martes, 28 de junio de 2016

El pony colorado (John Steinbeck)

 
 
Me gusta Steinbeck, suena a obviedad, lo contrario se me hace casi imposible, es decir ¿a quién no le gusta? Vale, vale, ya sé que para gustos colores y tonos existen muchos. La cuestión es que para mi es apuesta segura, no lo digo tanto por lo que venga a contarme, que bien, si no por como viene a contarlo. Este es el caso que nos ocupa, un libro que no llega a las ciento cincuenta páginas en el que conocer algunos retazos de vida de Jody Tiflin, un niño de diez años.
 
Para ello abre la lectura un prólogo firmado por José Luis Piquero que nos recuerda el peso y ejemplos de libros iniciáticos, porque de eso versa, de partidas y llegadas, de niños que dejan de serlo para comenzar ese otro momento en el que la ingenuidad se esfuma. Nos advierte que se trata de un volumen de relatos pero debo aclarar que no dejan de ser historias interrelacionadas que podrían entenderse como continuidad, en total cuatro. Al paso.
 
El regalo se centra en la llegada de Gavilán , un pony colorado que insuflará de energía y responsabilidades al pequeño Jody. Steinbeck nos introduce en el rancho de los Tiflin, conociendo a una madre atenta, un padre intolerante a la debilidad aunque no por ello menos vulnerable y a Billy Buck, un bracero que allí trabaja y que desempeñará un papel decisivo en este relato. Como digo, esta primera historia supone rasgar la ingenuidad infantil y dar un paso decisivo en el camino hacia ser adulto. Claro está, es un aprendizaje y estos muchas veces vienen acompañando de lecciones algo difíciles de asumir. Al trote.
 
Intercalado, Steinbeck nos habla de Las grandes montañas, Gitano viene desde lejos para infundir promesas donde habíamos instalado la pérdida. Sin embargo surgirán desavenencias sobre todo por parte del padre, ese que se nos muestra receloso pero también protector. La cualidad del extraño es proyectar en Jody algunas preguntas de tintes esperanzados.  Quizá encuentre algo más allá, quizá también se relacione con el título de la tercera historia. La promesa. Al galope.
 
A nivel simbólico este relato nos retorna al punto de partida, si existen las segundas oportunidades esta puede ser una tan buena como otra cualquiera. Termina con algo más de vida pero con la desazón que festeja. Steinbeck vino a vislumbrar los sinsabores de hacerse adulto, todo tiene precio, incluido el de creer que las promesas se cumplen. Impresiona la brusquedad pero sobre todo recrea la imagen del pago y el como a veces, por cumplir nuestra palabra, llegamos a adoptar medidas drásticas.
 
Algo desangelados salimos para conocer a El guía de la expedición, si nos hemos centrado en ese paso niño-adulto, en este tapiz se nos dispone la vejez, con su ternura y soledad, sus tiempos memorables pero sobre todo con la negociación de la propia historia. En mi opinión el más bucólico de todos y el que nos invita a cerrar el libro con la amabilidad como reconciliación con la vida.
 
Lo decía al inicio, leer a Steinbeck es placer, este conjunto inclusive. Por tener una comparativa, este libro me recuerda a los pasajes más bucólicos de Al este del edén pero a la precisión de De ratones y hombres aunque con menos fuerza en su desenlace y más arrullo al que regresar, para mirarse,  sabiendo que la vida está en movimiento.  
 
Una lectura en el valle de las Salinas, no falla,  con su naturaleza humana para atisbar al hombre que suscribe, ya que contiene retazos autobiográficos. En definitiva, para disfrutar de esa cadencia y buen hacer tan característica del Nobel.
 
—No hay donde ir, Jody. Todos los sitios están ya cogidos. Pero eso no es lo peor… no, no es lo peor. La pasión de ir hacia el oeste ha muerto en las personas. Ir hacia el oeste ya no es un ansia. Ya se ha acabado. Tu padre tiene razón. Se ha terminado —entrelazó sus dedos en la rodilla y los miró.

Jody se sintió muy triste.

