jueves, 19 de junio de 2014

Vacaciones


Montones de asuntos aguardan, escapadas, baños, visitas intempestivas, noches que se alargan. Habrá que refrescarse por cielo, mar o aire, además de lo que venga en gana, eso es lo principal, clic y a disfrutar. 

Echo la persiana en Cuentalibros, tengo alguna escapada que hacer y otras misiones esperan, además de la consabida remojada estival, se trata de un hasta luego. Una temporada en la que la vida virtual se reduce pero no se extingue, asomaré de vez en cuando por vuestras casas, salas de reunión, conversaciones privadas, puede que en algún momento deje algo por red social o aquí mismo. De cualquier forma, cuando el regreso sea definitivo, lo haré saber. Otras prioridades ocupan este periodo y algunos proyectos espero dejen de ser una volátil propuesta. Descanso y otras tareas. Aprovecho para desearos un feliz verano :)


lunes, 16 de junio de 2014

Tenemos que hablar de Kevin (Lionel Shriver)

Tenemos que hablar de Kevin
Editorial Anagrama
616 páginas

El título es admonitorio, obliga, apela, hace parte, envía un mensaje. Tenemos que... Hablar. 

Una recopilación de cartas, las que envía Eva a su marido Franklin. Un barrido preciso de sus vidas, el encuentro con alguien enlaza con recuerdos del pasado y catapulta al presente, sobrevive, por encima del bien y del mal. No hay artificios, esta es su historia.

El secreto es que realmente no hay ningún secreto. Eso es lo realmente deseamos ocultar a nuestros hijos, y esa ocultación es la verdadera conspiración de los adultos, el pacto que mantenemos, el Talmud que tratamos de proteger

De Kevin.
Cualquier lector puede esperar a un chico malo, incluso muy malo, mentiría si dijera lo contrario, no ofrece nada que no sepas, el soniquete noticiario, explotados shows, dramas a disección, viejas historias teñidas en sangre de manos nuevas, un horror que se torna inconcebible. La maldad no puede estar bien vista pero el carácter irremediable de hablar de niños, menos.

De Eva.
Por su nombre y razones bíblicas, causa primera de pecado, el estigma parece incluir a nuestra protagonista, hablando de responsabilidades, una mujer, madre, último eslabón en la cadena de responsabilidades. Su personalidad gélida nos hace dudar, ella misma sentencia: "No caen bien las madres que no muestran afectos por sus hijos. Bien es verdad que a mi tampoco me caen bien esas madres" ¿Qué resolución tomamos al respecto de la escribiente? el veredicto se alarga en sus seiscientas páginas de tensar la cuerda.

De necesidades.
Eva nos cuenta cómo decidieron tener un hijo, cuando vino al mundo, qué fue antes, después, quién tiró el bote de tinta roja en su oficina. Sumas y te retraes expectante. Tras las primeras doscientas páginas tuve dos certezas, la primera era que me intimidaba continuar, la segunda es que una vez asomada no había retroceso posible.  

Tenemos que hablar de esta novela. Certezas que requieren un intercambio. Hablamos para aflojar el nudo en el lector. Una tensión que amonesta, señala conductas equivocadas pero sobre todo se mantiene. Aquí lo espléndido. Permanecer sin fisuras, ocupando tu mente cuando ya no estás en ella, alimentando la necesidad impúdica de saber qué sucedió pese a que hablamos de correspondencia al detalle, la meticulosidad hecha párrafos... delineando ideas, planteando asuntos varios en torno a crianza, televisión, ley en menores, maldad y buenos motivos. Correr no va con ella pero carcomer le va como anillo al dedo a esta lectura, pese a que no suelo establecer muchos rankings de lo mejor puedo declarar y así declaro que me fascinó por la inquietud manifiesta entre sus cartas y el vacío instalado para sentarme a compartir impresiones. Seré yo quien hable de Kevin y serás tú quién necesite hablarlo una vez lo conozcas. 

