martes, 12 de abril de 2016

H de halcón (Helen Macdonald)


En dos meses, creo, termina mi trabajo en la universidad. En dos meses no tendré despacho, ni universidad, ni salario, ni hogar. Todo será distinto. Pero, creo, todo es distinto ya. Cuando Alicia entró en la madriguera del conejo y llegó al País de las Maravillas, cayó tan lentamente que pudo agarrar cosas de los armarios y estanterías de las paredes, o mirar con curiosidad los mapas e imágenes que pasaban a su alrededor.
Nada es casual, aunque como me chirría prefiero decir: Las cosas llegan cuando tienen que llegar, en el momento justo, en el instante oportuno. Es una manera de aceptar lo que viene y también de satisfacernos cuando la dichosa casualidad se adhiere a ti, como si, de alguna manera, esas palabras hubiesen sido escritas, pensando, ¿por qué no? en que alguien en la otra punta del planeta, quizá tú, necesitara escucharlas (que se dice, leerlas) para despegar la vista del libro o simplemente, empezar a volar. 

Esta es la historia de Helen Macdonald escritora, poeta, ilustradora, historiadora y profesora,  además de una experta en cetrería, además de la hija de un padre fallecido. También es la historia de un antecedente, un personaje oscuro (T.H. White), con tendencias algo excesivas e incluso a la crueldad. Alguien que por medio de su memoria y experiencia dará un respiro a Helen al leer un libro suyo (El azor). Lo extremo para volver al medio. La equidistancia. 
Hay un tiempo en la vida en que esperas que el mundo esté siempre lleno de cosas nuevas. Y luego llega el día en que te das cuenta de que no será así en absoluto. Ves que la vida se convertirá en una cosa hecha de agujeros. De ausencias. De despedidas. De cosas que estuvieron allí y ya no están. Y te das cuenta además, de que tienes que crecer alrededor y entre los vacíos, aunque si alargas la mano hacia donde estaban las cosas sientas esa tensa, resplandeciente opacidad del espacio que ocupan los recuerdos.   
Es una lectura donde el paisaje ordinario se transforma en milagroso, es decir, de unas descripciones brutales. Lo curioso realmente es que Macdonald expone muchos conocimientos técnicos de cetrería y aunque soy una absoluta lega en la materia y el tema a priori no me interesa especialmente, consigue que lo dejes estar. Recalco este aspecto pero tiene de bueno, de muy bueno, cierto hipnotismo por lo personal. Lo que le falta para ser brillante es insistir en la mirada interior y tiene de malo, que cuando lo hace es tan sublime que al pasar lo echas en falta. 

Este libro nos recuerda que el duelo está analizado, las fases establecidas pero lo súbito nos hace trastabillar, el segundo antes de, lo posterior a. Pese a las tendencias generalista que ordena el mundo y apacigua la necesidad de control, lo cierto y verdad es que cada cual es un mundo y cada mundo gestiona la pena según puede y llega. En H de halcón asistimos a los cambio emocionales de su autora, primero y principal, porque una llamada le informa de que ha muerto su padre y segundo y no menos importante, a la relación del primer año de adiestramiento de un ave rapaz. Hay dolor pero también dosis de liberación. 

La pregunta que se instala es cómo acaba, qué determina el fin. En el tránsito experimentamos un equilibrismo entre lo salvaje y la humanidad. Este tipo proyección y de relación diferente es a considerar. Mabel, el azor que entrena, no es un lindo gatito o un perro bonachón, se trata de un ave de caza, dispuesta a descuartizar, matar y batir alas como si tal cosa. Quien observa, su testigo, puede experimentar sensaciones encontradas o incluso mimetizarse en el momento. Helen descontrola, vadea, regresa y vuelve, conectando poco a poco con el resto de "seres de su especie" y no por ello lo atávico deja de actuar. 