—Si usted quiere un vaso de limonada yo se lo haré.

El Abuelo estaba a punto de rehusar cuando vio la cara de Jody.

—Eso sería estupendo —dijo—. Sí, sería estupendo tomar una limonada.

 John Steinbeck (El pony colorado)


martes, 21 de junio de 2016

Los ángeles de hielo (Toni Hill)


Aquí viene otra reseña de Los ángeles de hielo. Por lo poquito que he asomado a blogs es un libro que deambula bastante. Bien, primero decir que se trata de la primera novela de Toni Hill que leo. Fue inevitable sucumbir si, como es mi caso, dos amigas se ponen a comentarlo vía whatsapp haciendo caso omiso a tu presencia (vale, en su descargo decir que spoilers no hubo). La cuestión es que ambas estaban tan encantadas que me picó la curiosidad. Por si aquello no resultaba suficiente el autor vino a la ciudad y una de estas viejas amigas (que no, mujer, que eres una pipiola...), encantada con sus otras historias, decidió entrevistarlo. Resumiendo, que fui a la presentación y que me regalaron el libro (gracias, Marina). 

¿Qué nos contaron en esa presentación? Poco, como debe ser para salvaguardar la intriga de un libro de estas características. Como cada cual se queda con lo que le interesa, os cuento lo que me llamó la atención a mi. ¡Resulta que esta obra alberga guiños a Jane Eyre!, una historia que  siempre me ha hechizado. Además está ambientada en una Barcelona con tintes góticos y un pueblecito que... bueno, en cuanto a su argumento os puedo anunciar que no es de una originalidad pasmosa. Voy.

Un edificio se las pinta de enigmático cuanto menos. Dos momentos temporales, 1909 con un colegio para niñas a cargo de Águeda Sanmartín directora y autora de un diario que iremos leyendo;  1916, mismo edificio, distintos huéspedes. Personas aquejadas de algún problema de salud mental. Será un joven psiquiatra, Frederic Mayol, el que cargue con el peso protagonista para esta parte de la lectura. 

El libro está dividido en cuatro partes y cuenta con un prólogo e introducción que nos irán situando. Se compone de distintas voces narrativas de las que prefiero no hablar para las descubráis solitos/as (si es de noche, mejor). Es una novela poblada de personajes secundarios a los que atender para seguir las pesquisas del joven Mayol. Están retratados lo suficientemente como para hacernos idea de su carga psicológica. 

A destacar que Toni Hill recrea muy bien las escenas, originando estampas bastante nítidas de diferentes momentos en la lectura. Para ello se sirve de descripciones que no me han parecido excesivamente recargadas aunque sí detallistas. Me quedo sobre todo con la construcción de la novela y los artificios que utiliza Hill para embaucarnos, se percibe bagaje en el oficio. 

Opino que la mejor parte es el diario de Águeda y cuando terminó de contarnos su versión de algunos hechos me dio pena que no hubiese más. Si me pongo pejiguera añado que la última parte del libro me ha parecido algo más lenta. Como decía algo más arriba la historia no se caracteriza por su originalidad pero el autor oferta bastantes giros en la trama, como para mantenernos en su territorio. Está muy cuidada respecto al uso del lenguaje. 

Se trata de una novela para dejarse envolver, que utiliza algunos de los imaginarios que nos tocan la tecla para engancharnos. Promete unas dosis de desazón e inquietud hasta resolver sus misterios. Una lectura que me ha hecho disfrutar bastante y con la que descubro a un autor al que seguir la pista. 

"—Nosotros ofrecemos consuelo porque no aclaramos nada. Nos limitamos a escuchar y comprender. Ustedes, en cambio, son una pandilla de presuntuosos que están por encima del bien y del mal. ¡Comprenda, doctor, comprenda y déjese de aclaraciones! Antes... —Tuvo que detenerse para recobrar el aliento—. Antes me ha preguntado qué es lo que le afecta al alma hasta el punto de enfermarla. Pues es esto, doctor, exactamente esto. La incomprensión."
Toni Hill (Los ángeles de hielo)

miércoles, 15 de junio de 2016

Leer en verano




Ya era hora de ir retomando buenas costumbres. Actualizar, leer y bloguear. Hace mucho calor estos días, demasiado, excesivo, no ha llegado el verano de modo oficial pero lo sabemos…, se nota, se siente, el tío está presente.