"Solo es posible castigar a quienes tienen esperanzas que se puedan frustrar o vínculos afectivos que se puedan cortar, a personas que se preocupan por la opinión que tengan de ellas los demás. Sólo se puede castigar a quienes aún conservan algún resto de bondad"
Lional Shriver (Tenemos que hablar de Kevin)

martes, 10 de junio de 2014

Reunión en el restaurante Nostalgia (Anne Tyler)

Reunión en el restaurante nostalgia (Anne Tyler)
Editorial Lumen
400 páginas

Dicen que toda celebración se realiza en torno a una mesa, las reuniones también hacen uso del cuadrúpedo objeto, anuncios de una noticia, los brindis, las copas ¡benditos bares!... uno de los últimos eslóganes publicitarios de la chispa de la vida, ¿la fórmula de la felicidad?¿la simple sonrisa que nos arranca el contexto?. 

Sea como fuere, llevar a cabo una reunión de estas características también nos obliga, sí, a a vernos las caras, ser corteses, pasar el pan, bribonear la fuente de en medio, disimular la cara de disgusto ante tal o cuál alimento en definitiva nuestra actitud en la mesa nos dice mucho de quienes somos y evitar sentarse a ella quizás incluso más. Esta parece la piedra de toque de la novela, conseguir reunión y dar protagonismo al organismo vivo al que llamamos familia.  

Pearl es la madre. Abre la novela con un capítulo que nos sitúa en uno de los grandes silencios de la historia. Relata con desenvoltura y un tono ambivalente el cómo fue abandonada por su marido (Beck) y su decisión de no comunicárselo a sus hijos, dos chicos (Cody y Ezra) y una chica (Jenny), asumiendo la pérdida y encabezando el clan familiar sin desfallecer. Me pareció un magnífico comienzo. Una perla, no solo por su nombre sino por su matices.

El banquete prometía y el resto coloca el destino familiar. Cody, como hijo mayor, muleta de madre y eterno insatisfecho. Un personaje que perfila mezquino pero que termina redimiendo. Como antagonista, Ezra, el mediano, que se enarbola como el bueno y triunfador, un ser pacífico que termina diluyéndose en su idiosincrasia y montando el restaurante que da título a la novela, por último, parece que de chiripa, Jenny, la única chica, afectada por los vaivenes de semejante elenco tropieza también con sus propios errores. Un plato fuerte el no caer en maniqueísmos en los personajes. 

El mantel que nos coloca Anne Tyler es hilado por una tercera persona que cambia, tomando como actor principal a algún personaje. Esta alternancia en los capítulos hace la lectura más ágil y complementa la pluralidad en la percepción de las rencillas familiares. Además, nos aporta lo mejor en sus cierres y empuja a seguir construyendo. Una trama que no destaca por su originalidad tanto como por esa carta elaborada a la hora de narrar. 

Reunión en el restaurante Nostalgia es una fuente de viandas colorista y agradable al gusto pero sin explosiones en las papilas gustativas, ni en el sistema emocional. Coloca muchos cubiertos útiles, los detalles cotidianos en la vida de esta familia, el crecimiento o el paso hacía la vejez, el tono medido para no caer en sentimentalismos ni azúcares añadidos, incluso el punto de comedia de enredo bajo un drama en toda regla, el postre lo ponen venganzas, enquistes de lo no expresado y el final un adorno que paladeo sobrado. 

La pata coja de la mesa es el regusto agradable de la historia que permanece pero que tuvo una falta de chispa para conectar, esa que hace importante a sus personajes. En este caso me ha faltado entrar hasta la cocina aunque como entremés estuvo bien. No deja de ser esta mi sensación personal, como paladares hay múltiples no puedo dejar de recomendarla sin ser honesta en mi advertencia, ni corta en sus virtudes. Ahora me despido, me llaman para cenar. 

