martes, 16 de junio de 2015

#39 Cajón desastre... Lolita...

Lola siempre fue de pocas palabras pero se prestaba a todo, incluso para las carreras a cero bullas por hora. Su caminar se mantenía ajeno al objetivo: rucula, canónigo o escarola le daban exactamente igual. Se puede afirmar que era una tortuga de rodeo, no tomaba atajos pero sí desvíos. El frenesí lo ponía en el masticar de las lechugas, una campeona a mandíbula batiente, una filosófica de postura, de movimientos justos y pasos contados. Relax. 

En sus ratos libres practicaba un ocio disoluto, casi inmoral, horas bajo el sol que más calienta. Al fresco le traía si llegabas a casa agobiada. Cuando asomabas, Lola, tras una elevación de cabeza, saludaba con un parpadeo sin pestaña y mantenía el dormir. 

Nuestras mayores trifulcas se producían con el aseo, mostraba su habilidad atlética dándote patadas para que fueras con ese cepillito a frotar conchas a la playa. Por semejantes ocasiones supe del ritmo vertiginoso de su patas, sospechaba que mantenía el secreto porque a fin de cuentas ¿qué prisa había? Ninguna. 

Por eso, durante un tiempo, me pregunté a qué esa salida de juego tan temprana, estuve dando largas explicaciones de por qué me afectaba tanto su marcha. Pese a tener una relación tan fría (no había de otra, lo llevaba en la sangre) Lola ocupó un lugar, mayor que el espacio que vaciaba. 

Un día escribes un whatsapp porque tienes nueva compañera de piso y otro, años después, usas el mismo sistema para salir acompañada a las dos de la mañana a decir adiós. Las despedidas se me dan fatal, caparazón duro, patata blandengue. Esa es la fulgurante carrera de Lola en casa. Hablo de ella por no ser ella, contenida, y vengo ahora (meses a) porque podía haberle dado cajón antes, el que tenía virutas de presentación, de estima, pero ya no importa, una cosa no quita otra, una mascota solo da. Lolita lo dio todo.


Dylan el felino -ffffffffffffffg- (letras insertadas por él) 

Un pajarito azul vino contando de una gatita abandonada en una carretera hace cuestión de semanas. Una reunión de carácter urgente, coche mediante y una entrega. Habemus gata. 

Tras dos días de intenso jugueteo, charcos de baba y admiración mutua, vamos al veterinario a que nos descubra los prodigios de la madre Natura. Me dieron gata por liebre gato, y yo, madre primeriza, me dejé llevar. Una anécdota para los nietos (ya te veo, Norah, ya).

La criatura se llama Dylan, en honor al poeta, dicho sea de paso (Dylan Thomas, el cachorro, bohemio y excesivo). 

La vida con Dylan está repleta de travesuras, ronroneos y miraditas de préstame atención. Aún aprende eso de no muerdas la mano que te da de comer, reclama su presencia paseando por delante de la tele, se mete entre tu cara, tu libro y el caralibro o instagram (para observación de los usurarios) y sí, también roba en blogs ajenos, ocupando el puesto que una gana con el sudor de su tweet. Se percibe que es un gato con carácter. Hasta ahí puedo contar (pero contaré) y cualquier pretexto es bueno para subir una foto.

Les presento y me despido, la vida es así. 

Dylan y Cuentalibros se toman un periodo sabático de blog (que no una desaparición total) no puedo llamarlo vacaciones (ojalá) sino tareas de producción, los asiduos saben donde encontrarme y los que no, den un silbidito. Por supuesto, amenazamos con volver, así que... disfruten.

lunes, 8 de junio de 2015

La vida equivocada (Luisgé Martín)

La vida equivocada (Luisgé Martín)
Editorial Anagrama
288 páginas
La vida es esa cosa insustancial y extraña que no lleva a ninguna parte y que, incluso si se vive venturosamente, se deshace luego. La vida es esa cosa de la que te culpo a ti, madre.

La revelación podría acontecer mientras friegas los platos, jabón, aclarar, escurrir y desagüe, ahí, el resto de los restos, diluido en el purificar la vajilla, el poso ha destilado sus últimos efluvios, el despojo se ha lavado. La vida podría errar y para eso no existen jabones. ¿En qué punto se va uno por el sumidero? ¿,qué línea cruzamos para decir error?. Friegas los platos y desconciertas. La vida te equivoca. 