En verano los libros que me apetecen suelen ser ligeros, entretenidos, de los que enganchan y se desplazan conmigo a cualquier parte. También llevo el Kindle, el básico, el que tengo. Aunque, pensándolo bien, a cualquier parte no, a la playa no.

Para la playa prefiero libros en papel. Esta es una versión mejorada de mi yo lector. Antes ni se me ocurría pisar la arena con un ejemplar. Tiraba de revistas, las más horteras del momento. Perdía agua y tiempo con personajes de otro tipo, lo hacía, ejem, por aquello de no manchar mi libro. Era una friki de manual, porque ya se puede ser friki de lo que quieras, cada cual con sus defectos.

Cambié. Todo a colación de que bajo la sombrilla, con los grados pertinentes, la brisa marina, las gafas de sol y la revista por parapeto, si asomabas, como quien no quiere la cosa, a otear, averiguabas que en ese conglomerado de seres cubiertos de protector solar existen lectores. Sí, de ahí el dilema moral. No se puede ser voyeur de libros y no llevar el tuyo. Las contorsiones que efectúas para discernir de qué título se guarece bajo sombrilla ajena no son fáciles de ocultar. De modo que el Kindle para la piscina y mi pregunta a la vecina ¿existirán más lectores playeros que lectores piscineros?


Yo por comodidad diría que mejor lo segundo, sí, la arena me sigue molestando, no tiro de versiones ilustradas ni similar, me llevo lo que quiero, lo cuido como puedo y a disfrutar. 

martes, 12 de abril de 2016

H de halcón (Helen Macdonald)


En dos meses, creo, termina mi trabajo en la universidad. En dos meses no tendré despacho, ni universidad, ni salario, ni hogar. Todo será distinto. Pero, creo, todo es distinto ya. Cuando Alicia entró en la madriguera del conejo y llegó al País de las Maravillas, cayó tan lentamente que pudo agarrar cosas de los armarios y estanterías de las paredes, o mirar con curiosidad los mapas e imágenes que pasaban a su alrededor.
Nada es casual, aunque como me chirría prefiero decir: Las cosas llegan cuando tienen que llegar, en el momento justo, en el instante oportuno. Es una manera de aceptar lo que viene y también de satisfacernos cuando la dichosa casualidad se adhiere a ti, como si, de alguna manera, esas palabras hubiesen sido escritas, pensando, ¿por qué no? en que alguien en la otra punta del planeta, quizá tú, necesitara escucharlas (que se dice, leerlas) para despegar la vista del libro o simplemente, empezar a volar. 

Esta es la historia de Helen Macdonald escritora, poeta, ilustradora, historiadora y profesora,  además de una experta en cetrería, además de la hija de un padre fallecido. También es la historia de un antecedente, un personaje oscuro (T.H. White), con tendencias algo excesivas e incluso a la crueldad. Alguien que por medio de su memoria y experiencia dará un respiro a Helen al leer un libro suyo (El azor). Lo extremo para volver al medio. La equidistancia. 
Hay un tiempo en la vida en que esperas que el mundo esté siempre lleno de cosas nuevas. Y luego llega el día en que te das cuenta de que no será así en absoluto. Ves que la vida se convertirá en una cosa hecha de agujeros. De ausencias. De despedidas. De cosas que estuvieron allí y ya no están. Y te das cuenta además, de que tienes que crecer alrededor y entre los vacíos, aunque si alargas la mano hacia donde estaban las cosas sientas esa tensa, resplandeciente opacidad del espacio que ocupan los recuerdos.   
Es una lectura donde el paisaje ordinario se transforma en milagroso, es decir, de unas descripciones brutales. Lo curioso realmente es que Macdonald expone muchos conocimientos técnicos de cetrería y aunque soy una absoluta lega en la materia y el tema a priori no me interesa especialmente, consigue que lo dejes estar. Recalco este aspecto pero tiene de bueno, de muy bueno, cierto hipnotismo por lo personal. Lo que le falta para ser brillante es insistir en la mirada interior y tiene de malo, que cuando lo hace es tan sublime que al pasar lo echas en falta. 