PD: El título prometía

"Pensó en como hacerlo: los reuniría alrededor de ella en el sofá, a la luz de la lámpara, después de cenar. "Hijos míos -empezaría decir-. Hay algo que debéis saber." Pero no podría continuar, era capaz de echarse a llorar. Y era impensable llorar delante de los hijos. Ni delante de nadie. ¡Ella tenía su orgullo! No era una mujer serena; a menudo perdía los estribos y cruzaba la mejilla que más a mano tenía, o decía cosas de las que luego se arrepentía; pero, gracias a Dios, no era propensa al llanto. No se lo permitía. Ella era Pearl Cody Tull, que había salido de Raleigh triunfal del brazo de su nuevo marido y nunca había mirado atrás. Ni si quiera en ese momento, contemplando el reflejo de su cara tensa y avejentada en la ventana de la cocina, lloró." 
Anne Tyler (Reunión en el restaurante Nostalgia)

jueves, 5 de junio de 2014

#34 Cajón desastre... café...


Acabo de sentar y me inunda el trabajo. Un pelo, señores, un pelo, prendido de la lámpara, esta que es de mimbre, colgada para crear un ambiente intimista, se suspende a mitad de la mesa, el cabello se balancea, embobada lo contemplo. 

Buenas ¿lo de siempre?
Sí para  no variar.

¡Cati! Sombra doble.

Es largo, melena, color castaño ¿será tintado? Probablemente, brilla demasiado, pensándolo bien… quizás sea de una muchacha, de joven el pelo brilla. No. Va a ser la luz, la que viene de la puerta, hoy no se está mal, tendría que haberme sentado en la terraza. Si lo hubiera hecho no tendría la prueba incriminatoria. Esa que dice, Juana estuvo aquí. Los análisis despejarían toda la gracia. He decidido que mejor sea Mariana. Allá voy.

En servilleta. 

Mariana es una mujer de mediana edad, con tres hijos y un marido holgazán. Se levanta temprano entre semana para preparar a los niños, los gemelos y el primero. Está rodeada de varones, ella siempre quiso una nena pero ahora no quiere nada. Ligadura de trompas. Con las que coge su marido ya tiene bastante. Los arregla en un pispás, lo bueno de que sean chicos es que se ahorra los peinados, ni trenzas, ni colas, ni coco, ni moño; agüita y andando. Anoche el buen señor se quedó hasta las tantas, no despertará del sopor etílico hasta medio día. Coged las mochilas les dice, marchan. Unos minutos de camino, aula matinal y sobra el tiempo justo antes de ir a limpiar portales. Entra en el bar, pide café doble, no tiene hambre, desde pequeña le da ansía comer tan temprano. Fantasea con otro tipo de vida, le gustaría ser cantante. El hilo musical le trae a Sabina. Ahoga sus sueños en el culo del vaso, se ha esfumado el café  y toca irse, con prisa se levanta, un pelo queda prendido en la lámpara de mimbre, no le dio tiempo de hacerse la cola, ella sí tiene que peinarse, lo hará mirando su reflejo en algún ascensor.

Aquí lo tienes, cafelito.
Gracias Joaquín.

Podría ser Mariana pero no. En la actualidad se borra toda la fantasía de mis hallazgos. Tomo pelos con pinzas, los introduzco en bolsas asépticas, me los llevo al laboratorio, pasarán por el portaobjetos, los observaré al microscopio. Las pruebas de ADN arrasarán mi imaginación, sabré entonces que ese pelo pertenece a la vecina del quinto izquierda, una auténtica maruja. No puedo asomar a tender la ropa que ya está haciendo preguntas, peor que el inspector cuando salga debo comprar azúcar, ayer vino y me dejó sin existencias, quería hacer un bizcocho para los niños, esa jauría de pequeños glotones. No entiendo cómo le restan fuerzas para entrometerse en la vida del bloque, como si en casa no tuviera bastante. El pelo me la recuerda, tiene todas las papeletas.

—Cóbrame Joaquín, llego tarde.