H de halcón ha cosechado buenas críticas pero no creo que sea del uso y disfrute de cualquier lector, es lenta, busca introspección, es rara y yo cauta. Me encandiló esta novela, por singular, por todos los fragmentos que me llevé escritos y por la múltiple y sencilla casualidad de llegar en el momento justo. 
Que el mundo está lleno de señales y maravillas que vienen y se van, y si tienes suerte puedes llegar a verlas. Una vez, dos. Quizá nunca más. Los álbumes de las estanterías de mi madre están llenos de viejas fotografías de familia. Pero también de otras cosas. Un estornino con un pico torcido. Un día de escarcha y humo. Un cerezo cargado de flores. Nubes de tormenta, rayos, cometas y eclipses: acontecimientos celestiales aterradores en sus ciegas distancias pero que también te aseguran que el mundo permanecerá, aunque tú seas solo un parpadeo en su camino.
Helen Macdonald (H de halcón)

martes, 5 de abril de 2016

Historia de un canalla (Julia Navarro)


Es importante empezar esta reseña comentando que es el primer libro de Julia Navarro que leo. Lo es porque no puedo comparar. Como sabrá la mayoría de los que por aquí asoman se trata de su última novela y supone un cambio de registro. Cambios. Entre otras consecuencias, cambiar supone arriesgarse a que a los lectores asiduos no les haga ni pizca de gracia. Puede suceder al contrario, que entre sorprendidos y conformes se acepte e incluso se aplauda. A mi me parece genial que una, como autora, se permita estos lujos, pero a lo que voy, siendo primeriza Historia de un canalla me ha supuesto leer un libro extenso sin desfallecer pero también me ha servido darme cuenta de algunas cosas que no. De todo se aprende, así que allá vamos. 

Thomas Spencer, como todo canalla, empieza sus fechorías desde bien temprano. El libro desglosa en cuatro partes la vida del susodicho, infancia, juventud, madurez y declive. El lector comprueba como lejos de aprender o enmendarse ante las numerosas vicisitudes a las que enfrenta, el buen hombre, por decir algo, siempre se polariza en hacer lo menos conveniente. 

No satisfecha con ello, Julia Navarro, en determinados momentos se permite introducir fragmentos en cursiva de cómo podía haber actuado de forma más humana/correcta/normal. Esta particularidad me hace pensar en dos cuestiones: 1. Que el tipo sí sabe hacer las cosas bien pero no quiere y puestos a ello lo repugnas con mayor facilidad y 2. Que aunque este tipo de intervenciones son menores conforme avanza y hechas sucesivas veces, no resultan necesarias. ¿Motivo? No aportan más comprensión a la psicología del personaje. Es un cabrón, lo captamos, y así seguirá siendo, per sécula seculórum. Puede que el lector sea un alma cándida que crea que sí pero el título lo anuncia, no hay enmienda.

La novela, que está narrada en primera persona, se lee sin dificultades pero con algunos tropiezos. Cuando el protagonista se embarca en alguna empresa profesional puede resultar excesivo el metraje. Esto me ha ocurrido hasta en tres ocasiones. Se salva porque se reconduce pero teniendo en cuenta que la novela roza la friolera de las novecientas páginas me parece importante valorar el tiempo -partido- utilidad de la información. Bien.Todo no va a ser malo, o sí, teniendo en cuenta los temas.

Un aspecto a destacar es que mantener la tesitura de un protagonista odioso, un verdadero antagonista, con el que no vas a empatizar ni mjita, pero que calibraras como humano (porque se supone que lo es) es todo un desafío. ¿Lo consigue? Diría que a medias, me ha recordado al magnífico Frank Underwood de la seria Hosuse of cards (del que tengo pendiente la primera novela) pero con una salvedad, que es la que echo en falta. Thomas Spencer da muchos bandazos, me falta una estructura que explique sus decisiones. Se atisba, en una difícil relación con la madre, unos celos enfermizos al hermanos, sí, vale, pero al final queremos creer que es un canalla por decisión personal y no por trastorno emocional. En este segundo caso para mi se caen las máscaras. 