Este libro nos recuerda que el duelo está analizado, las fases establecidas pero lo súbito nos hace trastabillar, el segundo antes de, lo posterior a. Pese a las tendencias generalista que ordena el mundo y apacigua la necesidad de control, lo cierto y verdad es que cada cual es un mundo y cada mundo gestiona la pena según puede y llega. En H de halcón asistimos a los cambio emocionales de su autora, primero y principal, porque una llamada le informa de que ha muerto su padre y segundo y no menos importante, a la relación del primer año de adiestramiento de un ave rapaz. Hay dolor pero también dosis de liberación. 

La pregunta que se instala es cómo acaba, qué determina el fin. En el tránsito experimentamos un equilibrismo entre lo salvaje y la humanidad. Este tipo proyección y de relación diferente es a considerar. Mabel, el azor que entrena, no es un lindo gatito o un perro bonachón, se trata de un ave de caza, dispuesta a descuartizar, matar y batir alas como si tal cosa. Quien observa, su testigo, puede experimentar sensaciones encontradas o incluso mimetizarse en el momento. Helen descontrola, vadea, regresa y vuelve, conectando poco a poco con el resto de "seres de su especie" y no por ello lo atávico deja de actuar. 

H de halcón ha cosechado buenas críticas pero no creo que sea del uso y disfrute de cualquier lector, es lenta, busca introspección, es rara y yo cauta. Me encandiló esta novela, por singular, por todos los fragmentos que me llevé escritos y por la múltiple y sencilla casualidad de llegar en el momento justo. 
Que el mundo está lleno de señales y maravillas que vienen y se van, y si tienes suerte puedes llegar a verlas. Una vez, dos. Quizá nunca más. Los álbumes de las estanterías de mi madre están llenos de viejas fotografías de familia. Pero también de otras cosas. Un estornino con un pico torcido. Un día de escarcha y humo. Un cerezo cargado de flores. Nubes de tormenta, rayos, cometas y eclipses: acontecimientos celestiales aterradores en sus ciegas distancias pero que también te aseguran que el mundo permanecerá, aunque tú seas solo un parpadeo en su camino.
Helen Macdonald (H de halcón)

martes, 5 de abril de 2016

Historia de un canalla (Julia Navarro)


Es importante empezar esta reseña comentando que es el primer libro de Julia Navarro que leo. Lo es porque no puedo comparar. Como sabrá la mayoría de los que por aquí asoman se trata de su última novela y supone un cambio de registro. Cambios. Entre otras consecuencias, cambiar supone arriesgarse a que a los lectores asiduos no les haga ni pizca de gracia. Puede suceder al contrario, que entre sorprendidos y conformes se acepte e incluso se aplauda. A mi me parece genial que una, como autora, se permita estos lujos, pero a lo que voy, siendo primeriza Historia de un canalla me ha supuesto leer un libro extenso sin desfallecer pero también me ha servido darme cuenta de algunas cosas que no. De todo se aprende, así que allá vamos. 

Thomas Spencer, como todo canalla, empieza sus fechorías desde bien temprano. El libro desglosa en cuatro partes la vida del susodicho, infancia, juventud, madurez y declive. El lector comprueba como lejos de aprender o enmendarse ante las numerosas vicisitudes a las que enfrenta, el buen hombre, por decir algo, siempre se polariza en hacer lo menos conveniente. 

No satisfecha con ello, Julia Navarro, en determinados momentos se permite introducir fragmentos en cursiva de cómo podía haber actuado de forma más humana/correcta/normal. Esta particularidad me hace pensar en dos cuestiones: 1. Que el tipo sí sabe hacer las cosas bien pero no quiere y puestos a ello lo repugnas con mayor facilidad y 2. Que aunque este tipo de intervenciones son menores conforme avanza y hechas sucesivas veces, no resultan necesarias. ¿Motivo? No aportan más comprensión a la psicología del personaje. Es un cabrón, lo captamos, y así seguirá siendo, per sécula seculórum. Puede que el lector sea un alma cándida que crea que sí pero el título lo anuncia, no hay enmienda.