Y eso que estoy al lado de la comisaría. Parece que han puesto las calles y también parece que Mariana no es la única que ahoga sueños en el café del desayuno.

martes, 3 de junio de 2014

Reto Escritoras Únicas: Emily Dickinson

Este mes ocupa el puesto de escritoras únicas Emily Dickinson, autora de la que se ha escrito mucho por sus elecciones de vida. Empezando por la desaparición de casi todos sus documentos personales, escasas imágenes de la poetisa han sido avaladas por los expertos.

Nace un 10 de diciembre de 1830 en la medianoche, su padre era un abogado culto y austero además de miembro del congreso y Tesorero del Amherst College, fue precisamente en la academia de Amherst donde estudió Emily y posteriormente en un seminario en Massachusets, criada bajo una educación calvinista estricta antes reservada sólo para varones. Con su madre nunca se sintió ligada emocionalmente y fue la segunda hija de tres hermanos, siendo el mayor Austin y la menor Lavinia.

Tuvo clara su vocación y la asumió a conciencia a partir de los veintitrés años. Poco después, nadie, quizás ni ella misma, percibió que la joven Emily espaciaba sus contactos con el mundo exterior. Un ánimo cada vez más retraído fue haciendo mella y sus salidas reduciéndose hasta prácticamente la totalidad alrededor de sus treinta. Un aislamiento que en ocasiones no le era suficiente y dentro de la casa paterna también llegó a buscar los espacios más recónditos para recluirse.

En este tiempo y hasta el final de su vida, ocupó buena parte en la lectura de autores como Shakespeare, Keats o las hermanas Brönte. Lo más visible de este cambio también se reflejaba en su atuendo, ocupando el blanco de sus vestidos el color para el resto de su vida.




Retirada en la casa paterna su vida se tornó monástica, dedicada a labores hogareñas, a la escritura y anotaciones que ocultaba en sus cajones. Parece como si la exclusión del mundanal gentío se hubiese apoderado de ella y solo mantuvo contacto por medio de cartas. Entre estas destaca la correspondencia mantenida con el también escritor Thomas Higgison, el cual le aconsejó no publicar su obra ya que contravenía las convenciones de la época. Por el contrario, la novelista Helen Jackson insistía en que sí lo hiciera. Este hermetismo llegó a impedirle asistir a los funerales de su padre en 1874, ni de su madre nueve años después.

Las causas de su reclusión se sitúan en conjeturas, algunas aluden a su extrema sensibilidad, timidez, mal de amores, epilepsia, incluso cierto tipo de fobia o a una profunda depresión. Lo cierto es que un halo de misterio rodea la figura de la autora siendo múltiples las pesquisas sobre su biografía y muchos enigmas aún por resolver. Llegó a afirmar: Trabajo en mi prisión y soy huésped de mí misma.

Existe mucha habladuría respecto a sus amores, e incluso se le atribuye algún hombre casado. Una de las relaciones más destacadas fue con un pastor presbiteriano, Charles Wadsworth, vínculo tormentoso, a distancia y que la hizo centrarse en su poesía en busca de cierto refugio y que llega a producirse por una de sus escasas salidas en compañía de su hermana a Washington (era tratada de la vista).

Fallece a los 55 años (15 de mayo de 1886) por causa del mal de Bright (una nefritis crónica). Tras la muerte su hermana Lavinia descubre entre sus pertenencias cuarenta volúmenes inéditos con más de 800 poemas, en vida solo verían la luz cinco de ellos. Entre esos escritos curiosamente muchos se encontraron en trozos de papeles, sobres usados o la parte de atrás de recetas médicas. 

Lavinia quemó toda su correspondencia y los poemas quedaron a cargo de la esposa de su hermano, la disputa de hermana y cuñada sobre la edición y publicación de estos fue larga. Todo lo demás, incluso cualquier retrato de ella, fue objeto de desaparición.

Encumbrada su poesía a niveles de escritores como Edgar Allan Poe o Walt Withman, los expertos subrayan el valor intelectual de su poesía creando un lenguaje a la vez metafísico y emotivo. Abundante y desigual producción donde destaca la concisión en sus poemas, se han catalogado según temáticas y destacan los escritos en torno a el tiempo y la eternidad. 


