jueves, 21 de julio de 2016

Los clásicos son para el verano

¿O no? Eso me preguntaba el otro día. 




Las expectativas cumplen la función de hacernos idea, preparar el cuerpo, anticipar, "por si acaso tal", en definitiva, nos adelantamos a lo que está por venir. Ahora bien, si algo se le da de lujo a las expectativas es incumplirse. Son así, les gusta sorprender. De eso quiero hablar de expectativas y aciertos. 

En estas fechas me he ido topando con distintos artículos sobre lectura veraniega. Algunos nos recuerdan que la cultura también es para el verano, nos hablan de cine al aire libre, de conciertos, de teatro, en definitiva de todas las opciones que el buen tiempo facilita, inclusive la lectura estacional; otros se ponen agoreros y señalan los datos del CIS: el 40% de los españoles no ha leído un libro en los últimos doce meses (catastrofismo aquí). Algunos renuevan la cantinela de que si hay una canción del verano también debe sobresalir un bestseller y entre las miles de recomendaciones encontramos listas variopintas como esta, la rescato por hablar de tres grupos de libros, los que me interesa comentar en este post: 

Superventas, rarezas y grandes obras literarias. 

Superventas: Se incluyen apuestas a caballo ganador, libros de autores reconocibles y reconocidos en este ámbito, historias de rápida ingestión y largo olvido, la continuación de... con sus fajas correspondientes, su enganche visual y su objetivo claro, entretener y hacer de la eterna tarde de verano una corta estancia en el sofá (o que te recalientes sin darte cuenta hasta el siguiente chapuzón). 

El lema es: Lector ocasional, si lees un superventas aciertas pero haz el favor y lee. 

Rarezas: Es univoco, el que es raro durante el año sigue siendo raro bajo sombrilla. Cierto es que el discurrir neuronal se enlentece en estas fechas pero no hay de otra, si no es algo sesudo por lo menos que sea raruno. 

Lector raruno, no te vayas. Acierta y lee. 

Ilustración de Frenando Vicente en Babelia



Grandes obras literarias: Aquí quería yo llegar, este verano, una vez más, se insiste en la lectura de clásicos, en que es el momento para leerlos, que los grandes tochos (entiéndase como libros gordos de Petete) y las grandes obras (esos que deberías leer al menos una vez en la vida) encuentran cabida en estas fechas, que es el momento, que lo leas ¡YA!. 

Lector indeciso, te explico, clásico=acierto. ¡Lee! 









Podemos concluir que en verano nos animan a zambullirnos y nos prometen disfrutar, pero no hay fórmulas, nada garantiza que vayamos a dar con nuestro libro ideal (aunque exista una app). Tan solo contamos con dos evidencias: para cubrir expectativas habrá que probar y para acertar habrá que leer. Así que... ¡al agua! 

PD: Se incluirían más tipos de lecturas para el verano pero por cuestión espacio-temporal lo dejamos en esos tres grupos, la cuestión es que busquen, lean y sobre todo recomienden.

lunes, 18 de julio de 2016

Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café (Isaac Pachón)



Lo que puede dar de sí un café, ¡señor!. Me tocó este libro en un sorteo organizado por Serendipia. La afortunada ganadora de un ejemplar digital, esa era yo, para luego pasar a la sorprendida lectora de un libro de relatos y microrelatos.  

Cosas... 

Inician una dedicatoria y una disculpa, a Saint-Exupéry, a su manera y a los jóvenes. Continúa una introducción, se nos resuelve la primera duda, el porqué se titula Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café y con curiosidad lo remata un prólogo, ¿esto qué es? una gran complicidad, al menos así lo parece, al menos así me llegó este abrir de boca. Lo siguiente era empezar. 

Escribir

Me ha gustado, así, en genérico. Lo que más valoro de este libro es el sello personal. El autor consigue hacer cómplice a quien lee no solo de sus historias sino de la visión. Por eso aplaudo. Por eso y porque lo empecé curioseando y terminé buscando el lapso para continuar (no me gusta leer los relatos seguidos). 