Ahora viene la pregunta del millón: ¿la recomiendas? o más acusativa ¿y para qué lo lees o lo reseñas o te has mantenido leyendo o...? Pues porque es francamente entretenido y lo he acabado, cosa que no me pasa con los libros últimamente. Aborda aspectos sobre los que suelo leer con menos frecuencia como los tejemanejes políticos, el manipulación de la prensa, la lucha por destacar y el pese a quien le pese. Todos muy actuales y bien retratados. La novela se sitúa entre Nueva York y Londres, pasando por Madrid. Los lugares resultan importantes y se vinculan al personaje, esto me ha gustado especialmente. Las mujeres no salen bien paradas a manos de este señor y esto también influye (a que te caiga aún peor si cabe). Se percibe una soltura y un bagaje en la autora, eso también, y me despierta curiosidad respecto a sus otras obras. Así que dejo la ventana abierta a que me recomendéis alguna. 

En definitiva, que me ha servido, entretenido y el tipo me parece lo suficientemente impresentable como  ponerlo de vuelta y media sin el menor asomo de culpa. Con un final que se ajusta a lo que el lector escoja y puestos a ello, para mi, a rendir justicia. 

Hace tiempo que descubrí que los otros no te ven por cómo eres, sino por lo que representas o tienes. Las mismas canas, la misma piel grisácea serían contempladas con indiferencia o incluso con  asco si sólo fuera uno de esos seres anónimos que te encuentras en cualquier rincón de la ciudad. 
Julia Navarro (Historia de un canalla)

martes, 29 de marzo de 2016

Dalton Trumbo (Bruce Cook)


Estamos ante una biografía, la de Dalton Trumbo, contamos con un aliciente, pronto se estrenará la película en España. La cuestión es ahondar sobre de quien se trata. 
"[...] su humor áspero, su dureza y su desdén por las fáciles expresiones de interés que todos nos creemos obligados a usar en tales casos." 
Dalton Trumbo fue guionista y como tal descubrimos su participación en multitud de películas como El Bravo, Espartaco o Vacaciones en Roma. Pero también fue director y se montó su propia película, me explico. Trumbo soñaba con ser novelista y llegó a publicar una obra de gran repercusión: Jonnhy cogió su fusil. La historia y título surgen en respuesta a la llamada de jóvenes para la gran guerra en Europa y sus consecuencias. 

Joe Bonham, el protagonista de la novela, nos relatará la experiencia desde una situación extrema (ciego, sordo, mudo y sin extremidades). La historia antibelicista por excelencia que ya recomendé fervientemente aquí, que esta misma editorial (Navona) reedita e incluye en su catálogo, que fue llevada al cine y de la que, como decía, Dalton Trumbo fue su director. 

"la composición de Jonnhy cogió su fusil se le presentó a Dalton Trumbo como una serie de problemas técnicos que tenía que encarar y resolver. Y quizá eso fue lo mejor, porque si se hubiera permitido sumergirse totalmente en la realidad dramática de un tema con tal carga emocional, habría tenido la tentación de incurrir en excesos pasionales -sensiblería o ira- y el libro que sería Jonnhy nunca se habría escrito tal como fue" 
Guionista, director y escritor ¿qué más? 

Bruce Cook, periodista fascinado por la persona de Trumbo y el momento que le tocó vivir, nos ofrece en esta lectura una labor titánica de documentación. Lejos de centrarse exclusivamente en las fuentes bibliográficas, Cook se persona ante los protagonistas de la historia, habla con Trumbo, con su esposa, amigos, colegas, compañeros, quienes estuvieron ahí y quienes fallaron. Como resultado estamos ante un texto vital pero también homogéneo y coherente. Construido a base de entrevistas y fortalecido por el rigor. No hay ánimo de mostrarnos a Trumbo como alguien ejemplar sino como el que fue. ¿Y quién fue?

