referencias, zonas áridas, ensueños, mil cosas que lo hacen difícil de recomendar, no me pongáis en la tesitura. Uno de los temas transversales es la literatura misma. Me lo he pasado muy, muy bien leyéndolo, divertido, estimulante, llegando a reír, mirar por encima del libro y pensar si me estaba volviendo loca. Intuyo que marcará un antes y un después en mi vida lectora por algunos iluminados motivos. En cuanto a la reseña, sinceramente no sé si encontraré valor.

De mis conclusiones:

No, si en realidad quería leer otros títulos :/ 

Alguna lectura veraniega propina coletazos entre reseñas a publicar y la omisión de otras tantas que pretendo enmendar no sé como. 

De octubre:
Te esperaba septiembre como si no tuvieses fin, te has portado aunque yo no tanto. Deseaba coger a todos los tapa dura, portada blanda, letra grande, manejero y en el bolso te llevo pero habría necesitado que tus días lucharan con las horas, un colapso. Docena y media de candidatos ligados a salidas intempestivas, visitas proyectadas y ratos por sorpresa eran demasiado para un mes con otro tipo de asuntos, solo me queda un ruego, dile a octubre que tenga consideración por todo lo que empieza y el tiempo que me resta. Bendice mi rutina con tu llovizna, empuja la permanencia bloguera y revitaliza este cuerpo demente. Otoño.