Café

Hablando en los términos, si es café para mi está azucarado pero como en todo, hay gustos, y da igual que lo tomes solo y amargo, consigue embaucar y como digo, por eso aplaudo, dejo la taza y leo, dejas el vaso y sigues. Lo sé, soy reticente, descreída, poco dada a dejarme llevar pero aparco mis opiniones para dejarle que cuente; puede que no pensemos lo mismo pero disfruto, tiene su aquel y suena hasta bien, hay musicalidad. 

Hasta que se enfría

La cuestión es que son bastantes, 28 y cuando pasas los primeros quieres más y acierta en el orden porque convencen pero luego te vuelves exigente y ya no te sabe igual. Digamos que en el compendio no todos llegan al mismo puerto, lo bueno es que cuando atraca vuelve a brillar y que cierra con nuevas historias para colgarlas en marco. 

En resumen

Pachón utiliza gestos cotidianos, salva momentos anodinos para hacerlos emblemáticos. Consigue en pocas líneas y sin grandes florituras ubicar al lector y querer la compañía de sus personajes. Habrá de toda clase y condición, también algún comprimido de fórmula más corta. Lo hará con espontaneidad, con frescura, haciendo que todo cobre sentido cuando termina. 

Por finalizar

Estamos en fechas estivales en las que la gente pide el pie de playa, el borde de piscina, el café con hielo o al menos que todo pase como si no pasara, simplemente disfrutar. Pues bien, este es un buen libro para ello. Arranca alguna sonrisa cómplice, hace algún guiño sutil, le da sentido a enigmas del día a día. Por pedir, hubiera pedido que todos me llegasen por igual pero no he contado con esa suerte, tampoco es, ni mucho menos, decepción. Ha sido una grata compañía y una sorpresa leer estos relatos. Creo que harán las delicias de más de un lector. Me quedo con algunas de sus historias como Cruda irrealidad, La escalera, el genial Bellini, el tributo de Los libros que no quiere nadie y la pérdida de la realidad de ese Loco pero en lugar de Punto y final, pediría punto y seguido para saber que más nos tiene por mostrar Pachón, qué más se le puede pedir a un café. 

"Hay que estar muy loco para saltar desde siete metros al mar sin pensar en como será la caída. Muy loco para tatuarse un dragón alado en la espalda sin miedo a arrepentirse o al que dirán. Muy, pero que muy loco para no ser consciente del peligro de enamorarse y desenamorarse. No hay que estar muy cuerdo, no." 
Isaac Pachón (Cosas que escribí mientras se me enfriaba el café)

viernes, 15 de julio de 2016

#41 Cajón desastre: Drama lector

Pinterest me ha tocado la fibra: 


he visto esta imagen por la red. 



Twitter me permite compartirla 


Facebook me pregunta en qué estoy pensando, intento decírselo pero lo complica. 

Pretende que escriba a renglón seguido todo lo que me provoca, 

escribir en una línea 
de cuadro de texto 
una frase que se extiende 
y extiende 

para que, 

cuando al fin consigo expresarlo, 
me diga....

no carga. 



Pues bien, aquí estamos, me toca hablar: 


Me siento---- 

 plenamente identificada e injustamente tratada por el servicio recibido en la puerta de acceso a la existencia y por ello pido, ¡qué digo!¡Exijo! el libro de reclamaciones y... ya que están.... [mirada tímida al suelo] si tienen algo por ahí de Chirbes, Murdoch, K. Dick, Williams o alguna lectura tipo.... realista-introsoectivo-psicológica o una buena novela negra o una historia que sorprenda, con algún personaje memorable o en fin, dos vidas y un destino, con eso, palabrita, me conformo, póngale un lazo y para llevar. Muchas gracias y buen día.