Luisgé Martín titula así su nueva novela, una vida que son al menos dos y si me apuras tres. La de Max siendo un joven Adonis y por tanto irresistible. La de quien lo cuenta en primera persona, haciéndonos creer que lo conoció, que la pasión vira a ceniza y que en los secretos de un tercer, Elías, padre de Max, puede estar la clave.

El autor nos habla de vidas pero empieza con un Principio de muerte, por comparaciones, con lo peor que le puede pasar a un hombre, en una carta a la madre, en el tono hipnótico de no poder para hasta llegar al Final, pasando por Max y Elías. Estas dos paradas son biografías, bastante exhaustivas, donde lo que pasa no es tan importante y lo verosímil no siempre alza la voz de presente (pero yo me dejo). 

La vida equivocada evidencia la fatalidad de confundirse, de hacer las cosas mal. La cuestión sería como saber lo que está bien (apéndice a escribir en el libro vital). A Max lo convidan por el mundo y se nos ancla a lo normativo, buscando sin saber qué, añorando lo efímero que nunca se alcanza. Por el contrario, Elías encuentra cuarto y parcela, por contra, se aleja de lo convencional. Es curioso que tocando un tema escabroso de atracción sexual no termines de rechazar al personaje. Casi dos novelas cortas que se engarzan dentro de la misma, cruce y desenredo hasta el derruir. 

Esta es la segunda ocasión en la que leo a Martín y me impulsa a mirar atrás a la espera de lo que esté por venir. Si la lectura es un idioma, hablamos el mismo. Al terminar, además de su argumento, del sumidero que deja, contuve una indeterminación, una vaga familiaridad que confirmé en un debate con posterior asombro (ya sabes tú). Las formas en las que se mueve, el tono que adopta, el uso del lenguaje y la casualidad. 

La vida equivocada es una novela sugestiva y proclive a explorar en más de un sentido y frase, narrada con oficio y buen hacer, eso es lo más representativo. Dicen que Luisgé reitera en sus temas pero en entrevistas considera con esta el cierre de un ciclo. Sea como fuere espero enmendarme y salir del fregao.  
"Tocar", decía levantando la mano con los dedos muy abiertos en forma de garra. "Ver", añadía señalándose los dos ojos. "Oler", concluía mientras olfateaba el aire en forma de sabueso. "Eso es lo único que calma, lo único que prueba que no estás muerto. ¿Cuando alguien lee tus libros hay alguna reacción en el sistema nervioso? ¿Se produce un espasmo o una eyaculación?¿se siente dolor?" [...] "Tocar, ver, oler", admití yo. "Lo demás es silencio."
La vida equivocada (Luisgé Martín)

viernes, 5 de junio de 2015

Los amigos (Kazumi Yumoto)

Los amigos (Kazumi Yumoto) 
Ediciones Nocturna
210 páginas


Toda ciencia empieza por la experimentación, para saber de la muerte es arriesgado pasar por ella, así que despejando la X y de paso incógnitas tres amigos, Yamashita el gordinflón, Kiyama el larguirucho y Kawabe el raro deciden ingeniárselas. Tienen doce años, juegan fútbol, se van de acampada, las cosas habituales, entonces ¿a qué ese perturbador interés? La respuesta siempre es la más sencilla, la abuela de uno fallece. 

El secretismo en torno al óbito genera fábulas, fantasías, habladuría de más allá que acá no se publicitan, en el trance, la cuestión es qué sucede, cómo termina, alejado de casa o en ella, oculta entre las sombras del mejor no hablar. 

Para los mayores es difícil porque perder duele y responder lo que se desconoce tampoco es tarea pequeña, ellos ocultan, pero los chicos preguntan y a falta, experimentan. Espiar al viejo vecino de una calle cercana al colegio podría servir, han oído que morirá pronto, ya se sabe, todo es cuestión de esperar...

Con este arranque los tres amigos se embarcan en un travesura de dimensiones metafísicas. El miedo campa a su anchas, el destino pone el señuelo y así, entre hacer recados, plantaciones y un lenguaje muy sencillo, contado por uno de ellos, nos permiten atisbar sus experiencias. Vidas que les marcarán, no solo para cuando llegue el día sino para que el resto adquiera algún sentido. 

Una novela que dura un suspiro, a capítulos cortos y complicaciones esperadas que van introduciendo al lector en su trama. Estos chicos no resultarán angelines y su afrontamiento de la adversidad roza un humor negro soterrado pero latente. En el extremo opuesto, aquel calificado de viejo representa todo lo que el desfase generacional parece imponer como distante. Típico señor huraño cuya podredumbre se fulmina a conversaciones, donde lo aparente deja a sitio a lo importante. A bocados de vida. Donde los niños, niños son. 