La novela, que está narrada en primera persona, se lee sin dificultades pero con algunos tropiezos. Cuando el protagonista se embarca en alguna empresa profesional puede resultar excesivo el metraje. Esto me ha ocurrido hasta en tres ocasiones. Se salva porque se reconduce pero teniendo en cuenta que la novela roza la friolera de las novecientas páginas me parece importante valorar el tiempo -partido- utilidad de la información. Bien.Todo no va a ser malo, o sí, teniendo en cuenta los temas.

Un aspecto a destacar es que mantener la tesitura de un protagonista odioso, un verdadero antagonista, con el que no vas a empatizar ni mjita, pero que calibraras como humano (porque se supone que lo es) es todo un desafío. ¿Lo consigue? Diría que a medias, me ha recordado al magnífico Frank Underwood de la seria Hosuse of cards (del que tengo pendiente la primera novela) pero con una salvedad, que es la que echo en falta. Thomas Spencer da muchos bandazos, me falta una estructura que explique sus decisiones. Se atisba, en una difícil relación con la madre, unos celos enfermizos al hermanos, sí, vale, pero al final queremos creer que es un canalla por decisión personal y no por trastorno emocional. En este segundo caso para mi se caen las máscaras. 

Ahora viene la pregunta del millón: ¿la recomiendas? o más acusativa ¿y para qué lo lees o lo reseñas o te has mantenido leyendo o...? Pues porque es francamente entretenido y lo he acabado, cosa que no me pasa con los libros últimamente. Aborda aspectos sobre los que suelo leer con menos frecuencia como los tejemanejes políticos, el manipulación de la prensa, la lucha por destacar y el pese a quien le pese. Todos muy actuales y bien retratados. La novela se sitúa entre Nueva York y Londres, pasando por Madrid. Los lugares resultan importantes y se vinculan al personaje, esto me ha gustado especialmente. Las mujeres no salen bien paradas a manos de este señor y esto también influye (a que te caiga aún peor si cabe). Se percibe una soltura y un bagaje en la autora, eso también, y me despierta curiosidad respecto a sus otras obras. Así que dejo la ventana abierta a que me recomendéis alguna. 

En definitiva, que me ha servido, entretenido y el tipo me parece lo suficientemente impresentable como  ponerlo de vuelta y media sin el menor asomo de culpa. Con un final que se ajusta a lo que el lector escoja y puestos a ello, para mi, a rendir justicia. 

Hace tiempo que descubrí que los otros no te ven por cómo eres, sino por lo que representas o tienes. Las mismas canas, la misma piel grisácea serían contempladas con indiferencia o incluso con  asco si sólo fuera uno de esos seres anónimos que te encuentras en cualquier rincón de la ciudad. 
Julia Navarro (Historia de un canalla)

martes, 29 de marzo de 2016

Dalton Trumbo (Bruce Cook)


Estamos ante una biografía, la de Dalton Trumbo, contamos con un aliciente, pronto se estrenará la película en España. La cuestión es ahondar sobre de quien se trata. 
"[...] su humor áspero, su dureza y su desdén por las fáciles expresiones de interés que todos nos creemos obligados a usar en tales casos." 
Dalton Trumbo fue guionista y como tal descubrimos su participación en multitud de películas como El Bravo, Espartaco o Vacaciones en Roma. Pero también fue director y se montó su propia película, me explico. Trumbo soñaba con ser novelista y llegó a publicar una obra de gran repercusión: Jonnhy cogió su fusil. La historia y título surgen en respuesta a la llamada de jóvenes para la gran guerra en Europa y sus consecuencias. 