Mínimo intentarlo

martes, 12 de julio de 2016

El último vuelo de Poxl West (Daniel Torday)


Y parte de mis historia se convirtió en una historia de remordimientos, una historia sobre las injusticias que había cometido, no en el campo de batalla, sino en mi vida personal.
Empiezo la reseña con esta cita, empiezo con un fin, se trata de la vida de dos personas, podrían ser el adulto y el joven que se representan en la portada, podrían ser  el abuelo y el nieto, el tío y el sobrino o podría descartarse el parentesco y afirmar que los vínculos no siempre responden a tener un lazo sanguíneo, hablamos de Elijah Goldstein y el tío (abuelo-amigo, escritor y piloto) Poxl West

La novela la introduce un prólogo de Elijah un día de enero de 1986 cuando tío Poxl está por casa contando otra de sus historias, justo antes de que la publicación de sus memoria suponga un boom mediático. El libro intercala las intervenciones del adolescente con esa supuesta obra publicada. Escrita en primera persona, estamos ante una novela a dos tiempos y con la percepción de los hechos por los dos personajes mencionados. 

Con Poxl iniciamos en 1938, atisbamos parte de su juventud, la relación con sus padres y el peregrinaje que recorre  hasta considerar que está en el lugar correcto. En medio habrá amor, relaciones y personas que dejan marca. Nos traslada desde una pequeña ciudad de Checoslovaquía, su tierra natal, a Amsterdam y después a Londres. Estos desplazamientos no los motiva exclusivamente la incipiente guerra, este personaje ni si quiera parece inmerso en el contexto sino solo en su propia realidad. Alguien que madura a su ritmo y cuyo pasado lo determina hasta bien alcanzada la edad adulta. Como digo, la contienda está de telón y en la segunda parte de su memorias es donde más palpable queda, cuando se enrola a pilotar y disparar sobre terreno contrario, cuando siente que hay una venganza que aligerar. De todo ello solo queda insistir en que la batalla es interna. 

En definitiva, Poxl es imperfecto y a Elijah le cuesta llegar a percibirlo como el ser humano que es. Acompañamos el proceso de darse cuenta del chico. La cuestión esencial es ligar el mito con la objetividad, aceptar que parte de la visión que tenemos de los otros no es responsabilidad de quien lo cuenta sino de quien lo asume, en definitiva aceptar al otro tal cual es. Esta parte de la novela es la que me ha gustado descubrir, el como los relatos ajenos y las historias pasadas nos absorben el imaginario. La realidad como paso necesario hacia la madurez.  

Se trata de la primera novela de Torday pero el autor ya cuenta en su haber con publicaciones en revistas y una nouvelle previa, además es alguien volcado en la literatura, en su enseñanza y aprendizaje. No es de extrañar por ello que aderecen esta novela algunas referencias literarias y cierto tributo a Shakespeare, porque en eso se asienta, en como encauzamos la vida propia, en como subsistimos a partir de la historia ajena encajada con la nuestra. 

La propia existencia se convierte en un intento de eludir el dolor a cualquier precio, cuando desde el comienzo esa experiencia ha sido la sirena que nos informa de que estamos interactuando con el mundo ya de entrada. ¿Y acaso no es eso la experiencia del nuevo amor: saber que una vez más puede desembocar en el mismo dolor que causó la última vez? 
Daniel Torday (El último vuelo de Poxl West) 

martes, 5 de julio de 2016

El vigilante (Peter Terrin)


Desde que leí la primera reseña de este libro me llamó la atención. Mi idea era la de dos guardias encerrados en lo que parecía un garaje (a juzgar por la portada). Me imaginaba algo un poco claustrofóbico, eso unido a que en el aparcamiento de las películas no suele suceder nada bueno. Con esas en mente me introduje en El vigilante.  