Y me ha gustado por ganar en el avance pero sin salirse de lo marcado, dulzura justa, amargor exacto, lo que otorga la tierra. Kazumi Yumoto fue premiada por esta novela e incluso se hizo adaptación a cine. La autora insiste en los problemas de los niños en Japón (y sin mirar tan lejos) para valorar la vida y su infinito de posibles. Esta pretende ser su aportación. 
"Un tío mío me dijo hace mucho, mucho tiempo que morirse es dejar de respirar. En aquel entonces le creí. Pero ahora sé que no es verdad. Vivir es algo más que respirar. Y morir tiene que ser algo más que dejar de respirar, supongo."
Los amigos (Kazumi Yumoto)

martes, 2 de junio de 2015

Los millones de Brewster (George Barr McCutcheon)

Los millones de Brewster 
(George Barr McCutcheon)
Alba editorial
Colección Rara avis
304 páginas

¿La alineación de los planetas? ¿el esquema de la osa mayor? ¿el destino y sus designios? No, fue Serendipia. Cualquiera no podía saltarse esta recomendación y más cuando se colocó en mi campo visual en el momento oportuno, yo no quería ¡fue él! (excusa barata de las 20:14). 

El argumento me parecía llamativo y la frase: "George Barr McCutcheon escribió Los millones de Brewster (1902) por una apuesta" fue lo definitivo, porque de eso va, del vil metal y a mi me gusta el juego,, o ganar ¿a quién no? ¿he dicho que no soy competitiva? en todo caso, curiosa...  

En contra del dicho popular: más vale pájaro en mano que ciento volando, asistimos a una contrarreloj para el uso y disfrute de mucho dinero. A la par, el autor escribió esta historia como apuesta con su editor, publicar bajo seudónimo y convertirse en éxito de ventas (no sé yo si  a día de hoy esto lo harían muchos). Para conseguirlo nos plantea un argumento llamativo: 

Monty Brewster se nos presenta como un bien ganancial en los círculos más exclusivos de Nueva York. Un buen partido pero también un joven apuesto sin tantas pretensiones como cabría esperar. Su vida efectúa un giro cuando fallece su abuelo y hereda un millón de dolares. La sorpresa es que poco después recibe otra herencia, esta vez de un tío suyo apenas conocido. 

Abuelo y tío no tuvieron mucha cordialidad y parece que como última jugada propone este señor que el joven disfrute de ¡siete millones de dolares! si y solo si, en el plazo de un año liquida el primer millón heredado. 

Es decir, Monty no debe tener bien alguno para percibir la segunda herencia, con algunas puntualizaciones en cuanto a su uso y disfrute pero sobre todo con la premisa de no contar nada a nadie. Expuestas las reglas del juego con un año por delante ¡que empiece la función! 

Además de hacernos padecer in extremis por la trágica experiencia de gastar un millón de pavos, las artimañas del autor para embaucarnos son el empleo de capítulos breves, enredos varios, malos entendidos y un personaje que pese a su "buena fortuna" no desagrade en absoluto. La historia se sucede a buen ritmo y se elabora con toda naturalidad. 

Colaboran un estilo pulido, sintético y una trama que atravesamos con intriga creciente, no solo la de saber como termina sino el qué más puede pasar. Ganancias y pérdidas revolotean haciendo el recorrido toda una noria de sensaciones. Los mejores momentos se producen al leer la correspondencia de albacea y joven Brewster, cargada de socarronería y mucha intención. 

Aunque cataloguemos esta obra como ligera se nos plantearán cuestiones de calado como las prioridades, el estatus económico, nuestras relaciones sociales pero sobre todo la mirada de los otros -que podría ser la nuestra- (¿incomprensiva, envidiosa, interesada?). Multitud de ejemplos contemporáneos avalan que  a persona adinerada la suspicacia le rodea. 

Monty Brewster lo pasa regular en la novela, el lector lo pasa bien y el autor gana cien dolares. 

Funcionó. Los millones de Brewster fue un éxito al ser publicada. ¿Azar, talento, suerte, envidia cochina? Juzguen y lean. 
"Brewster se fue dando cuenta poco a poco de una cosa. Se había pasado al vida preguntándose de dónde iba a sacar el dinero para pagar sus facturas, pero jamás había pensado que gastar dinero pudiese ser tan difícil como ganarlo" 
 George Barr McCutcheon (Los millones de Brewster)

lunes, 18 de mayo de 2015

Por favor, cuida de mamá (Kiung-Sook Shin)

Por favor, cuida de mamá (Kiung-Sook Shin)
Editorial Grijalbo
237 páginas

Por favor, cuida de mamá casi no ha reposado en el estante, en una criba de primeras páginas quedé anclada en su primera línea: "HACE UNA SEMANA que desapareció mamá".