Un hombre al que en 1947 el comité de Actividades Antiamericanas llamó a declarar junto a otras personalidades del cine y que rechazó afirmar o negar ser del partido comunista. Trumbo pasó casi un año preso a consecuencia de ello, no siendo suficiente, a su salida tuvo que ocultar su identidad para seguir trabajando. ¿Esconderse de qué? De una caza de brujas en pleno Hollywood que le llevó a trabajar bajo seudónimo durante largo tiempo. Esto le ocurrió tras muchos esfuerzos para alcanzar cierto éxito profesional y con una familia a cargo que también le costó lo suyo. Como digo, fue encarcelado, liberado y en lugar de encontrar un sitio al que volver, tuvo que huir y malvivir o vender parte de su talento firmando bajo seudónimo obras y bosquejando otros medios para salir al paso.

Aunque parezca que con esto se cuenta todo, nada más lejos de la realidad, encontraremos anécdotas cinéfilas y nos dejaremos llevar, eso es lo que consigue el texto, que sigamos leyendo. Bajo cualquier prisma se considera que Trumbo tuvo una talla moral, un talento inusual y en señor carácter, llevando a gala tales características hasta las últimas consecuencias. Como pegas mencionaré una, no dejarse cosas en el tintero, lo que supone un sinfín de pormenores que pueden no ser del interés del lector (ya se sabe, la minuciosidad de contar los detalles) pero de lo que no cabe duda es que aportan una perspectiva no solo de Trumbo sino de como desarrolló un suceso histórico. Una biografía fascinante que lejos de aburrir nos habla del resurgir de las cenizas, de un tiempo que no resulta lejano, de las consecuencias de elegir. 

"Él creía apasionada y profundamente en los finales felices." 
Bruce Cook (Dalton Trumbo) 

viernes, 25 de marzo de 2016

#40 Cajón desastre: Por los cuatro

Dylan y yo hemos llegado a un consenso. Después de cierto tiempo no nos parece adecuado pasar sin pena ni gloria por el día en que Cuentalibros abrió. No vamos a organizar una fiesta pero sí marcaremos una señal en la bitácora. Por los ratos compartidos, las lecturas descubiertas y quienes continúan de algún modo pendientes. El blog ocupó y ocupa una parte de vida a la que no renunciamos. Nos gusta este silencio porque nos da tiempo, nos facilita dedicarnos a otros menesteres y nos hace sentir libres, pero también os echamos en falta ¡como no! y queremos volver ¡y volveremos! más pronto que tarde. Hemos vuelto a leer ficción, creemos en las nuevas etapas y estamos cogiendo carrerilla. Solo falta el despegue, de momento: soplamos, por los cuatro.


martes, 29 de diciembre de 2015

Última página -2015-

Querido blog:

Siento haber estado tan ausente. No solo en los últimos tiempos, sino en los intermedios y los iniciales. Cuando echo la vista atrás me doy cuenta de que has pagado el peaje de un año cargante. Si hubo señales por el camino no supe verlas. Si existen tipos de personas, mi caso se incluye entre los que se despanzurran contra el muro para darse por enterada. Si todos tenemos un límite, jugar a pisotearlo no es buena idea. 

Ahora estoy en vías. He tomado decisiones y el gran plan es quedarme con lo aprendido e ilusionarme con lo que me queda por aprender. Estoy cortando con las exigencias y por eso, entre otras razones, volveré a actualizarte cuando sienta que estoy lista. 

En medio de este trajín de 2015 he padecido alguna sequía lectora pero también encuentros con buenas historias. El bagaje, la compañía, el murmullo de los pasillos de la blogosfera, me han ayudado a dar con títulos estupendos y pocas ocasiones de fiasco, aunque si me tengo que seguir quejando, protesto por los malos finales (qué crueldad y qué cruz). 