De ella dijo Jorge Luis Borges: "No hay, que yo sepa, una vida más apasionada y solitaria que la de esa mujer. Prefirió soñar el amor y acaso imaginarlo y tenerlo".

Reto Escritoras únicas. Autoras de mayo:
En Lo que leo lo cuento: Elizabeth Hardwick

lunes, 2 de junio de 2014

Resumen mayo 2014

Esta vez hablaremos de libros en el orden semicronológico de lectura, he cumplido y anotado religiosamente los títulos, así que allá vamos. Modo lectora repelente ON.



Comencé el mes reuniéndome en un restaurante de lo más familiar, bueno, quizás una familia algo agitada, con rencillas, silencios, disputas latentes, etc. Confieso que llegué a ella por haberla visto recomendada por una autor (Martínez Pisón), engalanada con mi traje de noche (el pijama) me dispuse a ir a cenar a: Reunión en el restaurante Nostalgia de Anne Tyler. Una distribución de mesa muy bien llevada, el efecto de su lectura es calmado y aunque apela a las emociones, no terminan de arraigar. Es una entretenida y bien ejecutada historia.



Necesitaba más, algo que me hiciera remover, agitar, tocar con los pies en el suelo y con los ojos bien abiertos, un golpe de realismo en vena. Para tal menester se me ocurrió aparecer en un lugar algo insospechado, un Crematorio firmado por Rafael Chirbes. Decir que es un novelón, es decirlo todo, los objetivos se vieron cubiertos con creces. Ahora bien, sería osado recomendar en genérico una lectura como esta, lenta, reflexiva, de constantes digresiones, etc. como una letanía en decadencia social, es una visión nítida y sin tapujos de la realidad española pero, como digo, no apta para ávidos de acción y sí para quienes son capaces de leer sin pausa pero sin prisas. 


En vista de las circunstancias decidí alternar con una de las novedades llegadas a casa. Esta vez partiría a Norteamerica, con ecos (según dicen) de Steinbeck en Una casa de tierra de Woody Guthrie, autor, cantante, músico folk. Nos cuenta la historia de un matrimonio en medio de unas circunstancias atmosféricas duras, una realidad económica precaria y un sueño, una casa de tierra. El ritmo, la forma y el sentimiento que emana de sus páginas me llega aunque quizás no era tanto como las promesas que había creado en mi mente. 




Después de tanta tormenta de arena decidí irme a países más fríos y uno de mis predilectos en este sentido es Finlandia, con una autora de las difíciles de recordar por el nombre Auður Ava Óllafsdóttir publica nueva novela: La excepción. En comparativa con La mujer es una isla, esta vez me convence más en argumento y equilibrio de prosa y emociones. Es una autora con la que consigo conectar y me da igual lo que cuente, que yo la escucho. ¿Lo malo? Pues que esta vez, después del encantamiento de sus letras di de bruces con un final con incógnitas y sorpresa que no es tan sorpresa. Como me conozco sé que volveremos a encontrarnos pero esto no se hace Auður, no ,no, no.


Convaleciente aún de las historias penosas decidí embarcarme en un thriller de los que están causando sensación en la blogsofera, nada menos que El paciente de Juan Gómez Jurado. Una novela de la que he disfrutado y que me ha sorprendido muy gratamente, veréis, no tenía experiencia previa con el autor, además no buscaba más que lo que nos ofrece, una desconexión por unas horas y la afiliación a sus páginas. Debo decir que todo me ha sonado a peli americana de toda la vida, excepto el final, arriesgado y creo que con pie a charla. Por lo demás, no descarto repetir con el autor.



Después de tan veloz lectura me propuse visitar una biblioteca, esta era breve, estival y muy recomendada. Un tentempié para los amantes de los libros. Una biblioteca de verano de Mary Ann Clark Bremer. Se trata de un conjunto de anotaciones de una joven en un verano tras el fallecimiento de su tío, descubrimiento familiar, personal y de libros, promesa de amor eterno para lectores, sin embargo, esta vez no salí tan feliz. Creo que no he sabido disfrutar esta lectura o que mis expectativas iban por otros derroteros, ya se sabe, el mal común del lector ansioso.