Park So-nyo y su marido iban a Seúl a visitar a su hijo mayor. Ambos deben coger el metro y en el bullicio de la estación, con el andar apresurado, cuando uno quiere acordar lo que era  se transforma en fue. La madre desaparece y empieza la búsqueda por parte de sus hijos. Los rasgos físicos no concuerdan, la última foto no parece ella, estrictamente hablando puede que la desaparición tuviese lugar mucho tiempo antes, de eso va esta novela. 

Kiung-Sook Shin utiliza cuatro voces para perfilar a esta mujer de sesenta y nueve años, campesina, analfabeta, ejemplo de entrega pero también de vigor, la misma que encarna una visión tradicional de la mujer en Corea del Sur. El enclave nos invita a conocer aspectos sobre la alimentación, costumbres y otros elementos culturales. Metidos en faena, pese a que la gran ausente es la gran protagonista, la familia deja vislumbrar sus entresijos. 

No pasamos el libro inquiriendo. Comienza una de las hijas, escritora, cosmopolita, de carácter ambivalente, representante del individualismo de otra generación. Abre la novela y tira del hilo, de la culpa, del recuerdo. Entremezcla momentos del presente en que organizan la búsqueda de su madre, con recuerdos del pasado y paralelismos subjetivos de la vida de ambas. 

La búsqueda continúa, le sucede el hijo, cuenta su versión, suma memoria a la imagen de su madre, resta culpa, otorga agradecimiento, toma el mando y se lamenta por lo que su padre no supo ver. Es este, el marido, quien nos habla en la tercera parte y por último ella. 

El estilo es muy sencillo, reposado, con imágenes llenas de sutileza y evocación, pese a ello, la historia es cruda, llegando a bordear la asfixia y lo dramático. No se recrea en el dolor pero son tantos los desplantes y la falta de atención por parte de la familia que me ha incomodado. Tanto es así que reconozco haberme salido de la lectura, tramos en los que se me hacia cuesta arriba proseguir y que (menos mal) se van alternando con algo de disfrute y secretos que ayudan a aligerar. Estaba deseando que la mujer cogiera la maleta y agur yogurt. Incluso haciendo conjeturas sobre el desenlace que es coherente con el resto (y no lo voy a criticar) me hubiera gustado que fuese otro. 

Una novela muy asequible en su narración con buenas intenciones, con un mensaje importante, sin duda, pero que se me ha hecho corta para lo pretendido y larga para lo que aparentaba. Pobre mujer... ¿de verdad era necesario hacerla pasar por todo eso? ¿de verdad los hijos son tan ciegos?

Así que así, molesta, terminé el libro. Busqué opiniones pero me di cuenta de que era minoría. De modo que leí entrevistas para saber que pretendía la autora. Me encuentro que no quiere hacer reproches a las nuevas generaciones pero sí recordar a los hijos la entrega de sus padres. Mensaje recibido. Mi opinión ha ido oscilando al respecto, desde el fastidio con lo leído, a la pregunta de por qué me incomodaba tanto. Esto no es necesariamente algo malo, debo añadir (soy de las que piensan que un libro que te cuestiona es mejor que uno que deja indiferente). 

Lo he pensado, le he dado muchas vueltas, ahí voy. He llegado a la conclusión de que se excede, me creo que existan penalidades y que en el sorteo le toquen todas pero un poco menos habría sido un respiro para todos, pero lo que de verdad me supera es el clima emocional de los personajes, la culpa cuando ya es tarde, la sensación de ocasiones no aprovechadas. 

No me extraña que se llame Por favor, cuida de mamá, eso es lo que tendrían que haberle dicho a estos hijos, porque encima, como ya digo, el drama no es que se pierda en una estación, el drama es todo el tiempo que estuvo ahí y nadie la miró, desolador.  

Cuando pienso en Park So-nyo solo me dan ganas de decirle: vuela libre o quizá, de decírmelo a mi: vuela libre y pese a todo, aún nos cuesta. 