Si en 2014 les quité la aureola a algunos autores "temidos", en 2015 ha sido un poco más de lo mismo, Faulkner por fin nos leímos ^^ (guiño, guiño). Leer para saber, probar para decidir. A veces asusta más el collar que el perro y yo me he hecho de gatos. Total, que al repasar los títulos del año caigo en la cuenta de que sigo leyendo más hombres que mujeres, que he tirado un poquito más de lo nacional respecto al año pasado y que he alternado largos recorridos y cortas distancias. Bueno, esto último no es novedad, sino primeros auxilios de lector glotón, sal de frutas, sin hielo, en copa, fuera el glamour.

Como ha sido un año raro, como me he propuesto desdecirme, como la indecisión me evalúa, he decidido hacer lo que nunca hago, elegir. Sin pensarlo demasiado, por hacerme cerrar el libro y agradecer el encuentro, por emerger sobre la línea de flotación, por escribir la última página de este 2015 y despacharlo con viento fresco. 

Los autores más leído han sido Iris Murdoch y Rafael Chirbes. Ambos altamente recomendables, si te interesa escribir ----> lee a Murdoch, si te interesa mirar ------> lee a Chirbes. Y entre los descubiertos, William Ospina "El año del verano que nunca llegó" o "La lámpara maravillosa".  


Un personaje. No podía ser otro que mi queridísimo Elling de Ingvar Ambjørnsen. No me cansaré de recomendarlo, no se puede ser más buena gente. Inolvidable, risueño. Un virus letal. 


Un ENSAYO (en mayúsculas): El Hambre de Martín Caparrós. Hay tantas razones... la principal sea: crear conciencia. 


Una puerta indirecta a la poesía (pero es NOVELA), apto para todos los públicos, indicado para cualquier corazón lector
El guardia, el poeta y el prisionero de Lee Jung- Myung. 


El clásico de clásicos: Al este del edén de J. Steinbeck. No hay mejor motivo que la pregunta que fluye al terminarlo ¿por qué no lo leí antes?



Tres libros, tres mujeres, tres recomendaciones a la costilla, tremendas  

Cicatriz de Sara Mesa por su desasosiego. 
El comensal de Gabriela Ybarra un mazazo
La hija del este de Clara Usón realidad, ficción y boca abierta para la posteridad.  



Querido blog, disculpa las ausencias, comprende que detrás de la portada siempre hay una historia , algún día ¿quién sabe? quizá te la cuente. Mientras, nos leemos.

Un abrazo,
Marilú

jueves, 12 de noviembre de 2015

Neverhome (Laird Hunt)


Nosotras nunca ponemos la otra mejilla, ¿verdad, mamá?

Que en la portada aparezca un soldado, ya sea hombre o mujer, o que tuviese que ver con una guerra, en esta caso la civil americana, no fue impedimento para que me fijara en este libro. Está además ese subtitulo "Ella era más fuerte" y digo yo... ¿más fuerte que quién? y en las primeras líneas lo resuelve, más fuerte que él. Ajá, me dije, ajá y me lo llevé. 

Laird Hunt podría haber optado por guardar la identidad de su protagonista y usarlo como un giro  argumental sin embargo sabemos desde el minuto cero que la primera persona que habla es una mujer, una de las 400 que se vistieron de hombre para ir a al guerra. A posteriori me parece acertado, básicamente porque sí, el soldado Ash Thompson, Constance en su verdadera identidad, nos va a relatar qué le sucedió como testigo y ejecutora de algunas tropelías, lo va a hacer con su voz y vamos a comprobar que tampoco es alguien muy corriente, que dentro de los arquetipos de género hay cabida para todos. Allá vamos.

-Ah -dijo ella-, una joven casada, lejos de su hogar, viajando con un ejercito en tiempos de guerra. Una imagen extraordinaria. 
-Sí, señora -dije.