Vuelta a por emociones fuertes, me armé de valor para destapar esta novela, sí, lo reconozco, estaba entre mis pendientes y temidas, ahí va: Tenemos que hablar de Kevin  de Lionel Shriver. Aquí los niveles de angustia lectora alcanzan cotas elevadas, me ha fascinado, sorprendido, horrorizado y en definitiva y a lo importante, removido este lectura como hacía tiempo no pasaba. Tremenda. Cerrar un libro y decir ¿y ahora qué?. Fidelidad a la autora y deseos dignos de estudio para seguirle la pista. De esta novela, como sabéis, hay película que no sé si quiero ver, de momento.




Aquí hubo algunos comienzos prometedores y me dejé llevar a pie de estantería por la corta historia de Wakefield de Nathaniel Hawthrone, es de las que disfrutas de principio a fin y recomiendas porque entra dentro de lo accesible para cualquier lista de lector compulsivo. Indiscutiblemente, merece la pena. 

Por el mismo sistema, regreso a la novela gráfica, esta vez premiada y toda una sorpresa para mí. Empecé ojeando y me la leí en dos sentadas como aquel que dice, me ha gustado mucho Come prima de Alfred, soy de quienes leen viñetas y esta será de las que recomiende a quienes también lo hacen o quieran iniciarse. La historia es de dos hermanos que después de estar separados por un tiempo se reencuentran y hacen un viaje a su Italia natal, en la travesía pasado y presente terminan dibujando muy buena sensación lectora. Genial.




Estas dos querían ser un paso para dejar atrás a Kevin y su contundencia, ahora bien, sin contar con que alguien me dijera que tenía un Bunker y cayese de nuevo en las redes de una novela sobre un aparente chico malo. Esta vez hablamos de Little boy blue de Edward Bunker, un niño que va de una a otra casa de acogida, al reformatorio y por todos los sistemas de modificación y condena ente menores que delinquen. Toda una sorpresa la de este autor (al que no conocía y qué encarna precisamente las circunstancias que la novela refleja). Sí, debo decir que repetiré con Bunker en sus bajos fondos. 



Despejando ya el camino a junio, nada como una lectura amena, refrescante, divertida, sí, estaba algo estresada y me decidí por leer Diario de una ama de casa desquiciada de Sue Kauffman a ver si hermanábamos algo. Me lo he pasado pipa, tiene alguna puntilla que hacerle pero me ha sacado de la papeleta y la sonrisa. El argumento versa justo sobre lo que titula, una ama de casa sale del quicio aparente de su vida acomodada, echando con ingenio y agudeza más de una observación sobre la superficialidad que la rodea. 




Cerrando mes, me topé por casualidad con este libro de segunda mano y fue leer su primera página y saber que no tardaría. Hablo de El color púrpura de Alice Walker. Otra especie de diario aunque de formato epistolar donde su protagonista nos habla por las claras de la situación de ser mujer y negra en la América de hace unos años. De nuevo tengo que decir, lectura muy recomendable, sí, lo sé, no paro de dar carta blanca, verde y ¡no lo dejes atrás! no es culpa mía ¡son ellas! (las novelas).

Todo esto parece dibujar un camino, el que atravieso a ritmo lento de otro de mis pendientísimos que deja de serlo. Por el camino de Swann de Proust, lectura que ha ido lenta pero segura. Creo que en este caso no hace falta que hable de si es un a tener en cuenta. Aún por terminar, menciono que ha ocupado buen parte de mi mes de mayo, alguno más hace también de tránsito hacía junio. 