Michel es quien nos guía por estas profundidades. Diría que tenemos cuatro frentes abiertos para la curiosidad del lector: 1. Los residentes del bloque donde trabaja, pisos de lujo con vecinos acaudalados y distinción de clases para hablar del servicio que los asirte, de sus costumbres y de sus propios ascensores, y por supuesto con quienes ni Michel, ni su compañero tienen permitido hablar; 2. La organización, una entidad que supone para el protagonista el eje principal para tomar decisiones, adoptando un supuesto código de conducta y casi moral, esta organización les envía el aprovisionamiento y poco más; 3. Harry, su compañero, alguien a quien conoceremos por sus actos y palabras, que comparte con el personaje principal los mismos desasosiegos y aspiraciones; y 4) la información o debería precisar, la desinformación. Accedemos a este sótano pensando en gente que realiza su trabajo como si tal cosa, con los parámetros habituales de cada día, sin embargo, algo sucede fuera, algo que el autor deja a la imaginación del lector, en la peor de sus cavilaciones, insinuando enormes catástrofes. 

¿Sabéis de ese tipo de dinámicas de grupo en que ponemos a un puñado a pensar que se llevarían a una isla desierta, un bunker o para surcar el Atlántico? Generalmente se facilita un listado de objetos posibles y escogen, pues bien, aquí no hay opciones, ese parece el gran problema. Tienen lo que tienen, entre otras cosas, armas también. Artilugios que imprimen más peligro a la situación o más sospecha de que esto no puede finalizar en paz. 

Ante este panorama la propuesta es ver que hacen dos personas aisladas en un sitio que cada vez parece un exangüe cubículo. Para la mente del lector está la salida fácil, huir, pero como decía, no sabemos que ha pasado fuera, dependemos de otros para nuestra subsistencia y para colmo de males nos han inculcado una estricta disciplina y normativa de actuación. Se masca la tragedia. 

Me ha asombrado la capacidad de Terrin para hacer de Michel un observador sagaz y para reflejar el lenguaje interno del personaje, las disertaciones de mayor o menor lucidez que atraviesa. Hay momentos en esta novela en que no es tanto el espacio donde nos encontramos sino esa mente lo que nos hace sentir comprimidos. Perdemos un poco la ubicación, el norte y la brújula. Para volver a orientarnos  la novela se divide en tres parte que se agradecen para tomar un aire. Presenta 185 fragmentos correlativos de extensión variable, esto dota de gran agilidad al texto. A su vez, Terrin, utiliza un lenguaje muy descriptivo, preciso y repleto de metáforas. Hay una escena que tratándose de una película estoy casi segura que no hubiera visto en un acto de repulsión y cobardía. 

Me encantaría hacer conjeturas sobre el personaje de Harry e incluso sobre la cordura de Michel pero no es de recibo ir destripando novelas. Puedo concluir esta reseña diciendo que es una lectura fácil de leer en su exposición pero a desentrañar en su contenido. He leído todo tipo de interpretaciones, e incluso, al final, se recogen unas breves líneas a modo de misión del texto. Sea como fuere es de esos libros que cierras físicamente y abres mentalmente, una novela que yo llamo rumiativa. Una obra que deja frentes abiertos y un espacio a rellenar. Michel escoge y el lector tiene opciones. 
"Dice que lo que se exige a los vigilantes es sobrehumano: no hacer nada, esperar y mantenerse alerta. Una tarea prácticamente imposible. Se da por hecho que repelerán cualquier ataque. Si no ocurre nada, parecemos superfluos, incluso un estorbo. La gente nos toma por unos idiotas con pistola, peones intercambiables. Ellos (señala hacia arriba, hacia los residentes) no tienen ni idea. Se creen muy importantes, pero son pompas de jabón que sin nosotros estallarían a la mínima. Aquí (señala el hormigón entre sus pies) está le mundo real; él y yo, dice, estamos en él hasta el cuello." 
Peter Terrin  (El vigilante)

martes, 28 de junio de 2016

El pony colorado (John Steinbeck)

 
 
Me gusta Steinbeck, suena a obviedad, lo contrario se me hace casi imposible, es decir ¿a quién no le gusta? Vale, vale, ya sé que para gustos colores y tonos existen muchos. La cuestión es que para mi es apuesta segura, no lo digo tanto por lo que venga a contarme, que bien, si no por como viene a contarlo. Este es el caso que nos ocupa, un libro que no llega a las ciento cincuenta páginas en el que conocer algunos retazos de vida de Jody Tiflin, un niño de diez años.
 