Joe Bonham, el protagonista de la novela, nos relatará la experiencia desde una situación extrema (ciego, sordo, mudo y sin extremidades). La historia antibelicista por excelencia que ya recomendé fervientemente aquí, que esta misma editorial (Navona) reedita e incluye en su catálogo, que fue llevada al cine y de la que, como decía, Dalton Trumbo fue su director. 

"la composición de Jonnhy cogió su fusil se le presentó a Dalton Trumbo como una serie de problemas técnicos que tenía que encarar y resolver. Y quizá eso fue lo mejor, porque si se hubiera permitido sumergirse totalmente en la realidad dramática de un tema con tal carga emocional, habría tenido la tentación de incurrir en excesos pasionales -sensiblería o ira- y el libro que sería Jonnhy nunca se habría escrito tal como fue" 
Guionista, director y escritor ¿qué más? 

Bruce Cook, periodista fascinado por la persona de Trumbo y el momento que le tocó vivir, nos ofrece en esta lectura una labor titánica de documentación. Lejos de centrarse exclusivamente en las fuentes bibliográficas, Cook se persona ante los protagonistas de la historia, habla con Trumbo, con su esposa, amigos, colegas, compañeros, quienes estuvieron ahí y quienes fallaron. Como resultado estamos ante un texto vital pero también homogéneo y coherente. Construido a base de entrevistas y fortalecido por el rigor. No hay ánimo de mostrarnos a Trumbo como alguien ejemplar sino como el que fue. ¿Y quién fue?

Un hombre al que en 1947 el comité de Actividades Antiamericanas llamó a declarar junto a otras personalidades del cine y que rechazó afirmar o negar ser del partido comunista. Trumbo pasó casi un año preso a consecuencia de ello, no siendo suficiente, a su salida tuvo que ocultar su identidad para seguir trabajando. ¿Esconderse de qué? De una caza de brujas en pleno Hollywood que le llevó a trabajar bajo seudónimo durante largo tiempo. Esto le ocurrió tras muchos esfuerzos para alcanzar cierto éxito profesional y con una familia a cargo que también le costó lo suyo. Como digo, fue encarcelado, liberado y en lugar de encontrar un sitio al que volver, tuvo que huir y malvivir o vender parte de su talento firmando bajo seudónimo obras y bosquejando otros medios para salir al paso.

Aunque parezca que con esto se cuenta todo, nada más lejos de la realidad, encontraremos anécdotas cinéfilas y nos dejaremos llevar, eso es lo que consigue el texto, que sigamos leyendo. Bajo cualquier prisma se considera que Trumbo tuvo una talla moral, un talento inusual y en señor carácter, llevando a gala tales características hasta las últimas consecuencias. Como pegas mencionaré una, no dejarse cosas en el tintero, lo que supone un sinfín de pormenores que pueden no ser del interés del lector (ya se sabe, la minuciosidad de contar los detalles) pero de lo que no cabe duda es que aportan una perspectiva no solo de Trumbo sino de como desarrolló un suceso histórico. Una biografía fascinante que lejos de aburrir nos habla del resurgir de las cenizas, de un tiempo que no resulta lejano, de las consecuencias de elegir. 

"Él creía apasionada y profundamente en los finales felices." 
Bruce Cook (Dalton Trumbo) 

viernes, 25 de marzo de 2016

#40 Cajón desastre: Por los cuatro

Dylan y yo hemos llegado a un consenso. Después de cierto tiempo no nos parece adecuado pasar sin pena ni gloria por el día en que Cuentalibros abrió. No vamos a organizar una fiesta pero sí marcaremos una señal en la bitácora. Por los ratos compartidos, las lecturas descubiertas y quienes continúan de algún modo pendientes. El blog ocupó y ocupa una parte de vida a la que no renunciamos. Nos gusta este silencio porque nos da tiempo, nos facilita dedicarnos a otros menesteres y nos hace sentir libres, pero también os echamos en falta ¡como no! y queremos volver ¡y volveremos! más pronto que tarde. Hemos vuelto a leer ficción, creemos en las nuevas etapas y estamos cogiendo carrerilla. Solo falta el despegue, de momento: soplamos, por los cuatro.