Para ti, mamá siempre era mamá. Nunca se te pasó por la cabeza que un día habría dado su primer paso, o que había tenido tres, doce o veinte años. Mamá era mamá. Había nacido siendo mamá. Hasta que la viste correr de ese modo hacia tu tío, no caíste en la cuenta de que era un ser humano que sentía exactamente lo mismo que tú por tus hermanos, y ese descubrimiento te llevó a tomar conciencia de que ella también había tenido infancia. Desde entonces, a veces pensaba en mamá como niña, como adolescente, como recién casada, como madre que acaba de darte a luz. 
Kiung-Sook Shin (Por favor, cuida de mamá )

miércoles, 13 de mayo de 2015

Elling: Hermanos de sangre (Ingvar Ambjørnsen)

Elling. Hermanos de sangre 
(Ingvar Ambjørnsen)
Nórdica Libros
274 páginas

Intenté llegar a la sala sin hacer ruido, de hecho no quería repetirme, de hecho he devuelto el libro a la biblioteca y no he buscado fragmento en la red porque quizá y solo quizá no sería el escogido para una reseña a la altura (congoja, desolación, moquillo de llanto) ¡no los apunté! porque leí a los Hermanos de sangre y supe que el libro sería mío, enterito y paterito, lo devolví y ahora me ha dado esta impulso en forma de reseña, que si no escribo y suelto probablemente no lo haga nunca más -demos intensidad al momento- (para cuidar esta imagen de persona absolutamente sensata que tenéis de mi, of course). 



¿Qué hago yo si he vuelto a caer? 

En todo caso, repito, al llegar allí, en la sala, con todos reunidos en círculo y una creciente ansiedad supe que me tocaba destaparme. Me levanté, miré a los presentes y dije: Me llamo Marilú y padezco Ellingmaniosis. 


Las cabezas asintieron, alguna sonrisa cómplice acudió y mi nieta dijo: “no sabes cómo te entiendo”. Lo siguiente que recuerdo es un gato en una silla y un actor pecoso pero esa es otra historia. Aunque sea una dolencia crónica y los señores de Nórdica no puedan precisar fecha, asumo, en el fondo de mi ser, que habrá dos entregas más de Elling y hasta que no salgan tendré que llevar esta etiqueta, un estigma, la ellingmaniosis me invade. 


Hermanos de sangre continúa a El baile de los pajaritos, los dos amigos, Elling y Kjell Barne salen de la institución y deciden integrarse en la “sociedad”. En esta misión no están solos, un asistente hará el seguimiento y digamos, les “impulsará” a que asuman algunos “riesgos”, que salgan, que “vivan”. 

De nuevo será Elling el narrador de las hazañas, un Elling más rebajado, se percibe una evolución. En el primer título encontrabamos multitud de digresiones, vamos, que a Elling se le iba el pensamiento a la mínima de cambio y ahora se le observa centrado, pero igualmente el mundo puede llegar a ser hostil, enigmático, asombroso. Es la ingenuidad y la capacidad para asumir lo que sucede lo que sigue pasmándome de él. 


En esta segunda parte prima la acción, asistimos los progresos de este par de dos en situaciones y momentos imprevisibles, algunos para la posteridad. En al menos dos ocasiones solté una carcajada imaginando la escena, no diría que es hilarante, tampoco lo dejo en cómica, el humor es tan difícil a veces, ayssss, suspiro, a mi me hace gracia. No me extraña que exista película de esta segunda porque es bastante cinematográfica (y dudo si verla porque en mi cabeza es tan divertido que no sé si en el contraste…) 

Además de Elling y su hermano de sangre aparecerán otros dos personajes relevantes, una vecina y un señor mayor, ambos, aunque presuntamente “normales” aportan el contacto natural que todos, incluso los más cuerdos (no, no me incluyo en esta categoría) precisan para sentirse apoyados. 


Podría concluir que es una novela francamente entretenida, añadir eso de “sirve de entre-lecturas más exigentes” y blablabla pero he decido plantarme, que es algo cómica sí, que es amena, también, pero que aporta un toque de humanidad que a veces (y solo a veces) una echa en falta, es lo definitivo. 


¿Qué hago yo si me gusta la gente “rara”? Si los outsiders del sistema me provocan tantas cosas. Puede que padezca ellingamaniosis pero qué queréis que os diga, a mucha honra.


 Ea, ya lo he dicho.