Esto ha sido el mes, por supuesto me he saltado los órdenes establecídos, no hubo espacio para alguna autora del reto pero no hay lamentos porque hubo satisfacción lectoril y he sacado pendientes de los estantes, cosa que se agradece. Además ha caído alguna reseña más que meses atrás y aunque no le dedico tanto tiempo al blog y voy con la lengua fuera a casi todo, sí puedo decir que vamos hacía adelante. Seguiremos informando. 

miércoles, 28 de mayo de 2014

Un monstruo viene a verme (Patrick Ness)

Un monstruo viene a verme (Patrick Ness)
Editorial Debolsillo
128 páginas

Las historias tiran de historias y conectan. Los monstruos no siempre son tan malos tipos, sino que se lo digan a Triky -dejando galletas y peluches azules aparte- esta, la de hoy, es la historia, de la historia, que nos descubre una autora: Siobhan Dowd. 

Al menos a mi, hasta la fecha de lectura me resultaba una escritora desconocida (disculpen la ignorancia), busco su semblanza y me encuentro con cuatro títulos publicados y entre otras pinceladas de su vida, la promoción de la lectura infantojuvenil en contextos de bajos recursos, que fallece de cáncer de mama y que según comentan poseía gran talento narrativo. 

Además de sus obras dejó lo que yo suelo llamar un germen. Dos personajes, una premisa y un inicio. Actuando como íncipit o el érase una vez de Patrick Ness, él mismo nos cuenta en un emotivo prologo este detalle, nos insta a leer a su admirada autora y  propone: "Y ahora ha llegado el momento de pasarte el testigo. Las historias no terminan con los escritores, aún cuando sean muchos los que tomen la salida. Aquí tienes lo que se nos ocurrió a Siobbhan y a mí. Así que, adelante. Corre con ello.
Métete en líos." 
Y ante semejante invitación, decidí dejarme visitar.

Qué viene el monstruo, qué viene el monstruo. 

Un niño se asustaría, Conor no, una noche a las 00:07 aparece en su habitación y con toda la serenidad le dice que se vaya. Vale, tiene trece años, racionaliza la situación, se recuerda que los monstruos no existen, realmente lo que da miedo son las pesadillas, o mejor dicho, la pesadilla, esa que lo despierta con pánico y las tripas encogidas. Pues vale, ven a por mí. Eso es de lo primero que le dice y el monstruo se hace grande, el monstruo amenaza pero a él hay cosas que le dan más miedo. Aquí está la clave. 

Una preciosa historia entre la fantasía y la vida real, la del monstruo y el niño que pactan. En esas visitas habrá tres historias y tras la última será Conor quién deba contar la suya. Acepta, porque le conviene y el lector sigue tomando del suelo las bayas rojas del tejo. En una recolección particularmente sencilla y simbólica, donde el árbol del jardín asume la metáfora. Habrá desenlace, será previsible, también sentimientos y deseos de saber más. 

-Fantástico -dijo Conor- otra historia cuando están pasando cosas más importantes,
-Las historias son importantes -dijo el monstruo-. Pueden ser más importantes que cualquier otra cosa si portan la verdad. 
-Escribir la vida. -dijo Conor amargamente entre dientes.  

Escribir la vida, me repito, porque esta es una historia para todos, una de esas lecturas donde hacer la excepción que confirma la regla, depositar nuestra fe en que las historias salvan, al menos un poco, la vida, poner de nuestra parte y dejar tapujos a un lado. Absorber y embaucar, esa es la promesa, por unas ciento y poco páginas ¿quién no se dejaría?. Si escogéis la edición de booket, un plus añadido, las magníficas ilustraciones de Jim Kay recrean la atmósfera que en frases breves, diálogos frescos y mucha fuerza narrativa, nos atenaza. Además, se confirma que habrá película

Como ya he dicho alguna vez, me dejo seducir por la literatura juvenil de vez en cuando, hacer inmersiones de este calibre me supone una conexión con aspectos que los adultos a veces olvidamos, me gusta la sensación y como hablaba de historias, con historias acabo. Los grandes contadores empezarían, digo yo, con los cuentos y los cuentos son historias, las historias son vida y...

"Tu vida no la escribes con palabras -dijo el monstruo-. La escribes con acciones. Lo que piensas no es importante. Lo único importante es lo que haces."

Y yo, cuento libros.