Para ello abre la lectura un prólogo firmado por José Luis Piquero que nos recuerda el peso y ejemplos de libros iniciáticos, porque de eso versa, de partidas y llegadas, de niños que dejan de serlo para comenzar ese otro momento en el que la ingenuidad se esfuma. Nos advierte que se trata de un volumen de relatos pero debo aclarar que no dejan de ser historias interrelacionadas que podrían entenderse como continuidad, en total cuatro. Al paso.
 
El regalo se centra en la llegada de Gavilán , un pony colorado que insuflará de energía y responsabilidades al pequeño Jody. Steinbeck nos introduce en el rancho de los Tiflin, conociendo a una madre atenta, un padre intolerante a la debilidad aunque no por ello menos vulnerable y a Billy Buck, un bracero que allí trabaja y que desempeñará un papel decisivo en este relato. Como digo, esta primera historia supone rasgar la ingenuidad infantil y dar un paso decisivo en el camino hacia ser adulto. Claro está, es un aprendizaje y estos muchas veces vienen acompañando de lecciones algo difíciles de asumir. Al trote.
 
Intercalado, Steinbeck nos habla de Las grandes montañas, Gitano viene desde lejos para infundir promesas donde habíamos instalado la pérdida. Sin embargo surgirán desavenencias sobre todo por parte del padre, ese que se nos muestra receloso pero también protector. La cualidad del extraño es proyectar en Jody algunas preguntas de tintes esperanzados.  Quizá encuentre algo más allá, quizá también se relacione con el título de la tercera historia. La promesa. Al galope.
 
A nivel simbólico este relato nos retorna al punto de partida, si existen las segundas oportunidades esta puede ser una tan buena como otra cualquiera. Termina con algo más de vida pero con la desazón que festeja. Steinbeck vino a vislumbrar los sinsabores de hacerse adulto, todo tiene precio, incluido el de creer que las promesas se cumplen. Impresiona la brusquedad pero sobre todo recrea la imagen del pago y el como a veces, por cumplir nuestra palabra, llegamos a adoptar medidas drásticas.
 
Algo desangelados salimos para conocer a El guía de la expedición, si nos hemos centrado en ese paso niño-adulto, en este tapiz se nos dispone la vejez, con su ternura y soledad, sus tiempos memorables pero sobre todo con la negociación de la propia historia. En mi opinión el más bucólico de todos y el que nos invita a cerrar el libro con la amabilidad como reconciliación con la vida.
 
Lo decía al inicio, leer a Steinbeck es placer, este conjunto inclusive. Por tener una comparativa, este libro me recuerda a los pasajes más bucólicos de Al este del edén pero a la precisión de De ratones y hombres aunque con menos fuerza en su desenlace y más arrullo al que regresar, para mirarse,  sabiendo que la vida está en movimiento.  
 
Una lectura en el valle de las Salinas, no falla,  con su naturaleza humana para atisbar al hombre que suscribe, ya que contiene retazos autobiográficos. En definitiva, para disfrutar de esa cadencia y buen hacer tan característica del Nobel.
 
—No hay donde ir, Jody. Todos los sitios están ya cogidos. Pero eso no es lo peor… no, no es lo peor. La pasión de ir hacia el oeste ha muerto en las personas. Ir hacia el oeste ya no es un ansia. Ya se ha acabado. Tu padre tiene razón. Se ha terminado —entrelazó sus dedos en la rodilla y los miró.

Jody se sintió muy triste.

—Si usted quiere un vaso de limonada yo se lo haré.

El Abuelo estaba a punto de rehusar cuando vio la cara de Jody.