Esta reseña es para Norah por nuestras tragicomedias frecuentes ;)

lunes, 11 de mayo de 2015

El despertar (Kate Chopin)

El despertar (Kate Chopin)
Editorial Cátedra
296 páginas

Comentaba con Meg esos arrebatos que te hacen coger un título insospechado sin más motivo que porque sí, pues porque sí es lo que me llevo de esta novela.
La Sra. Pontellier no era dada a hacer confidencias, un atributo ajeno a su carácter hasta ahora. Incluso de niña había guardado para sí misma su vida infantil. Muy pronto había aprendido a vivir esa dualidad vital de forma instintiva: la vida externa que se conforma y la interna que cuestiona. 

Kate Chopin antes de publicar El despertar había sido agasajada por sus contemporáneos, decían que era una buena retratista del acento, colorido y realismo de la vida sureña. Hasta entonces sus publicaciones eran relatos. A finales del siglo XIX este era el género que reportaba mayores beneficios. Pese a su interés, incluso la creación de su cuarto propio (siguiendo a Woolf a pies juntillas) Kate Chopin no consiguió vivir exclusivamente de los beneficios de la escritura. Parte de la explicación se relaciona con esta novela. 

El despertar supuso un debacle de su fama. Las primeras criticas fueron demoledoras e incluso autoras como Willa Cather mencionaban a Edna Pontellier (protagonista de la novela) como una mujer "tipo Bovary" versión criolla. Los análisis pintaban a una insensata que en pos de fantasías amorosas acometía actos reprochables, la moral imperante y las razones de fondo no ayudaban a mejorar esta visión. 

Fue muchos años después en Europa (años 50 y 60 del siglo XX) que rescataron la obra y ya en los 70 en Norteamérica, con el auge de movimientos feministas y estudios literarios de la mujer, que se reconsideraría su lectura. En el terreno literario los relatos de Maupassant suponen una influencia decisiva en ella (por sus estudios en Francia, el carácter individualista del autor, el bilingüismo y biculturalismo  de ella). 

La historia era polémica, lo que hoy no supone novedad en su tiempo sí que resultaba fuera de tiesto. Hablamos de una mujer, Edna Pontellier, casada y con hijos que un verano, a orillas del mar de Grand Isle (golfo de México) sufre una transformación, digo sufre porque, pese a que supone un nuevo despertar, liberarse de censuras y el encuentro con su ser, a ojos de fuera, se torna estrafalario. 
Edna estaba en el proceso de ser ella misma y desechaba día a día ese yo ficticio que asumimos como un disfraz con el que aparecer ante el mundo
Edna Pontellier parece dispuesta a caer en brazos de cualquiera, progresivamente descubre deseos sexuales, inclinación por el arte y formas de sentir distintas a las de la mayoría (de su género) cuestionando su papel como esposa y madre. Esas otras mujeres también se reflejan en el libro e incluso mantienen con la protagonista relaciones cordiales (y de ayuda las más próximas a su pensamiento). En principio, lo que exige Edna, es su espacio, tiempo para pasear, lugar para pintar pero las necesidades van en aumento y la disposición de su marido a satisfacerlas decrecen. Como representa el conflicto entre ambos personajes es lo que más me ha gustado de la novela. 

En la escritura de Kate Chopin nada queda al azar. Pretende ser un reflejo realista, componiendo escenas sensoriales muy vívidas. Todos los elementos que entran en juego serán de utilidad. La división en fragmentos hacen la lectura muy ágil.

Respecto a la comparativa con la obra de Flaubert, le hace un flaco favor, pese a cierta similitudes no cabe esperar lo mismo (ni por el contexto de sus personajes, ni por como se describen). El hándicap principal de El despertar es no comprender a Edna, este efecto crea distanciamiento de la protagonista. Un personaje egocéntrico y poco explicativo. Para el lector, las motivaciones se escapan, es decir, obra sin más razón que porque sí. Lo más inaudito, quizá sea su relación con los hijos, a los que posterga a un secundario papel en su vida. 

Cátedra hace una labor magnífica de documentación con un prologo que, advierto, ocupa la mitad de las páginas del libro (y lo cuenta todo). A veces no es suficiente con abrir una novela sino que o bien antes, o bien después necesitas darle contexto. Creo que esa es la mayor aportación que hace Chopin con su lectura, retrotraernos a un tiempo donde las mujeres no podían salirse de lo convencional, donde tanto lo que narra como su publicación suponen versiones paralelas a tener en cuenta. 
"En resumen, la señora Pontellier estaba empezando a ser consciente de su posición en el universo como ser humano y a reconocerse como individuo en su relación con el mundo exterior y su propio mundo interno." 
Kate Chopin (El despertar)