-Penélope se fue a la guerra y Ulises se quedó en casa.

La novela se divide en tres partes, en la primera escaramuzas y entrenamientos nos presentan a sus personajes, no tanto enfocado a los camaradas o al enemigo como a los recuerdos. Su madre, a la que evoca en distintas escenas, el marido Bartolomew que se queda en casa por un impedimento físico y al que escribe cartas como medio de comunicación. En este avance tiene lugar uno de los momentos más emblemáticos de la lectura, cuando el soldado Ash Thompson se hace leyenda por un acto de caballerosidad y destaca ante su general, pero cierra advirtiendo que lo peor está por llegar y llega. 
En el segundo tramo ya sí estamos en el frente. Las escenas son muy visuales pero pese a la dureza y el horror Laird Hunt nos regala instantes de cierta belleza poética sin caer en el daño. Acompañamos a la protagonista en enfrentamientos, capturas y estratagemas para poder salir al paso en la adversidad. Estas secuencias nos hacen vislumbrar la ingenuidad del soldado recién estrenado en las acciones. Hablamos de un personaje poliédrico que en sus contradicciones plantea la dualidad respecto a lo que se espera de un hombre (y el papel de la mujer en aquel tiempo). Pese a mantener en secreto su identidad tampoco incide de forma machacona en ello, ella sabe que no debe darse a conocer pero tampoco es lo principal. Y diréis ¿entonces que es lo principal? ya voy, ya...

Dormir sin soñar. Túnel sin final. Cielo sin estrella. Arco iris reducidos a sanguinolentos añicos de colores. 

Llegados a la última parte el soldado Ash (Constance) emprende la vuelta a casa. Nada más parece que pueda suceder pero es ahí donde encajas el tono confesional de la novela, que aceptas lo que aprende Ash en su recorrido y que da sentido a todo a lo que has visto.

Nerverhome es intensa, nos habla de lo fortuito pero también de como aceptamos el destino y su papel condicionante. Neverhome narra las cosas de forma suscinta para darnos una imagen de lo que sucede y los secundarios refuerzan su efecto sin caer en tópicos militaristas, tomar partido o llamar cobardica a nadie. Neverhome es la historia de la niña Constance. Lo que no es Neverhome es bélica (pese a estar ambientada en una guerra).

La pregunta es qué puede llevar a una mujer a tomar la decisión de participar en una contienda saltándose las reglas. Las motivaciones pueden ser variantes, el autor ni siquiera escoge a una persona real. Cuando Laird Hunt descubre a esas 400 mujeres decide relatar su propia historia, plausible, donde lo heroico no está en la decisión sino en como encarar los miedos. 

"Cojan esa pila de brazos", "Maten a todo aquello que se mueva. Maten a todo aquello que no se mueva". Eran las órdenes de mis tenientes y mis capitanes y mi coronel y cualquiera que llevase el uniforme debido. Uno obedecía, así de simple, y si en lo más enconado del combate no obedecía, moría. A veces moría de todos modos. Eso estaba siempre presente. La muerte era la ropa interior que llevábamos puesta."
Laird Hunt (Neverhome) 

lunes, 9 de noviembre de 2015

Le llamé corbata (Milena Michiko Flašar)


"Es difícil despertar a alguien que no duerme"
Permitidme que me salte el orden establecido en las reseñas. Fingid que alguna vez lo hubo. 

Hace unos días mientras conversaba con una persona que vive en la calle mencionó un libro que había leído multitud de veces, El lobo estepario y me explicaba la disonancia que sentía a la hora de relacionarse y la necesidad de estar solo. Como no leí a Hesse, no hay puntada sin hilo, ni momento significativo del que rechace un libro, me lo llevé prendido en una nota mental. Contada la anécdota os invito a hilarla. 

"Le llamé Corbata. 
El nombre le gustó. 
Le hizo reír. 
Franjas rojas y grises en su pecho. Es así como quiero recordarle."