—Eso sería estupendo —dijo—. Sí, sería estupendo tomar una limonada.

 John Steinbeck (El pony colorado)


martes, 21 de junio de 2016

Los ángeles de hielo (Toni Hill)


Aquí viene otra reseña de Los ángeles de hielo. Por lo poquito que he asomado a blogs es un libro que deambula bastante. Bien, primero decir que se trata de la primera novela de Toni Hill que leo. Fue inevitable sucumbir si, como es mi caso, dos amigas se ponen a comentarlo vía whatsapp haciendo caso omiso a tu presencia (vale, en su descargo decir que spoilers no hubo). La cuestión es que ambas estaban tan encantadas que me picó la curiosidad. Por si aquello no resultaba suficiente el autor vino a la ciudad y una de estas viejas amigas (que no, mujer, que eres una pipiola...), encantada con sus otras historias, decidió entrevistarlo. Resumiendo, que fui a la presentación y que me regalaron el libro (gracias, Marina). 

¿Qué nos contaron en esa presentación? Poco, como debe ser para salvaguardar la intriga de un libro de estas características. Como cada cual se queda con lo que le interesa, os cuento lo que me llamó la atención a mi. ¡Resulta que esta obra alberga guiños a Jane Eyre!, una historia que  siempre me ha hechizado. Además está ambientada en una Barcelona con tintes góticos y un pueblecito que... bueno, en cuanto a su argumento os puedo anunciar que no es de una originalidad pasmosa. Voy.

Un edificio se las pinta de enigmático cuanto menos. Dos momentos temporales, 1909 con un colegio para niñas a cargo de Águeda Sanmartín directora y autora de un diario que iremos leyendo;  1916, mismo edificio, distintos huéspedes. Personas aquejadas de algún problema de salud mental. Será un joven psiquiatra, Frederic Mayol, el que cargue con el peso protagonista para esta parte de la lectura. 

El libro está dividido en cuatro partes y cuenta con un prólogo e introducción que nos irán situando. Se compone de distintas voces narrativas de las que prefiero no hablar para las descubráis solitos/as (si es de noche, mejor). Es una novela poblada de personajes secundarios a los que atender para seguir las pesquisas del joven Mayol. Están retratados lo suficientemente como para hacernos idea de su carga psicológica. 

A destacar que Toni Hill recrea muy bien las escenas, originando estampas bastante nítidas de diferentes momentos en la lectura. Para ello se sirve de descripciones que no me han parecido excesivamente recargadas aunque sí detallistas. Me quedo sobre todo con la construcción de la novela y los artificios que utiliza Hill para embaucarnos, se percibe bagaje en el oficio. 

Opino que la mejor parte es el diario de Águeda y cuando terminó de contarnos su versión de algunos hechos me dio pena que no hubiese más. Si me pongo pejiguera añado que la última parte del libro me ha parecido algo más lenta. Como decía algo más arriba la historia no se caracteriza por su originalidad pero el autor oferta bastantes giros en la trama, como para mantenernos en su territorio. Está muy cuidada respecto al uso del lenguaje. 

Se trata de una novela para dejarse envolver, que utiliza algunos de los imaginarios que nos tocan la tecla para engancharnos. Promete unas dosis de desazón e inquietud hasta resolver sus misterios. Una lectura que me ha hecho disfrutar bastante y con la que descubro a un autor al que seguir la pista. 

"—Nosotros ofrecemos consuelo porque no aclaramos nada. Nos limitamos a escuchar y comprender. Ustedes, en cambio, son una pandilla de presuntuosos que están por encima del bien y del mal. ¡Comprenda, doctor, comprenda y déjese de aclaraciones! Antes... —Tuvo que detenerse para recobrar el aliento—. Antes me ha preguntado qué es lo que le afecta al alma hasta el punto de enfermarla. Pues es esto, doctor, exactamente esto. La incomprensión."
Toni Hill (Los ángeles de hielo)