La historia transcurre en Japón, Taguchi Hiro, un joven de veinte años, vive recluido en su dormitorio. Forma parte de un colectivo cada vez más frecuente por aquellas latitudes, los hikikomori

Todos los males que padece el ser humano no son universales, algunos son una respuesta cultural, el que nos ocupa podría corresponderse en Europa con un tipo de fobia social, agorafobia..., en definitiva una intensa ansiedad que conduce a la evitación de contacto social y al aislamiento (Más información, aquí).
"Mi habitación continuaba pareciendo una cueva. En ella había crecido. En ella había perdido literalmente mi inocencia. Me refiero a que hacerme mayor impidió una pérdida. Uno cree que ha ganado algo. En realidad se pierde uno mismo."
Volviendo a Japón, cada vez es más frecuente que jóvenes varones decidan confinar sus días a una habitación aislándose del mundo. A qué se dedican, varía, las causas, también. Hablemos del caso de  Hiro
Nuestro protagonista decide salir a hurtadillas para convencerse de que la grieta de la pared de su dormitorio cumple la misma función tanto dentro como fuera, ha pasado dos años mirándola y un día cede a su deseo de variar de perspectiva. Se sienta en un banco conocido y es allí donde conoce a un salaryman (oficinista) al que llamará Corbata. La historia es contada siete semanas posteriores a la última vez que se vieron. 
En un tono intimista Hiro nos relata los primeros compases de este encuentro, momentos en los que la observación e inferencia lo es todo. El mundo interior del chico desasosiega, paraliza, en definitiva retrata muchos miedos adquiridos. 
"Encontrarse con alguien significa implicarse. Quedar anudado a un hilo invisible. De ser humano a ser humano. Nada más que hilos. En todas direcciones. Encontrarse con alguien hace que te conviertas en parte del tejido; precisamente esto era lo que trataba de evitar."
Cuando rompen a hablar tampoco será sencillo. El oficinista abre la veda contando parte de los motivos que lo llevan con su almuerzo a ese banco del parque. Este paso abre la visión del lector. Las vivencias de ambos son un fardo de dolores y pérdida. Finalmente, un día, decidirán dar la oportunidad a que todo cambie y con espíritu optimista se cierra esta breve novela. 

La forma utilizada por su autora es la concisión extrema, frases cortas, capítulos escuetos, lenguaje sencillo y empleo de símbolos. Grieta, hilos, corbata, bentō (ración de comida preparada para llevar) y otros elementos suponen la cadencia. Los mensajes inscritos engullen su trama para hablarnos de incomunicación, culpa, soledad, castigo y miedo a vivir. Mi admiración para quienes dicen tanto en tan poco, chapó

Termina queriendo hacer posible lo que de corriente no lo sería (y un último coincidir es lo que chirría). En definitiva. Podemos estar solos, sentirnos solos, declararnos solos, pero al final deberemos tomar nuestra elección. Un poco más allá, ¿qué ocurre cuando se encuentran dos seres que dicen sentirse al margen de la sociedad que les circunda? Esta es una respuesta, la de Milena Michiko Flašar.

Empecé esta novela por azar, leyendo sin prisa para cerrarla sin dejar margen al tiempo, anudando hilos, dándome cuenta de que nada fue casual, que al igual que Hiro y el salaryman, el encuentro es una oportunidad, otra más, de cambio. Podría decir que se lee esta novela para saber del hikikomori, que se lee porque es bonita, que se lee porque tiene mucho de enseñanza, pero mejor digo que se lee porque se siente o simplemente porque no leíste a Hesse y te gustaría hacerlo, o mejor aún, digo que... anoche terminé esta novela.
"Da igual lo que sea, siéntelo de manera íntima y profunda. Siéntelo todavía un poco más íntimamente, un poco más en profundidad. Siéntelo para ti. Siéntelo para los otros. Y después: déjalo ir."